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jueves, 15 de agosto de 2013

Versos

 
 


Catarsis

Veo mi crucifijo; 
mas no logro mirar las monedas que hay en mis manos...
 Contemplo el cielo y veo en él
una constelación de sus mejores estrellas,
y entonces un frío viento me rodea el cuerpo.

Me coloco un anillo
 y caigo en cuenta de que me lo puse al revés; 
 de pronto veo en él, el reflejo del Ángel Rebelde: 
lo veo sonreírme cruelmente.
 
Logro ponerme de pie y lentamente 
doy unos pasos sobre esa fría vereda;
 es ahí que alcanzo a ver la silueta de una llave,
 sobre un pequeño charco de sangre.
Sin perder tiempo la cojo y me dirijo hacia la puerta, 
la misma que misteriosamente se aparece frente a mí.
  La palpo y esta sin necesidad de llave alguna, se abre.

No puedo creer lo que veo.
¡Tanta monstruosidad en un lugar tan pequeño y a la vez  /tan inmenso! 
Reflexiono y me doy cuenta 
de que ingresé a la casa equivocada;
 una casa de la cual quizá sea muy difícil salir. 
Pero sé que alguien murió por mí,
 y me dejó esa llave sobre su sangre derramada, 
para yo poder abrir la puerta correcta.


Junto a ti

Amaneció y como siempre
te pude contemplar en mis sueños
siempre hermosa, siempre bella
casi inalcanzable, para este pobre hombre de cobre
que no hace más que escribir para ti

Sé que en tu corazón no existe
ni siquiera el recuerdo de este sentir...

La verdad es que solo existes en mis sueños
y que estás vigente en ellos

Me dormiré por última vez
y de favor te pido
no permitas que despierte

Quiero entrar en tu mundo y quedarme en él
para siempre, junto a ti.


Escribe: Anthonny Vásquez Yuyarima

Poesía sanmartinense contemporánea

 
 


Poesía sanmartinense contemporánea / Tras los pasos de la poesía de 
Ricardo Josadht

Connie Philipps

Espejismos, realidades, furia, cariño, desamor, alegría, llanto, agonía… Todo eso se concentra en los poemas de la "Antología literaria sanmartinense" (2012), que el centro Cultural Rezistencia ha recogido para el deleite de ávidos lectores; de aquellos que vibran con los versos, para los que dejan desbordar el sentimiento y viven la emoción que enreda la razón y no la deja ser, para bien del alma.

Dieciséis poetas, recogidos en una extraordinaria muestra de la poesía sanmartinense contemporánea, nos subyugan. Encontramos en Carlos Izquierdo una profunda devoción por las aulas y el grito que denuncia la pérdida de la inocencia. En Darwin Córdova, la voz del bosque se convierte en verso de un rotundo llamado de auxilio y de vibrante color que agita mundos raros y sirenas mitológicas. Gavino Quinde nos traslada al olor y la fuerza telúrica de nuestra Amazonia, al susurro de su palabra mágica y a la fuerza vivificante de nuestros ríos. Ethel Linares nos impregna de la energía femenina, de su llamado a la acción. Son palabras de aliento, incitantes, rebosantes de un espíritu libre y guerrero, pero también surge con la voz del cariño que se entrega en infinita pasión. Félix Maquén nos toca el alma al amar y, a gotas, nos estruja el corazón con versos que deslumbran, que rompen todo esquema y resistencia imaginados. Con Vedrino Lozano, el recuerdo de un maestro de las letras nos conmueve, para luego conducirnos, inquietante, en dulce añoranza hasta el amor juvenil, a quien coronó reina de las plantas y del viento. Mas, con juegos de palabras se conjuran precisas, fantásticamente, las líneas de exóticos y expresivos poemas que logran anidar en la pluma de Olande Silva. Daphne Viena nos transporta con delicadeza a la apacible serenidad de la vida familiar y nos envuelve en la tristeza del amor que se ha ido. Entre tanto, la vacuidad de la vida y el funesto momento de la muerte se entrelazan para atraparnos en los versos de Carlos Maktangrunaka; y como un himno a su pueblo, con elegancia y admirable orgullo pinta la belleza de su tierra: Lamas. Luis Alberto Vásquez nos captura en armónicos versos que hacen eco del bosque; de su paz y su riqueza, de su llanto y su esperanza; y humano él, desde el más profundo abismo del hombre: la pena infinita, versa una canción a la tristeza. Y así… todos ellos nos dejan profunda huella de su canto, de su letra, de sus versos vehementes, que con ímpetu nacen del alma del poeta. 

Y entre esas páginas, la poesía de Ricardo Josadht me invita a conocerlo más. Solo ocho poemas, como tenue lluvia, dejan entrever encendidas y sedientas frases concentradas en poemarios inéditos: "Gotas de desierto", "Palabras terrenales", "Rosa baldía". Pero él no está, no he podido averiguar o no he querido por el velo de misterio que trasunta no saberlo, e imaginar dónde estará el poeta, en qué caminos se hallará su creación en la que fluye el amor y la tristeza. 

 
 


En "Rosa baldía" encontramos "Cuando nace la Rosa". Un poema que nos transporta a un momento de creación mística y de poderosa posesión: "Es tu halo quien guía a mis entrañas hacia el pincel; / el pintor no crea a la musa, / la musa crea al pintor. / Y cuando te creas en mí, no hay forma definida, / eres el viento, la arena, el río, el canto, el silencio… ". Con angustiante voz expresa en "El Juicio": "Este es el terreno donde mueren las flores, / este es el lugar donde sentencian a las almas, / donde callan despavoridos los ruiseñores, / y se refugian en silencio, de terror, las palabras", ¿qué será lo que lo lleva al delirio en sus versos? Y continúa con una entrega infinita, fecunda: "No queremos que nos condenen al sufrimiento; / si llegaras a sufrir, Rosa, yo te cambiaría mi Sol, / padecería tu dolor, por sentirte feliz en el firmamento". Entre tanto, en "Rosa celestial" yace una invocación al perdón por no haber podido retener a la mujer amada; es un acto de resignación y de velada imprecación a sí mismo: "Aunque jamás me escuches y jamás me mires, / y aunque jamás sientas mi alma cerca a tu piel, / perdóname, perdóname… no importa el porqué".

Un poema me sofoca y agita el alma. Es un clamor manifiesto, agónico. "En Ansiedad: Sin universo", con profundo dolor y nostalgia clama por la pasión perdida, por la que ya no está: "Se mueren mis ojos por volver a verte, / mis labios se entrenudan por besar tu piel… / Quisiera, amor, en estos instantes tenerte, / para no soltarte… y quererte y querer…". Se desnuda, sincero, con el alma abierta al amor que lo retiene: "A veces, no soy tan fácil de entender… / Te quiero. Y no te quiero tener". Finalmente, doliente musita: "Yo, he tratado de alejarme de tu cuerpo, / pero parezco ser parte de tus huesos. / Si vieras como lloro por ti… y cómo estoy sufriendo… / ¿volverías a mí, mujer?... ¿volverías?". Si escribes, poeta, regálanos pronto un libro que calme la sed de tus versos. Donde estés, donde te encuentres: hazlo ya.

A todos los poetas, gracias por permitirnos disfrutar de su creación. A los editores, nuestro reconocimiento por creer en el talento regional y difundirlo, por arriesgar y trazar nuevos derroteros. La poesía sanmartinense contemporánea se augura extraordinaria, subyugante, comprometida. Quienes la amamos, esperamos muy pronto una segunda antología y para ello necesitamos instituciones que crean en el fortalecimiento de la identidad regional reconociendo y promocionando el talento de nuestros escritores amazónicos. La cultura y transformación de nuestros pueblos va por ahí.// 

Artículos: literatura sanmartinense

 
 


La literatura contemporánea en 
San Martín

Miuler Vásquez González

Debo aclarar que las palabras que verteré a continuación, refieren una apreciación enteramente particular.

San Martín, región de selva alta, comprende una población de diferentes orígenes, cuyo arraigo cultural, dista de la original que debieron tener nuestros ancestros. 

En la actualidad, los ríos avanzan con escasos caudales, las montañas están depredadas, las ciudades llenas de contaminación…, y, por supuesto, las personas han optado por acercarse a nuevos hábitos. Todo esto, en definitiva, ha influido en la literatura de esta parte. Hoy los ojos que miran la selva, ven diferente, ya no con ese misticismo de antaño, tan bien recreado por Francisco Izquierdo o Jenaro Herrera, o basado en esas etapas sangrientas de las décadas de los ochenta y noventa, donde la subversión y el narcotráfico ocuparon buena parte de la historia. No, hoy se yerguen nuevas voces que surgen en un espacio de "todas las sangres"; sin embargo, esto no es malo.

En cuanto a producción literaria, muchos son los textos continuos que se han publicado en la última década, la mayoría de ellos de género narrativo. En menor cantidad, contrariamente a lo que suele suceder en muchos otros lugares del país, la poesía y el ensayo ocupan el segundo plano. Cabe aquí hacer mención, como evidencia, la "Antología literaria sanmartinense", editada por el Centro Cultural REZISTENCIA, compuesta de 33 autores regionales. 

La organización es clave en la determinación de los espacios, ya que mediante esta se promueven encuentros como: ferias, presentaciones, entre otras actividades. Se conoce que existen grupos organizados en algunos lugares como Tarapoto, Lamas, Moyobamba y Tocache. Si hiciéramos un recuento somero, la cifra llegaría a por lo menos 50 escritores, sin contar aquellos independientes y los que aún no se atreven a mostrarse. La actividad de estos grupos, se evidencia en las siguientes actividades: La quinta edición de la Feria de Libro en Tarapoto, los encuentros literarios regionales, las presentaciones de libros tanto de autores locales u otros; y más. Cabe recalcar que estos sucesos se dan en diferentes provincias y  en distintas épocas.

En referencia a la temática, los escenarios son la base fundamental de la inspiración, siempre recurrentes en todo género, los cuales no necesariamente son de proyección telúrica. Tal vez para muchos, sigue latente el estigma de creer que en este lugar amazónico, como en los otros de esta tierra peruana, la literatura no ha dejado de ser la proyección de los mitos y leyendas populares que encierra "la montaña", que por cierto, casi ya ni existe. Acerca del estilo, forma, o concepto afín, sería absurdo hacer una clasificación específica: este nuevo tiempo de medios digitales no nos permite ese lujo de antaño. 

