Leyenda corta el ataque de Carlos

Mis planes para esta tarde eran salir a comer y después dirigirme al karaoke con mis amigos para pasar una velada entre copas y canciones del recuerdo. Sin embargo, como aquello de las cuatro de la tarde, el cielo se empezó a nublar y poco después una cortina de lluvia tapó el paisaje.

Cómo acababa de curarme de una enfermedad respiratoria, creí que no sería prudente salirme mojar, por lo que les llamé a mis camaradas ofreciéndoles disculpas diciendo que la tertulia la dejaríamos para dentro de 15 días. Fui a mi cuarto con la intención de tumbarme en la cama y ver un poco de televisión, pero apenas llevaba cinco minutos viendo una película, cuando un rayo provocó que se fuera la luz.

Encendí una lámpara de emergencia que tengo en la habitación y cavilé un buen rato hasta que se me ocurrió ponerme a jugar algo para pasar el rato. Recordé que un vecino me había contado de un juego muy sencillo que se conoce como “Charlie, Charlie”. Lo único que requieres para invocarlo es de una hoja de papel con las palabras Sí y No y dos lápices formando una cruz.

Preparé todo y comencé a invocar al espíritu de Charlie, preguntándole si estaba en mi habitación y que si le apetecía jugar. Increíblemente ambas respuestas fueron afirmativas. En un primer momento creí que los lápices se han movido por causa del ventilador que se encuentran techo, más me acordé que no había energía eléctrica.

Entre el temor y la curiosidad le seguí cuestionando cosas básicas en las que la respuesta fuera sencilla. Aquello que estuviera en mi cuarto acertó en un 100%. Finalmente le dije que si era un alma bondadosa a la que las personas podían consultar. Enseguida el lápiz de encima movió al “No”.

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Esa contestación hizo que la piel se me pusiera de gallina y que de mi boca saliera la pregunta: ¿Vas a matarme? A lo que una vez más el lápiz se movió, sólo que ahora de forma positiva. Instantes después sentí como si un hierro candente cruzara mi abdomen. Perdí la noción del tiempo hasta que desperté en una ambulancia. Los paramédicos me dijeron que había sido atravesado por un tridente, de esos que solamente se han visto en leyendas mitológicas.