Los cuentos de terror de la bruja del bosque

Los cuentos de terror de la bruja del bosque

Sin duda alguna aquel lugar semejaba a la perfección todo lo que la joven pareja había soñado, una amplia y bonita casa de arquitectura moderna, cercana a la ciudad y colindante con un bello bosque, de altas coníferas, que brindaban el equilibrio perfecto de la vida urbana con la rural.

Los vecinos parecían personas demasiado amables, respetuosas, les dieron la mejor bienvenida y les hicieron sentir como si ese fuera su hogar desde hace ya muchos años, en general, todo parecía perfecto e ignoraron por completo el detalle de que, a pesar de haber personas de distintas edades, entre ellas no se contaba algún niño, ni si quiera un adolescente. Todo esto cambió, cuando los familiares de la pareja empezaron a visitarle en su nuevo hogar y entre ellos podían verse una que otra personita de corta edad.

Al principio la gente del vecindario solo miraba con cierta reserva, alargando las caras, mostrando descontento, podría decirse que algunos hasta evidenciaban miedo, sobre todo, cuando una ráfaga de viento frio soplaba desde lo más profundo del bosque agitando las hojas de los árboles, haciendo que estos danzaran al ritmo de una tonada que en ciertos momentos podía percibirse macabra. El ambiente se ponía denso, tanto como la espesura de la arboleda que no permitía mirar más allá de una fila de pinos, todo lo demás, era oscuridad, más negra que la de la noche misma.

Pronto, los nuevos miembros de la comunidad empezaron a escuchar cuentos de terror de la bruja del bosque, un ente malvado que todos describían con bastante precisión, y los detalles nombrados no eran similares, sino exactos, aunque diferentes personas hablaran de ello, todos decían lo mismo, una mujer alta, delgada, de largos cabellos que protegían su cuerpo como serpientes furiosas, no necesitaba prenda alguna para cubrir su árida piel y aunque su cara no podía verse a través de la melena, el fuego de sus ojos era muy evidente. En cuanto a sus chillidos, erizaban la piel de los narradores tan solo al recordarlos, les revolvía el estómago contar las historias de niños desaparecidos, raptados frente a sus ojos por este extraño ser.

La joven pareja no supo siquiera cómo reaccionar ante estas revelaciones, además, ni tiempo tuvieron para procesar tal información, ya que los amables vecinos, olvidaron compartir el detalle más importante, omitieron decirles que el bosque era solo una ilusión, una pantalla, que se trataba de la bruja misma y su mayor artimaña, posándose detrás de sus casas, acercándose con cautela, tanto que sin darse cuenta, en pocos días tenían ya un par de árboles posados en su puerta trasera, unos árboles bastante extraños, que parecían poseer manos, mismas que se meneaban al compás de los movimientos de algún niño cercano, hasta tomarlo por sorpresa, aspirándolo hacia su interior, para después alejarse rápidamente, volviéndose más pequeño, recobrando su forma natural para marcharse volando, sujetando entre sus garras al pobre inocente, cuyos gritos siguen retumbando en la mente de los presentes hasta el día de hoy.