Un punto importante, en el que por cierto falta hacer camino, es el tema de la edición de los libros regionales. Algunas organizaciones literarias como REZISTENCIA y MACHUSACHA (y quizás otra), se han aventurado a producir libros de forma independiente; sin embargo, la producción capitalina sigue siendo superior en calidad y cantidad; esto, por la cercanía de mejores y más sofisticadas tecnologías con las que cuenta la ciudad capital, y por supuesto, debido al tiraje elevado que abarata costos. Entonces, un libro que se produce en San Martín representa una edición limitada que en el mejor de los casos podría leerse en una temporada, sin opción a tener vigencia, puesto que el autor generalmente tiene la gran dificultad de invertir en una segunda edición. En cambio los otros libros, aquellos que se suelen leer en las I.E., de autores clásicos a quienes las editoras no tienen que rendirles cuentas, siempre están al alcance del bolsillo de cualquier estudiante. Por supuesto que esta diferencia, volviendo a nuestros autores, influye en el cuidado del texto, diseño, la calidad del papel, formato, y demás quehaceres que comprenden la edición de un buen libro. Al respecto, me queda decir "qué bien por los estudiantes", y "qué mal por los autores regionales que no son tomados en cuenta por ninguna editorial". 

Es importante especificar el tiraje, es decir, la cantidad de libros que los autores sanmartinenses imprimen en cada edición. La realidad es la siguiente: las cifras van de 500 a 2000 libros; más, difícilmente. Pero una vez impreso el libro, la dificultad mayor es la forma de distribuirlo. Si sumamos la precaria edición, el deficiente cuidado del texto y la poca calidad de los materiales usados, prácticamente el escritor que se atreve a este oficio, más aún si no se preocupa por el contenido, o es loco o suicida.  

Finalmente algo más: si no nos adaptamos, la extinción nos aguarda ansiosa. Hago esta reflexión, a raíz de que hace unos días, al no poder crearme una cuenta como vendedor en amazon.com, en la que, se supone, pretendía ofertar  mis libros y los de los demás autores que conforman la organización que dirijo, estuve a punto de mandar al diablo todas mis perspectivas. Este portal de ventas, y muchos otros, agrupa millones de vendedores y compradores en el mundo, y estoy seguro que el camino correcto es adaptarnos; es decir, digitalizar los libros y ponerlos en vitrinas virtuales de exposición y venta. Esto ayuda hasta a posicionarnos en los buscadores de google. ¿Cómo hacerlo? Seguro que habrá una forma, debe haberla. //

Opinión: Presentaciones de libros


 
 
 

Desde hace un tiempo se vienen presentando tupidamente libros en el departamento de San Martín,  máxime en Lamas y Tarapoto, a varias de las cuales pude asistir y espectar la manera cómo los presentadores han enfocado, de modo sencillo antes que académico, obras de autores que viven en San Martín y fuera de éste.

Algunas de las obras, tal vez las más, han abordado temáticas vernaculares, en los cuales fácilmente pueden desempeñarse autores que se ven muy lejos de la posibilidad de penetrar en otro tipo de asuntos, como los abstractos. 

A veces los presentadores, por falta de tiempo o porque sus estilos están perfilados de ese modo, o por cuidar las formas, han elaborado enjuciamientos epidérmicos  o antisistemáticos con el fin, presumo, de sólo agradar a los autores.

En otras instancias, como en Lamas, por ejemplo, se ha visto, durante ciertos eventos afines, enjuiciar libros superdivinizando las llamadas técnicas literarias; técnicas que son seguidas, en todo el mundo, como moldes por autores medianos desde que aparecieron por los años sesenta o antes, y fueron desarrolladas empeñosamente por literatos del llamado boom literario sudamericano; de tal manera, como creí advertir, que para esos críticos y también autores a la vez debería pesar en una obra más el uso de técnicas que el ensamblaje de estilos dulces y primorosos. 

A ciertos autores que han llegado para presentar, o vinieron como presentadores, para cuyas obras tengo poca adaptación, se los ha observado, por lo que quizá gozan de alguna reputación, con ínfulas de sobrepotenciados. 

Alguno dijo que ciertos tipos de literatura, como la con rima, han entrado a arcaico desuso y por tanto rescatarlos o revivirlos resultaría desconocer la modernidad. Él  mismo aseveró que las obras que contienen, por ejemplo, regionalismos selváticos, deben prescindir de los glosarios, y que los que las leen que se pongan a investigar para descubrir sus significados. ¿Investigar? ¿En qué? ¿Dónde? El selvático no tendrá problemas. ¿Pero el costeño y el serrano? ¡Pucha, ni continuar analizando esta tremenda "teoría"! 

Otro manifestó que los cuentos debieran de ser cortos porque así lo ha recomendado el señor Mario Vargas Llosa, por lo fácil que resulta su lectura por gente que vive apurada, y debido también a que los de estructura larga resultan empalagosos o aburridos. 
 
Y para ahorrar tiempo prescindiendo de mencionar otras "propuestas" traídas, anoto lo siguiente: Que cada literato haga literatura utilizando su propia concepción, la concepción que le conviene, en función de la independencia que debe practicar. El que desea que viva escribiendo eternamente con normas ajenas; pues esa es la  característica de los medianos: gozar escribiendo al margen de lo propio y de la originalidad, por agradar a los que imitan o por carecer de estro vitaminizado.

Una narración corta aburrirá, como una larga, si el estilo utilizado es apelmazado o antiameno. En cambio un estilo armónico y fluido te llevará tan placenteramente como ventarrón por las miles de páginas que podría tener una obra.

¿Que  no podría usar con ingenio la rima consonante en temas serios? ¿Que desestimaría emplearla en asuntos satírico-burlescos, como por ejemplo en lo que sigue?: "Oremos por Víctor Raúl Haya/porque rápido al cielo se vaya/a quien la pereza le hizo papaya/y turista de buena laya". O estotro: "Oremos por Belaúnde de pelo lacio/que a empujones le sacaron del palacio/y que le llevaron pálido como muerto/a embarcarle rápido en el aeropuerto".

¿Que como literato voy a agradar a críticos engolados? Imposible. ¿Que voy a escribir pensando necesariamente en complacer a alguien o a todos? Imposible. ¿César Vallejo no es genial para muchos, y no fue cero a la izquierda para Clemente Palma? ¿Prima poco o mucho la subjetividad, convertida a veces en doblez, en las apreciaciones de los críticos? ¿Tenemos suficiente sensibilidad para abordar críticamente obras de contenidos elevados? ¿O nos resulta más cómodo divagar en la cosmovisión, que fácilmente nos conduce a interpretar como nos parece el alma selvática, máxime las de las tribus? ¿O enmascara  nuestra humildad el coger temas comunes que abundan prolijamente en todas partes,  principalmente en urbes grandes, como la sordidez de los lenocinios? 

Una obra puede ser abordada críticamente, como bien sabemos, desde varios frentes, y en cada uno de ellos el crítico andará buscando encontrar su propia preceptiva literaria, que, si no la halla, saldrá velada o abiertamente recomendándola. 

En  la elaboración de obras, dejemos que el autor haga lo suyo, pero  exijámosle que su tarea se enmarque dentro de los fueros de lo que significa el vocablo literatura: belleza expresada con palabras.
Las técnicas no son  literatura; los estilos, que se sienten, deben ubicarse por encima de ellas. Se hace imperativo buscar, permanentemente, nuevas formas de expresión huyendo de técnicas enrevesadas y de terminologías triviales. La literatura es, o debe ser emoción presentada de lo mejor por el alma peculiar de cada literato.

Que los libros que se publiquen en San Martín y fuera de él, con cualesquiera técnicas, estén muy bien escritos por sus autores. La sintaxis la ponen necesariamente éstos; la labor de los correctores estará encaminada a mejorar los textos descartando ortografía errada o el inconveniente uso de vocablos, máxime verbos. El que una obra salga con muchos o pocos o nada de errores es responsabilidad, mayormente, del corrector o de los correctores.

Por último no te exijo, si no quieres,  que adoptes  mi "preceptiva" arriba dicha; haz tu propia literatura, haz tu propia originalidad (la cual –me parece- es la que haces), que no siempre  me agrada. Pero sí te obligo a ser impactante escribiendo. Si no, tírate tú mismo la "toalla"…y descansa, descansa…te quiero ver descansando, porque tu musa sería un fraude. //

Escribe: Carlos Maktangrunaka

Personaje ilustre: Saadi

 
 


Saadi (1162 - 1291) / Oswaldo Gonzaga Salazar

Obras. (Bustan) "La huerta"; (Gulistan) "Jardín de rosas"; "Libro del ensayo"; numerosos cuentos, fábulas y aforismos.

Semblanza biográfica
De entre la sabiduría milenaria de los pueblos del lejano oriente tienen en Persia a Saadi de Schiraz como a su poeta y sabio más representativo de su rica tradición literaria.

Estudió ciencia y teologías en Bagdad. Hombre de gran erudición, conoció lenguas orientales, incluso el latín. Leía mucho a Séneca. Escribió en árabe como en su lengua natal persa.

Viajó la mayor parte de su larga vida -109 años- por Persia, Siria, Turkestán, Arabia, Egipto y Abisinia. Participó en la expedición contra la Quinta Cruzada. Fue hecho prisionero en Trípoli por los cristianos, pero rescatado por un mercader que lo casó con su hija. Una infortunada unión, ya que prefirió devolver a la hija junto con la dote  que le habían dado.

Siendo ya avanzada su edad, se retiró como un eremita, dedicándose al estudio y la oración. En 1264, en sagrada ceremonia fue nombrando maestro sufi, tenía 84 años. Ya había logrado escribir sus dos obras maestras a las que debe su celebridad: el "Bustan" y el "Gulistan".

Obra poética
A pesar de tener una formación erudita, Saadi nunca escribió como un académico o intelectual de grandes conocimientos. Muy por el contrario: su prosa amena y sencilla, sus versos frescos y espontáneos están más cerca del decir popular y folclórico, del espíritu de sus pobladores que tan bien conoció y gracias a sus experiencias de viajero que tuvo. Y así lo hacían también los grandes maestros místicos y espiritualistas del Islam concentrando en cuentos, anécdotas, fábulas, aforismos que vivencialmente viene de las personas que trabajan y disfrutan con fuerza productiva.

Sus obras tan simples en vocabulario y estructura son la delicia y lectura obligada de los estudiantes y todo lector persa.

"Jardín de rosas" (Gulistan) es considerado como un texto clásico para iniciarse en el conocimiento de la literatura iránica medieval. Se la tiene por el espejo del espíritu persa-musulmán. Es un poema ético-narrativo (parte en prosa, parte en verso) de inmensa popularidad. Lo sencillo no le quita –más bien favorece– la elegancia auténticamente clásica de su estilo. F. Gabrieli dice: "En el arte fino y sosegado de Saadi se ha reconocido el alma piadosa, perspicaz y moralizante de Persia". Traduce una sabiduría que a la vez es  caridad, tolerancia y moderación. Todo esto nos dice del narrador hábil y ameno de anécdotas moralizantes, sentencioso, pensador. De fina moraleja. Y también inspirado poeta.

Sus aciertos en la fábula muestran su gran talento, que sin dejar de ser estas para menores, no dejan de ser profundas. Solo su claridad de visión y lo depurado de su estilo, puede producir tal sencillez.
En ambas obras, los relatos, fábulas, anécdotas, guardan una indpendencia entre sí, siempre con moralísticos aforismos que ponen de relieve su mensaje.

El BUSTAN. Contiene 10 capítulos: 1. La justicia. 2. La bondad. 3. El amor místico. 4. La humildad. 5. La resignación. 6. El renunciamiento. 7. La educación. 8. La gratitud con Dios. 9. El arrepentimiento. 10. Plegarias.

EL GULISTAN. El paraíso dice Saadi, tiene ocho jardines, y así divide a su obra en ocho capítulos, que trata: Sobre la excelencia de la moderación en los deseos; Sobre las ventajas del silencio; Sobre la educación; Sobre los discretos y prudentes; Sobre los reyes; Sobre la sociedad; Sobre la vejez.


Proverbios y aforismos de la sabiduría popular persa (folclórico)
 
Un beso robado no es devuelto fácilmente.

Confía en Dios; pero primero amarra bien tu camello.

La paciencia es amarga; pero lleva un dulce fruto.

Para hacer tortilla primero hay que romper huevos.

Tres cosas no pueden ser retratadas: La flecha una vez disparada del arco; La palabra dicha a prisa y; La oportunidad perdida.

El mentiroso tiene mala memoria.

Cada quien vuela con los de su clase: pichón con pichón; halcón con halcón.

…Porque cada faraón tiene su Moisés.

Permanece en el mundo, pero no seas de él.

Si lamentas besarme, retrocede en tu beso.

 Aquellos que han hecho una puerta y una cerradura, también han hecho una llave.

La sal no es atacada por las hormigas.

Un perro traidor es hermano del chacal.

No contestar es en sí una respuesta (el silencio es también una respuesta).

Porque el azúcar no es arsénico, muchas tumbas están llenas (repletas).

Tu talismán mágico es maravilloso, pero eres tú un Salomón para hacerlo que funcione.


Frases de Saadi 
e imágenes poéticas

Sé como el sándalo que perfuma el hacha que le hiere.

El pueblo es un bello árbol frutal que hay que cuidar si se quiere que fructifique.

No duermas nunca demasiado profundamente: conviene que puedas oír la débil voz del hombre que grita: ¡justicia!

El consejo de un ignorante campesino vale, a veces, por todas las lecciones de los filósofos.

No preguntes qué es lo que buscan los santos derviches que van recorriendo el mundo: buscan un hombre justo.

Todos los que han viajado en el desierto saben que el hombre que anda sin prisa, llegará antes que el que corre.

Por más que un moscardón esté posado sobre una rosa, no deja de ser un moscardón.

No llores sobre los muertos, que no son más que jaulas de las cuales los pájaros han volado.

El último de todos los recursos es el sable.

No siempre el caballero que va más bien montado es el que sale vencedor en el torneo.

Tener piedad de la pantera, es ser injusto con los corderos.

No preguntes la verdad más que a un enemigo.

 El tumultuoso torrente que baja de los montes va a perderse en el barranco; pero la más modesta gota de rocío es aspirada por el sol que le eleva hasta las estrellas.

Deposita tu confianza en el hombre que siente el temor de Dios y desconfía del que no teme más que al sultán.

No te vanaglories de los éxitos que hayan tenido todos tus discursos: piensa siempre en el gran número de ignorantes que hay en toda la asamblea.

Un árbol despojado de sus hojas por el invierno alzó los brazos al cielo como suplicante. Escucha el cielo su plegaria y no solo, al llegar la primavera, le viste de hojas y de flores, sino que, después la providencia lo colmará de frutos.

Veamos el mensaje místico que entraña: 
La perla

Una gota de agua desprendida del seno de una nube cayó al mar y, sobrecogida al verse allí, exclamó: "¡oh mar!; cuan pobre cosilla me siento ante tu inmensidad". En recompensa ante este sencillo acto de humildad, ordenó Dios entonces, que una concha le diera albergue, alimento y forma sólida. Transformóse así en una espléndida perla, y llegó a verse incrustada en la corona de un rey. Dios había querido dispensarle esta alta honra porque había sido humilde. Gozó de duradera vida porque ella misma se había comparado con la nada.//

Presentaciones: Yakuruna

Hace unos días se desarrolló una importante actividad literaria en la I.E. Juan Miguel Pérez Rengifo, con varios escritores regionales e incluso alumnos mismos (1). Me atrevo a señalar que este suceso, sumado a los encuentros con escritores de forma individualizada que se vienen desarrollando en esta I.E., a raíz de la implementación de un plan lector con autores amazónicos, es la iniciativa más innovadora que conozco en esta región. Lo es, porque jamás en todos estos años que camino dedicándome a la literatura, he visto alumnos tan motivados y con tanto amor por la lectura. Y eso no es todo: se viene otra actividad, para el 5/08/2013, en la que, según palabras de los responsables, además de mucha literatura y arte (lectura de poesía y cuento, declamación, canto...), se cerrará el evento con un concierto de rock, teniendo como invitado a una de las bandas más importantes de la región: "Al otro lado del silencio".

En Yurimaguas, en tanto, en el auditorio de la UNAP (2), he conversado con alumnos de las facultades (Agronomía, Contabilidad y Negocios Internacionales) sobre dos de mis libros: "Yakuruna" y "El árbol". Realmente me he sentido privilegiado por el acogimiento, los regalos y, sobre todo, por la interacción que hemos tenido yo y los estudiantes, por más de dos horas. Me doy cuenta que es muy indispensable la motivación por parte de los docentes encargados, a los mismos que felicito y agradezco por tan gran suceso en favor de mi persona.

Miuler Vásquez

 
 

 
 

Publicaciones: Huelga de hambre (1978-1979)

 
 


Huelga de hambre 
/ 1978 - 1979


Gloria eterna a los mártires del Sindicato Único de Trabajadores en la Educación - SUTEP
  

Este libro es un relato de hechos ocurridos en la gloriosa huelga indefinida de los maestros agrupados en el Sindicato Único de Trabajadores en Educación del Perú - SUTEP, en los años de 1978 - 1979 contra el gobierno de turno de Morales Bermúdez y camarilla, ¡la más represiva! 

La lucha emprendida por el magisterio era una medida de fuerza entre dos enemigos irreconciliables: "el explotado y el explotador", contra la burguesía que es la dueña del poder, que dicta las leyes para hacer más rico al rico.

La protesta se agudizó a medida que iba pasando el tiempo; habían sido apresados dirigentes, maestros subrogados, deportados, por lo que los padres de familia empezaron a tomar conciencia dado que la lucha del magisterio era justa y se requería volcarse a las calles; había ya rumores por ahí que se estaba gestando la insurrección.

Los estrategas del gobierno buscaban la forma de neutralizar el movimiento y la única manera era buscar la parte débil de los dirigentes, a quienes ofrecieron prebendas, y no faltaron los desaprensivos, amarillos y soplones que contribuyeron a que muchos colegas fueran despedidos, subrogados, perseguidos y encarcelados. 

Este libro es el testimonio de aquella gran jornada de lucha del magisterio peruano buscando la justicia social, una educación de clase; profesionalización y categorización de los maestros.

Las condiciones psicológicas, sociales y políticas de las organizaciones de trabajadores ya estaban dadas, por lo que nos lanzamos a la huelga de hambre como única alternativa para hacer retroceder al gobierno de turno.

     Mardell Tello Pérez

Personaje ilustre: Antonio Machado

 
 

Antonio Machado 
(1875-1939)

Escribe: Oswaldo Gonzaga Salazar

Obras
 
En verso: "Soledades, galerías y otros poemas", "Campos de Castilla", "Nuevas canciones".

En prosa y verso: "Cancionero apócrifo".

Prosa: "Juan de Mairena".

Teatro (En elaboración con su hermano Manuel): "Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel", "Juan de Mañara", "Las adelfas", "El hombre que murió en la guerra", "La Lola se va a los puertos", "La prima Fernanda", "La duquesa de Benamejí".

Reseña biográfica

Eximio y celebrado poeta español perteneciente al movimiento literario de renovación de fines del siglo XIX, conocido como "La generación del '98".

Nació en Sevilla en el Palacio de los Dueños del Duque de Alva. Estudió filosofía y arte. Fue Vice-cónsul en Guatemala. A su retorno se dedicó a su vida académica en la enseñanza, llevando una vida sencilla, pero alterada por la trágica muerte de su esposa de escasos 18 años: la pequeña Leonor; que lo sumió en una intensa crisis que hasta lo hizo pensar en el suicidio. Hombre de extraordinaria vida interior se repuso y durante la guerra civil se exilió en Francia, siguiendo la docencia en París. Regentó una cátedra y allí murió a los 64 años.

Sabemos por sus "Canciones a Guiomar", que el poeta tuvo ese grande y secreto amor, platónico para muchos, muy de acuerdo a su temperamento, hecho que enriqueció mucho su vida interior.


Obra poética

El temperamento del poeta hizo que sus primeras creaciones aparezcan bajo el manto romántico de Bécquer. El modernimos de Darío también fue notorio. Sin embargo rápidamente va afianzando su propia voz y depurando su propio estilo. Orienta sus preferencias por las formas poéticas populares; pero su espíritu amplio ha sabido ser a la vez tradicional y moderno, culto y popular: un artista de síntesis poética como vemos en Galerías – La introducción – "Leyendo un claro día". Pero sobre todo, el gran mérito de Machado, el mayor, es el de ser el intérprete lírico del paisaje (Castilla), vuelca en él todo su espíritu romántico, el alma de quien necesita una metáfora para mirar hacia adentro en su dolor y amor. Por ejemplo dice:

El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente 
               /limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro.
Que tú me viste hundir mis 
/manos puras 
en el agua serena, 
para alcanzar los frutos 
/encantados
que hoy en el fondo de la fuente
               /sueñan...

Ya en "Campos de Castilla", el poeta expresa lo "esencial castellano" y a la vez profundiza las meditaciones, los enigmas del hombre y del mundo, el destino, la soledad, la muerte de Dios, como lo vemos en el poema "Anoche cuando dormía".

En sus "Proverbios y Cantares" ya lo vemos en posesión y dominio de todo su arte. Apreciamos el siguiente poema:

La plaza tiene una torre,
la torre tiene un balcón,
el balcón tiene una dama,
la dama una blanca flor.

Ha pasado un caballero,
―¡quién sabe por qué pasó!
y se ha llevado la plaza,
con su torre y su balcón,
con su balcón y su dama,
su dama y su blanca flor.

Su verso se universaliza, y al hablar de sí mismo, lo hace como si estuviera hablando de todos los hombres. Veamos:

Nunca perseguí la gloria 
ni dejar en la memoria 
de los hombres mi canción; 
yo amo los mundos sutiles, 
ingrávidos y gentiles 
como pompas de jabón. 
Me gusta verlos pintarse 
de sol y grana, volar 
bajo el cielo azul, temblar 
súbitmente y quebrarse (…)

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Con este poemario marca su propia lírica. Poeta del paisaje natural y del paisaje interior, así como de temas universales. Un poeta de profundos criterios sobre el sentido del hombre y con una sensibilidad muy singular en la que se sustentaron muchos para mirar con entusiasmo, amor y esperanza, el futuro de la España entonces en crisis: una vez preclara la generación del 98.

Veamos a Dios en su paisaje interior:

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que una fontana fluía 
dentro de mi corazón. 
Dí: ¿por qué acequia escondida, 
agua, vienes hasta mí, 
manantial de nueva vida 
en donde nunca bebí? 

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que una colmena tenía 
dentro de mi corazón; 
y las doradas abejas 
iban fabricando en él, 
con las amarguras viejas, 
blanca cera y dulce miel. 

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que un ardiente sol lucía 
dentro de mi corazón. 
Era ardiente porque daba 
calores de rojo hogar, 
y era sol porque alumbraba 
y porque hacía llorar. 

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que era Dios lo que tenía 
dentro de mi corazón.

Prosa: Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo es el libro de fragmentos de "Juan de Maviena". Vierte opiniones de política, literatura, estética y usa de ese personaje para hablar también de su propia poesía e ideas en que él se ha basado. Propone un equilibrio entre conceptos e intuiciones, elementos lógicos y emotivos; los segundos deben estar siempre más al descubierto, pero ambos son esenciales al poema. No es la lógica lo que en el poema canta, sino la vida; aunque no es la vida la que estructura el poema sino la lógica. Sin embargo, nada hay como la sublime inspiración de la poesía: lo afirma en el siguiente cuarteto:

Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado.
Tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiados. //


Poemas

La plaza tiene una torre

La plaza tiene una torre,
la torre tiene un balcón,
el balcón tiene una dama,
la dama una blanca flor.

Ha pasado un caballero,
¡quién sabe por qué pasó!
y se ha llevado la plaza
con su torre y balcón,
con su balcón y su dama,
su dama y su blanca flor.

Poema VIII

Yo escucho los cantos 
de viejas cadencias 
que los niños cantan 
cuando en corro juegan, 
y vierten en coro 
sus almas, que suenan, 
cual vierten sus aguas 
las fuentes de piedra: 
con monotonías 
de risas eternas 
que no son alegres, 
con lágrimas viejas 
que no son amargas 
y dicen tristezas, 
tristezas de amores 
de antiguas leyendas.
   
 En los labios niños, 
las canciones llevan 
confusa la historia 
y clara la pena; 
como clara el agua 
lleva su conseja 
de viejos amores 
que nunca se cuentan.

    Jugando, a la sombra 
de una plaza vieja, 
los niños cantaban...

    La fuente de piedra 
vertía su eterno 
cristal de leyenda.

    Cantaban los niños 
canciones ingenuas, 
de un algo que pasa 
y que nunca llega: 
la historia confusa 
y clara la pena.

    Seguía su cuento 
la fuente serena; 
borrada la historia, 
contaba la pena.

Poema XIX

¡Verdes jardinillos,
claras plazoletas,
donde el agua sueña,
donde el agua muda
resbala en la piedra! ...
Las hojas de un verde
mustio, casi negras,
de la acacia, el viento
de septiembre besa,
y se lleva algunas
amarillas, secas,
jugando, entre el polvo
blanco de la tierra.
Linda doncellita
que el cántaro llenas
de agua transparente,
tú, al verme, no llevas
a los negros bucles
de tu cabellera,
distraidamente,
la mano morena,
ni, luego, en el limpio
cristal te contemplas...

Tú miras al aire
de la tarde bella,
mientras de agua clara
el cántaro llenas.

Introducción a 
 los sueños

  Leyendo un claro día 
mis bien amados versos, 
he visto en el profundo 
espejo de mis sueños

  que una verdad divina 
temblando está de miedo, 
y es una flor que quiere 
echar su aroma al viento.

  El alma del poeta 
se orienta hacia el misterio. 
Sólo el poeta puede 
mirar lo que está lejos 
dentro del alma, en turbio 
y mago sol envuelto.

  En esas galerías, 
sin fondo, del recuerdo, 
donde las pobres gentes 
colgaron cual trofeo

  el traje de una fiesta 
apolillado y viejo, 
allí el poeta sabe 
el laborar eterno 
mirar de las doradas 
abejas de los sueños.

  Poetas, con el alma 
atenta al hondo cielo, 
en la cruel batalla 
o en el tranquilo huerto,

  la nueva miel labramos 
con los dolores viejos, 
la veste blanca y pura 
pacientemente hacemos, 
y bajo el sol bruñimos 
el fuerte arnés de hierro.

  El alma que no sueña, 
el enemigo espejo, 
proyecta nuestra imagen 
con un perfil grotesco.

  Sentimos una ola 
de sangre, en nuestro pecho, 
que pasa... y sonreímos, 
y a laborar volvemos.
Campo

La tarde está muriendo
como un hogar humilde que se apaga.

Allá sobre los montes,
quedan algunas brasas.

Y ese árbol roto en el camino blanco
hace llorar de lástima.

¡Dos ramas en el tronco herido, y una
hoja marchita y negra en cada rama!

¿Lloras?... Entre los álamos de oro,
lejos, la sombra del amor te aguarda.


68

Llamó a mi corazón, un claro día, 
con un perfume de jazmín, el viento.

  —A cambio de este aroma, 
todo el aroma de tus rosas quiero.

  —No tengo rosas; flores 
en mi jardín no hay ya; todas han muerto.

  Me llevaré los llantos de las fuentes, 
las hojas amarillas y los mustios pétalos. 
Y el viento huyó... Mi corazón sangraba...

Alma, ¿qué has hecho de tu pobre huerto?
             

Semblanza: Javier Dávila Durand

 
 

LA POÉTICA DEL SOBREVIVIENTE 
"AMAZÓNICO, INEFABLE, TEMERARIO."

En la primavera del 2008 publiqué en París, en la revista La Otra Ribera, una breve semblanza sobre el poeta Javier Dávila Durand. Se trataba de una nota de acompañamiento a cuatro de sus notables poemas. En síntesis, dejaba señalado que el sujeto había nacido el 14 de mayo, nada menos que en San Pablo, la leprosería a orillas del río Amazonas, Perú, en el año de 1936. Poeta, periodista, editor y promotor cultural, en 1961 había dado a luz a su primer poemario Yara, una colección de frescos, líricos, y metafóricos poemas en los que ya se apuntaban los registros de su obra mayor. Por pudor, tontería o como se le quiera llamar, no señalé en esa oportunidad la amistad que me une a él, dónde, cuándo y cómo lo conocí. Tampoco hablé de las aventuras literarias y periodísticas en las que nos habíamos embarcado. Ahora trataré de corregir esas ausencias, esclarecer en lo que me es posible el axis mundi de su universo literario y adentrarme en alguno de los aspectos de su poesía.

A mediados de agosto de 1969, yo estaba en el fondo de la huerta de mi abuela, quizá saboreando los caimitos de la vecina o quien sabe viendo volar a los abejorros entre los árboles frutales, cuando oí la voz de la anciana. ¡El diablo, Jorge, el diablo! Mi abuela raras veces leía el periódico, pero sin duda sabía que Dávila Durand era el azote periodístico de los zamarros incrustados en la administración pública de aquellos años. Estaba vestido de amarillo y había venido en una motocicleta roja, me parece, y comenzamos a hablar como si el diablo y yo nos hubiéramos conocido de toda la vida. Salimos a dar una vuelta por Yarina Cocha para comer "pifayos" mientras contemplábamos los andares de nuestras paisanas. Javier estaba metido hasta las narices en el periodismo y hablaba de "Manguaré" con gran entusiasmo, mientras yo buscaba un lugar para estar en la sombra y hablar de otras cosas. Yo le decía que había regresado a Pucallpa con la idea de dar cuerpo a una caja de música en la que se oyera el habla local y en la que se vieran a los personajes debatiéndose en la lucha por la existencia. Y Javier hablaba de Yara, de la necesidad de la compenetración en los mitos para hablar de la realidad. 

A partir de entonces, pocas veces hablamos de periodismo; muy a menudo, sí, de la Amazonía, de Atalaya, de Contamana e Iquitos, Tarapoto y Moyobamba. Pero siempre de Poesía. Así, con ese tipo de "P". Él, de Neruda y Juan Gonzalo Rose, y yo, dale que dale, de Seferis, T.S. Eliot y Ungareti.

Por esos días Javier se lanzó a la aventura de crear y gestionar el "Che-Che Room", un bar-restaurante del  jirón Tarapacá de la sedienta Pucallpa. Y ese local se convirtió en el núcleo visible de nuestras conversaciones. Ahi conocí a Ocho Arrobas y a Agustín Rivas. En Lima acababa de salir Estos 13 de José Miguel Oviedo y, pocos meses después, el primer número de la revista Hora Zero. Mi amigo Jorge Pimentel me remitió varios ejemplares del uno y del otro que puse al alcance de Javier y de Juan Sánchez Pacheco. En ese local, entre tragos van y tragos vienen, nació la idea de sacar a luz Hora Zero Oriente, revista solo de literatura y nada más que de literatura. Por esos días también andaba por Pucallpa el poeta Germán Lequerica y, claro, solicitamos su colaboración. Me entregó un relato, "Ese maldito viento", y, con el perdón de los germanistas, sigo creyendo que es lo mejor que he leído de Lequerica. 

Los poemas que Javier entregó para la revista fueron: Reclamo para César Arias, Casi réquiem para el pintor de la selva, La mecedora de mi padre y Con Juan Ojeda donde quiera. Después de leerlos tuve la convicción de que la intensidad de su verso entre lírico y elegíaco se convertía en una urgencia en las páginas de la futura revista. 

Envuelto en no sé qué torbellino, sin que la revista se materializara, Javier cerró el negocio del jirón Tarapacá y se trasladó a Iquitos. Más que cualquier otra parte de la Amazonía, el verdadero axis mundi de Javier se halla en esa ciudad. Su imaginaciíon se había nutrido desde la infancia en ella. Sus más cercanos afectos residían ahí. Y, simbólicamente, en alguna parte de sus ser, sabía donde se hallaba "la llave" de ese lugar. Nos volvimos a encontrar en su ciudad de predilección para entregarle en sus propias manos Hora Zero Oriente. Yo estaba a punto de dejar la enseñanza para entregarme a la promoción cultural en un organismo del Estado antes de que la realidad me obligara a dejar Pucallpa para volver a Lima. Y en Lima, por intermedio de Roger Rumrrill, volvimos a encontrarnos. Javier estaba ahora inmerso en la aventura de Proceso, una revista de actualidades profundamente "creyente" pues solo salía a luz cuando "dios" quería. Sin embargo por aquellos tiempos el dios de las finanzas quería y la revista salía con frecuencia. En varios números le eché la mano para acelerar la llegada y ganarme unos cobres. En 1976, su sello editorial publicó mi segundo poemario, justo en vísperas de mi viaje a Francia. 

Pasaron los años y, entre tanto, Javier no volvió a cometer poesía, o si lo hacía permanecía en un silencio de acero. De vez en cuando nos escribíamos y en diciembre de 1988 recibí en París un ejemplar de Yo, el sujeto. Este poemario aparecía después de 22 años de la publicación de su primer libro. A ellos le seguirían Dispersada luz (1992), Canto del dolor y de la angustia (1994), El amor es un río esplendoroso (1997), Travesía sin puerto (2000), Cerezo de alba (2004), Parque de reserva (2005), Poemas de amor para no jubilarse (2005), entre otros. En ellos nos encontramos con hazañas formales siempre habitadas por la idea de pertenencia a un sitio, a un determinado punto del espacio. Poesía lárica. Poesía del enraizamiento. Pero cuando se subraya eso conviene precisar que no sólo se trata del concepto geográfico, sino también familiar y sentimental. Se asiste al entroncamiento con una melodía heredera al mismo tiempo de los aportes de Federico García Lorca y Rafael Alberti: el tono de sombras y de figuras que emergen del fondo del pueblo que habita en Romancero gitano, y el verso cantarín y añorante del lar que se engrandece en Marinero en tierra. 

En la mayoría de su poesía yo había visto al hombre conversando con sus amigos, dando cuenta de las visiones, amores, anhelos de los otros; se le entreveía monologando sobre el destino ajeno para referirse al suyo de manera sesgada. En algunos momentos había oído la voz del desencanto y hasta del hastío a través de ensueños que lo sumergían en los aconteceres de sus compañeros de ruta, en la maravilla de la visión y el sonido; todo un mundo que se sostiene en base a una fuerte sensorialidad y en la transmutación que recubren a los personajes con un hálito mágico y poético. Pero, de pronto, brotaron en esa poesía elementos profundamente perturbadores, como salidos de otro mundo o por lo menos traductores y correctores de la visión de mundo que nos proponía. Javier jugaba con las asociaciones de palabras explotando su sonido; unía sustantivos y adjetivos que provocaban tensiones visuales, auditivas, olfativas y táctiles. Los lectores eran arrastrados por ese remolino de visiones en el que su retórica quedaba cubierta por el sonido de la onda musical, por sus sólidas junturas, por la visión del fracaso y la muerte que acechaba. Se percibe el inicio de este fenómeno en la edición final de Yo, el sujeto. Ahí aparecen tres poemas como salidos de otro mundo, o por lo menos traductores y correctores de la visión de mundo que nos proponía inicialmente. Ellos son: "Soneto que soy cantando", "Canto por mí mismo", y el que da título al libro. 
Conservo en mis archivos los poemas dedicados al padre y al hermano, pero no puedo resistir la tentación de dar a conocer el poema que Javier escribió en Valencia, el 28 de marzo de 1996, a orilla del Mediterráneo: Poema a la virtud.

A Natividad Madero Candela,
ala, nieve, aire, ¡todo cuanto vuela!
El oro puro, el sol, el universo,
la poesía en un solo verso.
¡Todo cuanto brilla! ¡Todo para ella
por un solo bocado de paella!
 
Todo para Natividad Madero
que regala amor en aroma fiero,
en tenue pan, en fruta compartida,
en la riqueza de un país entero:
¡la España universal que yo más quiero
en una fuente de sabor y vida!

A fines del siglo XX, en una de mis repentinas apariciones por Iquitos, nos encerramos en la casa de su suegra para leer el poemario "Las Cédulas del Inquisidor". Un libro vigoroso, de enraizamiento en la historia y en la lengua. Le dije que ya no había que mover ni una coma de un conjunto en el que cada uno de los elementos a mí me parecía que sonaban armónicos. Pero pese a mi entusiasmo no he visto el libro hasta ahora por ninguna parte. O Javier no me ha creído y por lo tanto no ha buscado editor. O los editores son unos sonsos, lo que la verdad no me extrañaría.

Por todo lo que he señalado a propósito del axis mundi  de Javier Dávila Durand, ahora opto por dar a conocer el poema al que él mismo alude al hablar de "Poemas Perros": Iquitos*.

Nuestra comunicación pasó a ser telefónica. Me enteré que había comenzado a dirigir un centro cultural y que tenía previstas una serie de actividades. Me enteré que los que cortan el paiche en Iquitos hallaban gozo en ponerle trabas. Me enteré que Javier, en solidaridad con su amigo el rector que había puesto en marcha el proyecto, dejó el trabajo y se fue a Manaos. En mi más reciente estancia pucallpina le llamé desde la casa del poeta Welmer Cárdenas. Tratamos de reírnos un poco pero Javier estaba triste. En los días que siguieron quise volver a leer su poesía y la he buscado en las librerías y bibliotecas de la capital sin poder ubicarla. Sus libros no están ahí donde deberían estar. Y dentro del concierto nacional su voz no está donde debería estar. Ni su voz ni sus libros están en el lugar que les corresponde porque en la Amazonía, su casa, no hay librerías. Y la Lima de siempre prefiere ser invadida por los provincianos en vez de concentrarse y realzar en el interior del país lo que realmente vale la pena.//

--------------------------
*Iquitos

Ciudad que amo y odio a fuego lento
y que degüello en sus propios atardeceres 
de cielos de sangre.
Ciudad que amo como a dulce muñeca prostituta.
(Su paisaje soberbio llena de ácaros mi corazón).
Odio su falso esplendor de alba que promete,
el río mudo por las ciénagas y barcos que la defecan,
el rostro degradado desde su infancia,
la barbaridad de su vientre que desvirgan
falos de metal siniestros
y su capacidad de cocodrilo para devorar las estrellas
que nos tocaba encender.
Odio el tufo de aguardiente alterado en su entraña,
sus ríos apiñados que bebo
en el reino sin nombre de orillas sin nombres
y que huyen como delincuentes
convertidos en ágiles serpientes.
Pero odio más a sus buitres noctívagos
que despedazan criaturas que sonreían;
a los zorros, entre tú y yo, entre cuántos,
sí, entre Dios y nuestra alma
que salen de la iglesia
a regar, como agua bendita, el incienso
laico del esperma de cada uno.
 
Ciudad por encima y por debajo de mi ombligo.
En tu nombre de patria silvestre,
amo, sin embargo, a mí país con dientes de murciélago
y habitada por usted y por el otro escarabajo, 
por vuestras miradas de búhos contentos
y por los que sonríen abriéndose los bolsillos.
Por gentes, señor general, señor ministro,
con uñas de colores, con pestañas curvas
y con rayos de péndulos de hierba.
 
Ciudad que me quiebra en tres el alma,
en cuatro partes el ojo que llevo a la derecha.
Ciudad que desguarnece los pronombres de su espíritu /infinito.
Por eso mi odio tiene tu tamaño desigual
y crece con tu crecimiento devastado.
 
Ah, tú, ciudad, gigante como el ruido perpetuo.
Cómo no odiarte si asesinas el canto de las aves.
Y por eso debo huir de ti,
porque tú misma te odias y nos odias.
Cómo no migrar. Como no exiliarme.
Pero encuentro alhajas más útiles que el oro 
en tu ojo izquierdo que me guiña
y en la mano ésta que me fortalece
el inicio de la mañana:
cuando libero los fantasmas del infierno.
 
Ciudad mía que amo desde mi abismo y mi cima.
Aquí estoy en tu puerto oteando el horizonte oscuro.
Y no sé si quitarme la camisa nueva
o abrocharme las del rudo temporal que aproximas.
Aquí estoy, odiándote y amándote.
Pero con los brazos abiertos para cogerme desesperado
de tu cintura de arena,
sin importarme ya la sonoridad irredenta,
que ahora me parece de tu aplauso.
 
Un hombre pasa por mi lado y me saluda,
y ya soy alguien.
Y pasan otros más,
y otro alguien me sonríe.
¡En sus miradas camino tus calles!"

Comentario: NO ES NADA PERSONAL




"No es nada personal" está compuesto por tres cuerpos. En el primero, "De conceptos y desánimos", el autor descarga sus meditaciones citadinas producto de vivencias, la bohemia, el rock, mezcladas probablemente con algunas sesiones ayahuasqueras y amoríos extraviados. "De misivas y respuestas" son diez cartas prosadas en cabina de internet al amor que se escabulla al otro lado de la red y, siempre de noche, en horas de extrema lucidez, como dice el prologuista, cuando la única candela es la conversación apasionada. Finalmente, en "De versos y desencuentros", desnuda completamente su vena poética. Entre otros, a destacar: Ven conmigo, / sin miedo, sin dudas. / Ven, / restemos ese tiempo malo, / y escondamos la malicia/ ("Calculemos el tiempo"). Tus senos / son dos cordilleras/ inexploradas,/ densamente cubiertas / por un manto privilegiado / ("Pareces un ángel"). El poema "La Libertad de la mosca", es hermoso. "Los recuerdos negros (Vallejo)": Hubo golpes en la vida de Vallejo, tan fuertes…¡Yo sí sé!/ Golpes como aceptar sus orígenes, descubriendo ante ellos / la resaca de toda su falsa vida europea, /empozada en su verdadera alma… ¿Yo sí sé! /; aquí, el osado Miuler se convierte en un contestatario, profana al maestro y guía, es un rebelde, ¿con causa? Seguro que los seguidores de Vallejo lo declararán persona non grata. Con razón o sin ella, para el gran poeta Toño Cisneros, recientemente fallecido, Jorge Eduardo Eielson fue el mejor de los peruanos. //

Escribe: Gabino Alva Infante

Relato: La kiruma

 
 


Autor: Gavino Quinde Pintado

Era de noche. El día había pasado intensamente frío y ahora la llovizna empezó a caer como si estaría convencida de regar sin premuras todo el perfil de la tierra. Más allá de la cerca de maderas, construida en forma de rumas, con horcones horqueta que elevaban las maderas solamente desde una punta y la otra se arrimaba en la tierra, rumoreaba la cristalina quebrada Mojara y llenaba los vacíos del nulo vecindario.

En medio de la oscuridad, y desde la casa de dos plantas recién construida con adobes grandes y techo de calamina, salió una endeble mujer llevando en brazos a su pequeño niño que a esas horas exigía gritando lo lleven al campo para hacer pish. No era común en la familia esta clase de acciones, y sin embargo la visita de una familia completa que había llegado no hace mucho, traía consigo esta clase de comportamientos, puesto que los tres niños que tenían, apenas diferenciados un año entre uno y otro, estaban muy mal alimentados y todos sufrían de problemas estomacales.

A unos diez metros de la casa había una kiruma de regular grosor y gran altura, donde los pájaros carpinteros todo el día iban y volvían revoloteando en las inmediaciones y haciendo sonar con desenfreno el martilleo de sus golpes. De tiempo en tiempo se escuchaba el característico bullicio de los pichones de las aves, señal que aquellos estaban aumentando de prole. Hasta la base de este estacón llegó la mujer para permitir a su niño hacer sus necesidades fisiológicas, sujetándolo de la cintura y apurándolo con un bisbiseo característico: ¡Pssss!, ¡pssss!..., mientras la garúa empezaba a empaparlos.

No hay duda que en esta parte del camino antiguo de Roque a San Juan de Pacayzapa, cuando llovía, aparecía el páramo con viento que lo envolvía todo y agitaba con rudeza la vegetación y lo que encontraba a su paso. En este estado de cosas, los dueños, que se encontraban acostados en la segunda casa de una sola planta, y cercada con rejas de pona, escucharon con sobresalto un enorme ruido proveniente del exterior. Era innegable que la kiruma apostada en la explanada posterior acababa de terminar con su existencia.

—¡Viejo, la kiruma acaba de caerse! —gritó la esposa, levantándose con enorme bizarría.
—¡Carambas, mujer, que mente más lúcida tienes para hacerme ver de lo que se trata! — respondió el hombre en forma jocosa.
—¡Segurito que habrá pichones de carpinteros en los diferentes huecos! 
—¡En eso tienes razón, mujer, seguramente estará preñado de pichones!
—¡Debemos ir a buscarlos, viejito! — dijo la mujer, melosa, intentando convencer al hombre para ir a esas horas a buscar a los pajarracos huéspedes que posiblemente estarían maltratados o muertos en el consabido tronco de madera caído.

Los esposos no eran viejos, pero la costumbre del trato recíproco venía desde los primeros días de matrimonio. Con todo, el hombre exclamó:

—¡No! ¡A estas horas yo no voy a ver ningún plumífero ni aunque me pagues! — Y diciendo esto volvió a acostarse con frenesí, tapándose todo el cuerpo con una frazada gruesa.

Al ver esto, la mujer también volvió a acostarse clavando los ojos en la oscuridad. Ya estaba por dormirse cuando escuchó un lejano berreo de niño.

—La Calixtra debe estar haciendo pichi a su cría a estas horas —dijo con un deje de no aprobar lo que estaba pasando—, ¡qué costumbre mas tonta la suya!
—¡Déjalo, vieja! —dijo el hombre en forma conciliadora—. ¿No ves que eso no se puede ni retener, menos aún evitar?
—Sí, pero debe darles de comer a sus hijos en forma no exagerada. No se les prohíbe que coman, pero deben hacerlo moderadamente, especialmente en horas de la noche.
—De lejos se ve que ahí tienes razón, pero da el caso que sus niños tiene el estómago muy complicado, y la única manera de remediar es dándoles un purgante. Después de eso ya puede venir el cuidado.

Se hizo un silencio pesado en la estancia, estropeado por la fuerza del viento que fuera de la casa soplaba con furia. Habían logrado dar un primer sueño cuando el hombre fue despertado por la caída de algunos utensilios de cocina derribado por las abundantes ratas. 

En medio del rumoreo de la lluvia nuevamente llegó el berreo de un niño a distancias, cosa que al hombre le llamó la atención. Escuchando con atención pudo colegir que aquellos berridos venían, al parecer, desde un punto diferente de la casa contigua. Muy a su pesar hizo despertar a su mujer que dormía plácidamente y le soltó de sopetón:

—Parece que la doña está haciendo defecar a su niño toda la noche.
—Qué cosas dices —contestó la esposa y se quedó en silencio, escuchando— En todo caso hay que ir a verla, es posible que sus muchachos estén empeorando con la diarrea. Podríamos convidarles un té caliente de mostrante. 

Cuando salieron al patio, protegidos por "ponchos de agua", la lluvia era un completo laberinto; la enorme agresividad del temporal hacía temblar de frío a los esposos que avanzaban vilipendiados por el viento ante la difusa luz de la linterna. Cuando llegaron al lugar pudieron ver cómo la enorme estaca había caído al suelo, despedazada, en varias partes, sin embargo, en la zona base, todo se mantenía unido. 

Aun desde lejos se apreciaba una escena macabra: la mujer huésped se encontraba aplastada como si se trataría de una rata, puesto que el tronco le había caído de costado en toda su humanidad, de cuclillas, mientras hacía pish a su bebé con ambas manos; sólo éstas aparecían ennegrecidas, completamente limpias por el agua que caía incesantemente. No lejos de ahí, el niño había logrado arrastrarse en medio de las desavenencias mientras se posaba debajo de una mata de zangos silvestres, ubérrimos. Estaba completamente aterido y ya no podía llorar.

En la distancia, el despotricado aullido de unos perros se sumó al temporal.  //

Análisis literario

 
 

Yakuruna

 "Cuando todo comenzó, la madrugada se vino bastante clara, radiante, con un sol de redondez perfecta… hasta que atardeció… los primeros relámpagos que marcaban la diferencia con sus estallidos y luminosidad, algún presagio testimoniaban…", así se inicia una de las más queridas obras literarias leídas por mis estudiantes: "Yakuruna", del escritor sanmartinense Miuler Vásquez González. Novela que ha marcado experiencia vital en cada unos de los adolescentes que han disfrutado de sus páginas, al acercarlos y motivarlos para la lectura, en un inesperado raudal de emociones.

En cada comentario, crítica y hasta cuestionamiento que ha surgido de esta apasionante lectura, encuentro un profundo cariño y valoración a los personajes míticos y de leyenda que cobran vida en la novela en la que aparecen fabulados con las características propias del imaginario colectivo que trata de explicar los misterios de sus orígenes ancestrales, pero que en la obra literaria adquieren una personalidad indiscutiblemente particular, concediéndoles su autor cualidades humanas que, a pesar de sus atemorizantes conductas, nos posibilitan encontrar en ellos rasgos de curiosidad, tristeza y hasta ternura. 

Las preguntas surgen a borbotones, una tras otra, sin dejar sosiego, y es que los escenarios, tiempos y personajes intrigan, incitan a la búsqueda de respuestas: ¿Por qué el autor cuenta al inicio de la obra la historia del pueblo que pretende escapar de un destino fatal? ¿Qué lo motivó a escenificar la colosal batalla entre la yakumama y el astado de oro? ¿Por qué el "nuevo" yakuruna se transforma cuando quiere, por qué no es hombre solo de noche, qué poderes especiales lo han vuelto así?... La curiosidad de los adolescentes ha ido más allá de la novela, se ha desbordado hasta la mente e intenciones de su creador. 

A modo de ensayo propiciamos el debate de opiniones que intentan responder a las observaciones: La huida del pueblo es una metáfora al poder de la naturaleza sobre el hombre, de la descomunal fuerza que impone y a la que no se puede retraer. En cuanto a la pelea entre la boa madre y el astado, los estudiantes, con total efervescencia dejan fluir sus sentimientos de admiración y hasta sobrecogimiento al expresar sus pareceres: La yakumama, "madre de las aguas", gigantesca boa-deidad que "domina el clima, las lluvias y el caudal de los ríos", aparece luchando hasta vencer porque era necesario que la cosmovisión del hombre selvático estuviera manifiesta en un hermosa alegoría que muestra a un ente protector que predomina sobre lo perverso. 

De principio a fin, los personajes de la novela han sido auscultados por los emocionados lectores. Está claro para ellos que estos seres de leyenda que han sido visionados por la imaginación popular de una manera, van adquiriendo caracteres particularmente humanos y protagonismos diversos: el chullachaki, la yara, el paucar, la chikwa, el tunchi, el maligno, el yanapuma, el renaco, la lupuna. Algunos, consideran, son solamente parte de la historia por el escenario en que se desenvuelven, pero otros, interactúan con vida propia y con características alejadas de las que el colectivo y los relatos ancestrales les concedieron. Hombres, mujeres y niños también tienen un protagonismo expectante: el ayudante, la mujer arrepentida, su hijo; todos ellos girando alrededor del personaje principal: el yakuruna, "hombre del agua", convertido en este extraordinario ser por una acción violenta y repulsiva de venganza e irracional deseo de inmortalidad; quien, en los diferentes tiempos en los que interviene, es el cazador en su juventud o el viejo sabio que relata los tristes e ignominiosos sucesos de su extensa e indescifrable edad, los que han sido ambientados y relatados fantásticamente por su autor. Su tétrica transformación de hombre en yakuruna ha motivado reflexiones profundas sobre lo difícil que es mantenerse en la línea de la no violencia, del dominio del carácter y la autodisciplina para no ceder a los "demonios internos", como los que motivaron los crímenes del yakuruna.  

Dos hechos poco explícitos, escritos a propósito por su creador con la finalidad de propiciar la ambigüedad, madre de la polémica, dieron lugar al más encendido cruce de opiniones. Uno: En un pasaje de la historia, el cazador se encuentra con la yara, la sirena de los ríos, y en una rápida reacción la atrapa pero es llevado con ella hacia las profundidades del agua, donde en un arrebato de lujuria la empieza a besar y a acariciar. Queda la duda de si tiene intimidad con ella o no. "¿Cómo lo haría?", preguntaron. Todavía siento el golpe de la interrogación y recuerdo el rubor de algunas mejillas. Dos: El cazador, después de haber rescatado al atrapado yakuruna de entre las rocas del río, es recompensado con abundante pesca bajo juramento de no revelárselo a nadie. Pero poco después tiene una atroz pesadilla en donde se siente violentado por el primigenio hombre del agua. La crisis de respuestas "correctas" a esta interrogante se dio cuando cada uno interpretó el párrafo correspondiente. Unos dijeron que solo era un sueño, que no cabían los hechos en la realidad. Otros manifestaron que el yakuruna se estaba cobrando el obsequio de la pesca, porque él, como ser malévolo, no entregaba nada por generosidad. El propósito anhelado de alcanzar niveles de crítica y debate se ha logrado con la participación activa de los estudiantes. Esta obra literaria, inmersa en la seleccionada programación de lectura de autores sanmartinenses para el plan lector de mi colegio, ha sido "saboreada" placenteramente por la fabulosa imaginación de los estudiantes, sin duda. 

Las miradas expectantes, las sonrisas ansiosas, el sinnúmero de preguntas lanzadas al autor durante la tertulia del mes han sido más que suficientes para regocijar nuestros corazones de maestros y arrancarnos también sonrisas de satisfacción porque creemos que la lectura es cuestión de sensaciones, de sentimientos arrancados a través de las páginas de un libro. Y cuando nuevamente tengamos que animar a la lectura, con mucha emoción empezaremos a leer: "Era grande, feo, peludo, con afiladas garras y dientes enormes... Yo supe que era un yakuruna…". //

Escribe: Connie Philipps

Peruano ilustre: Nicomedes Santa Cruz



Nicomedes Santa Cruz 
(1925 - 1992)

Obras importantes
"Décimas", "Cumananá", "Antología: "Décimas y poemas", "Ritmos negros del Perú", "Rimac tampu, Rimas al Rímac", "La décima en el Perú", "España en su folclore", "América negra", "Chala", "De igual a igual".

Reseña biográfica

Las manifestaciones culturales afroperuanas tienen en Nicomedes Santa Cruz a su representante más emblemático en el campo literario poético. 

Es considerado como su mayor contribución a la literatura peruana el haber rescatado y preservado la tradicional décima del Perú. 

Periodista de profesión, también incursionó en la radio y televisión, haciendo conocer por tantas partes del mundo la riqueza cultural peruana. 

Fue además, folclorista y escritor de medulares ensayos cuyos temas entrañaban fuertes críticas contra la marginalidad del indio, las injusticias entre la raza negra, el racismo, en colonización africana, el imperialismo. 

De origen muy pobre, tuvo que trabajar desde temprana edad para apoyar a su familia de diez hermanos.
Nació el 4 de junio, día considerado en su memoria, "el día de la cultura afroperuana".

Como director y actor de teatro, debutó en el teatro municipal de Buenos Aires con la compañía "Estampas de Pancho Fierro". 

También viajó por Europa y África, donde en 1954 formó parte del coloquio Negriture et Amerique Latina.
Propagó el arte negroide por Cuba, México, Japón, Colombia. Desde Brasil en Feira de Santana (Bahía), se inspiró en la creación de "América latina", con proyección continental e integracionista. Amaba ese coloso donde habitaban 20 millones de negros.

En 1981 se desempeñó como periodista, colaborando con el folclore de España. Allí residió hasta su muerte. Un cáncer al riñón acabó con su vida en 1992.

Obra poética
En el poema "Al compás del socavón", el mismo autor explica en verso lo que es una décima del Perú. La ingeniosa creación poética consta de cuatro estrofas con diez versos cada una. Allí mismo explica como rima. Además, tómese en cuenta, el último verso de cada estrofa, que sumarían cuatro, conforman el cuarteto que hábilmente es colocado al comienzo como síntesis poética. En total: un cuarteto y cuatro estrofas de diez versos de ocho sílabas (octosílabos). Así, Nicomedes Santa Cruz rescató para conservar en este modelo las décimas trabajadas o sabidas, creadas o aprendidas, que conformaron su vastísimo repertorio que integraban esa colección material anónima que iba recogiendo en su peregrinación el poeta por los diferentes pueblos de nuestro país: en los cañaverales de Trujillo y Chiclayo, en los arenales de Piura y Morropón, y en los algodonales de Cañete y Chincha, escribiendo siempre atento, lo que le dictaban al memorioso patriarca y lo que la gente improvisaba en las reuniones o fiestas en el laborar cotidiano.

Así coleccionó décimas tan bien creadas entre: "montoneros, cierrapuertas, asonadas, cuartelazos, huelgas y conjuros". Por eso él dice: "Mi formación fue folclórica", por eso es que toda su obra tiene un sencillo y cálido sabor popular. "Mi profesión era la herrería artística", confiesa el poeta.

A pesar de su gran sensibilidad social y su lucha a lado de los pobres y desposeídos, su paso por la política fue efímero, de la que se retiró muy pronto. Pero continuó su lucha desde su condición de artista. Lo vemos en su mensaje poético. Sus versos "A Talara", se hicieron tan populares que fueron erigidos en bandera de lucha por los estudiantes universitarios e impresos en sindicatos que pedían la reivindicación de Talara y la nacionalización del petróleo.  

No calló su voz altisonante ante los problemas vitales de África y Afroamérica. Allí están sus décimas "Congo libre", "Johannesburgo",  "De igual a igual", "Muerte en el ring". Miles de ejemplares se agotaron de inmediato. En sí es también una útil y hermosa trinchera de lucha.

El espíritu humorista y hasta zumbón no podía faltar. Es propio, connatural; le viene de antaño, que estando entre los que más han sufrido ―y sufren― aprecian más la vida, conservando siempre la alegría y las ganas de vivir, amar y gozar intensamente.

Y dice así:

Solo nuestro padre Adán
vivió libre de los cuernos 
porque nuestra madre Eva
no tuvo con quien ponerlos.

María puso a José
aquel misterioso cuerno.
Le dio por hijo a Jesús
siendo hijo del Padre Eterno.

Talara no digas "Yes"
mira al mundo cara a cara,
soporta tu desnudez
… y no digas "yes" Talara.




Décimas:

RITMOS NEGROS DEL PERÚ
(1957)

A don Porfirio Vásquez A.

Ritmos de la esclavitud 
contra amarguras y penas. 
al compás de las cadenas 
ritmos negros del Perú.

De África llegó mi abuela 
vestida con caracoles, 
la trajeron lo` epañoles 
en un barco carabela. 
La marcaron con candela, 
la carimba fue su cruz. 
Y en América del Sur 
al golpe de sus dolores 
dieron los negros tambores 
ritmos de la esclavitud

Por una moneda sola 
la revendieron en Lima 
y en la Hacienda "La Molina" 
sirvió a la gente española. 
Con otros negros de Angola 
ganaron por sus faenas 
zancudos para sus venas 
para dormir duro suelo 
y naíta`e consuelo 
contra amarguras y penas...

En la plantación de caña 
nació el triste socavón, 
en el trapiche de ron 
el negro cantó la zaña. 
El machete y la guadaña 
curtió sus manos morenas; 
y los indios con sus quenas 
y el negro con tamborete 
cantaron su triste suerte 
al compás de las cadenas.

Murieron los negros viejos 
pero entre la caña seca 
se escucha su zamacueca 
y el panalivio muy lejos. 
Y se escuchan los festejos 
que cantó en su juventud. 
De Cañete a Tombuctú, 
De Chancay a Mozambique 
llevan sus claros repiques 
ritmos negros del Perú.


SI EN VERDAD TANTO LA QUIERES
(1955)

Si en verdad tanto la quieres, 
si tu amor es tan profundo 
es preciso que la esperes, 
no se va a acabar el mundo.

Sus padres tienen razón, 
ustedes son dos mocosos 
que sueñan con ser esposos 
sin medir la situación. 
Ajustarse el pantalón 
y cumplir con mil deberes 
son sagrados menesteres 
que no se toman al vicio. 
Aprende bien un oficio 
sí en verdad tanto la quieres.

Ya sabes que su mamá 
te mira como a enemigo, 
no la deja hablar contigo 
y ni permiso le da. 
Y la vez que su papá 
te trató de vagabundo 
quisiste por un segundo 
darte golpes con el viejo...
Llévate de mi consejo
sí tu amor es tan profundo:

No frecuentes la cantina. 
No penetres al billar. 
Llega temprano a tu hogar. 
Usa cuello y no chalina. 
No te pares en la esquina 
molestando a las mujeres. 
Deja los vanos placeres 
que conducen al oprobio, 
y si quieres ser su novio 
es preciso que la esperes.

Verás cómo cambra todo 
y hasta el viejo te saluda; 
se disipará la duda 
que te salpica de lodo. 
Si no te encuentra beodo, 
si escucha tu hablar facundo 
aquel viejo 'tremebundo' 
te verá con ojo tierno. 
Paciencia y serás su yerno, 
no se va a acabar el mundo.


SALUDO A IQUITOS 
28 de julio de 1969

Por dar un fraternal abrazo 
a mis hermanos de Iquitos
traigo el alma de caimito 
y el corazón de aguajal.

Que o más de un canto amoroso 
merece honor y respeto 
la capital de Loreto 
y mayor puerto fluvial.

Soy un cantor de la costa 
que saltó las cordilleras 
por conoceros de veras 
y brindarnos un salud, 
con masato, camu-camu 
o un trago de fuerte huito, 
brindar por mi bello Iquitos, 
Paraíso del Perú.

Así como el Amazonas 
-boa gigante del mundo-
recibe el beso profundo 
que le prodiga el Nanay, 
así quiero que mi canto 
se quede en vuestras personas 
como zumo de coconas 
bajo techos de irapay.

Quiero un cebiche de paiche, 
un suculento timbuche, 
y para llenar el buche 
juanes de hojas de bijao. 
Que ante los sabrosos platos 
de mi hospitalario Iquitos 
se me abre más apetito 
que piraña o tatatao.

Salud, Provincia de Maynas;
Iquitos de mis quereres: 
tierra de bellas mujeres 
y hombres valientes, ¡Salud...! 
Os doy mi fraterno abrazo
con amoroso respeto
gritando ¡Viva Loreto!


INDIO
02 de junio de 1961

Indio de la cordillera, 
en tu desconfianza pienso 
pero penetrar quisiera 
a tu corazón inmenso.

Comprendo tu desconfianza 
y en verdad no te censuro, 
hay en tu pasado oscuro 
cuatro siglos de asechanza. 
La promesa de bonanza 
y la arenga patriotera 
no cuajan en tu sesera 
te muestras irresoluto 
y entonces te creen bruto,
 indio de la cordillera.

Indio no, sólo peruano. 
Voy hacia tu muda queja,
acerca a mi voz tu oreja
que no hablaremos en vano.
Yo, tu hermano; tú, mi hermano,
frutos de un dolor intenso... 
Si hablando no te convenzo, 
si animándote hago mal 
más que en justicia social 
en tu desconfianza pienso.

Hierve con sordo murmullo 
la sangre en tu pecho estoico
mientras altivo y heroico 
va solitario tu orgullo. 
Quiero luchar por lo tuyo 
como que si mío fuera. 
Déjame gritar siquiera 
tus tristezas en mi canto. 
No tiene puertas tu llanto 
pero penetrar quisiera.

Por la legendaria guerra juntos, muy juntos, llorar;
secar el llanto y luchar 
y reconquistar la tierra. 
En costa, montaña y sierra
sin un peruano indefenso
perforar un surco extenso
enterrar el mal pasado 
y revivir abrazado 
a tu corazón inmenso.

Publicaciones: Kolpa 4-5

 
 


REVISTA: KOLPA 4-5 / Grupo literario Kolpa / Pucallpa - 2013

Unos días antes de hacer esta presentación mi colega y amigo Ángel Héctor Gómez Landeo me trajo un libro, uno de los muchos que suele llevarme él para nuestras tertulias noctivagas, lo recibo y como por descuido lo dejo sobre el escritorio; des­pués de mucho hablar y transcurridas las horas y casi después de la medianoche lo vuelvo a tomar, miro la portada verdeoscura, la misma que tiene en un primer plano la sombra de un tigre otorongo, le sigue una robusta palmera amazónica que nos lleva a contemplar la cúspide del árbol en una extraña y estilizada pero hermosa garza ribereña y sobre ella la fir­ma del artista plástico "C CalvoA1". Me detengo en el título del libro y leo "Mal de gente", más abajo y en letras muy pequeñas mis ojos alcanzan a ver "(Motivos del amazonas peruano)" línea seguida dice "NOVELA" y casi al finalizar la portada "ARTURO BURGA FREITAS". Ya en la solapa, en la parte superior se puede leer la dedicatoria: "En AYAHUASCA", Arturo Burga Freitas nos había ofrecido una serie de visiones, con gran sabor folklórico, de la selva amazónica. Ahora en "MAL DE GENTE", aquel sabor se acentúa bajo la ficción sencilla de una trama sicológica, sin estridencias ni vértigos. Es la interpretación de un estado de alma creado por el paisaje, visto en quietud de hondura y en silencio de fecundidad. El ambiente, al margen de lumbraradas cegadoras y de truculencias torrentosas, aparece ganando para el hombre desencantado y entristecido de la civilización, una esperanza nueva..." JOSÉ GÁLVEZ2 Lima, 1943. Después de una viñeta continúa la otra dedicatoria: "Su libro me parece muy bien; es la selva vista desde adentro y por un artista modernista", JORGE BASADRE3.Todo el texto presentaba la impresión tipográfica de aquellos años en unas hojas que por el tiempo se habían vuelto amarillentas, en ellas se notaba a través de las huellas de sus usuarios que mi estimado amigo podría ser el lector número mil y tantos en los 70 años de publicada tan magna obra.

Sin duda estaba ante un original y una verdadera joya de la literatura amazónica perua­na, en la que muchos críticos invidentes a lo largo de los años le han prestado poca atención a la literatura de esta gran región amazónica y con ella tampoco han considerado a sus lec­tores y se han atrevido a publicar "rankings" a nivel nacional sin distingo de ninguna clase, puesto que un libro puede ser adquirido pero no leído y puede que pocos libros puedan ser vendidos pero multiplicados sus lectores como sucede con el libro descrito anteriormente, al igual que "Paiche" de Calvo de Araujo; "Sangama" de Arturo Hernández; "Pueblo y bos­que" de Francisco Izquierdo Ríos; "Mitos y leyendas de los Kikin Juni" de Odicio Román; "Leyendas y tradiciones de Loreto" de Jenaro Herrera; "Cuentos Amazónicos" de Hum­berto del Águila Arriaga; "La colpa endiablada" de Ulises Reátegui, entre otros clásicos de la literatura de esta parte de nuestro querido país, diverso en geografía, cosmovisiones, ecosistemas, lenguas y por la tanto en culturas.

De igual forma sucede con los escritores amazónicos contemporáneos, algunos de he­cho porque comparten esa realidad cultural y la sienten como suya pero alejados no solo de su terruño que pueden ser el Ande o la costa sino también de los concursos y de la prensa mediática. Estos artesanos de la palabra siguen en ascenso literario en la medida que sus creaciones llevan la premisa del poeta universal César Vallejo: "Toda voz genial nace del pueblo y va hacia él", razón por la cual sobresalen novelas como: "El árbol de Sodoma" de Jorge Nájar Kokally; "Las guerras secretas" y "El periodista", de Ricardo Vírhuez Vtllafane; "Hostal Amor" de Cayo Vásquez; "Los mil ojos de la ayahuasca" de Welmer Cárdenas Díaz; "Yacuruna" y "El árbol" de Miuler Vásquez González; "Tres novelas y un río maravilloso" de Eleazar Huansi Pino; "Fabulinka: ¡un reino en peligro!" de Edgard Bendezú Palomino; "La peluda gringa" de Heduardo Klemente. Podríamos seguir enumerando, pero las pá­ginas faltarían para destacar no solo la inmensa producción novelística sino también la calidad de las mismas.

Los cuentos también tienen levante mayor como en los escritos que hay en "Pájaro loco", de los que se ha hecho una tirada de cinco mil ejemplares en un diario local cuyo autor es Ángel Héctor Gómez Landeo; "Walnut" de Óscar Barreto; "Todas las vidas del gato" y "Zona piraña" de Carlos Alberto López Marrufo; "No se llamaba Blanca Nieves" de Edgard Bendezú Palomino; "Puzanga" de Jorge Luis Salazar, que dicho sea de paso ya cuenta con tres ediciones; "El tunchi enamorado" de Darío Vásquez; "El emperador invi­sible" de Walter Pérez Meza; "En busca del tiempo azul" de Rolando Mandujano Antonio; "De bellas y brujos, relatos de la selva" de Arturo Ríos Ramírez; entre otras obras de gran trascendencia literaria.

La poesía amazónica peruana tienen su vigencia y expresión estética en "Sacra de línea" de Luis Salazar Orsi; "Manuscritos de un Ermitaño" de Fernando Fonseca; "Latidos" de José Félix Maquén Gamarra; "Flores neuróticas" de Cristian Meléndez Obregón; "Dios y el diablo" de Arturo Bardales Carbajal; "Desde la misma selva" de Gavino Quinde Pintado; "Tiempo de palabras" de Ruperto Ríos Valderrama; "Antípodas de un mismo barro" de Humberto Zevallos Chávez; "Tridimensional convergencia" de Segundo E. Cavero Arista.

La crítica literaria amazónica trasciende nuestras fronteras nacionales y está cobran­do posicionamiento con importantes ensayos como "Reflexiones sobre literatura peruana. Una aproximación a la cosmovisión andinoamazónica" y "Mi pueblo verde" de Ángel Héc­tor Gómez Landeo, el último libro en coautoría con Walter Arturo Quispe Cutipa y Edwin Huamán Gómez; "De shamiros decidores. Proceso de la Literatura Amazónica Peruana (de 1542 a 2009)" y "Ciro Alegría y la Amazonia Peruana", ambos portentosos textos de consulta obligatoria, cuyo autor es el investigador y profesor universitario Manuel Marticorena Quintanilla; "La literatura en Ucayali" de Humberto Villa Macías y Germán Martínez Lizarzaburu.

Aun cuando puedo haber descrito la representatividad mayoritaria de las obras que re­basan el ámbito lector, geográfico y valorativo debo estar consciente que aún han queda­do textos sin mencionar, pero para ellos todavía queda el fichero abierto para ser incluidos próximamente y quizá con más lecturas hechas que las que he podido realizar ahora. Sin embargo, mi énfasis va en que la crítica mediática, como menciona el maestro Oswaldo Reynoso, no refiere en nada de las ediciones agotadas y de las miles de lecturas que han tenido estas obras que bien podrían ser bestsellers. Este medio no intenta, ni mucho menos, cubrir esos tramos, pero en su mínima edición trata de dar el lugar que le corresponde a cada una de las valiosísimas obras, una revista que ahora le dedica parte de sus páginas al hermano mayor de las letras olvidadas: José María Arguedas, y a ese espacio natural y cultural en el que prácticamente se originaron los escritores amazónicos ya mencionados líneas arriba: la literatura sanmartinense, con escritos formidables para ambos homenajes tanto de estudiosos nacionales como del extranjero, mi agradecimiento a cada uno de ellos por confiarnos una parte de sus vidas como escritores y académicos los mismos que son aceptados por la comunidad científica del país, y de Latinoamérica.

            Escribe: Abraham E. Huamán Almirón 
                   Director General
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1. César Calvo de Araujo (1910-1970), artista plástico loretano, poeta y autor de la descomunal novela amazónica "Paiche".
2. José Gálvez Barrenechea (1885-1957), llamado El «Cronista de Lima», poeta, abogado y político.
3. Jorge Basadre Grohmann (1903-1980), uno de los más importantes historiadores peruanos del S. XX.