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sábado, 27 de julio de 2013

Utopías y desvaríos (37)

 
 


Me has quitado el sueño, de hoy a la eternidad, y te has introducido en lo más profundo de mis deseos, a toda prisa, aguijoneando mis ánimos con punzadas de fuego y endureciendo estos músculos que llevo a cuestas en la privacidad de mi avance.

Si te veo venir, en sueños, o a través de una pantalla, imagino que tus manos me atrapan con precisión, cálidamente. Yo entonces me olvido de todo, incluyendo de mis obligaciones. En este tiempo, lo intuyes, lo sé, me domina la ansiedad y alguna esperanza disimulada en tus palabras.

Si te vas, no obstante, se pierde la magia, me cuesta adaptarme a otras formas. Y aun si busco una salida, lo que encuentro es un desenlace atroz, gélido, de adormecido final.

En mí, hay una gran necesidad de dar contigo, lo reconozco. Debe ser pronto, ni mañana, ni tal vez, ni nunca: hoy, en este instante.

Que entrambos no existan preguntas ni respuestas, tampoco miremos esa realidad que tanto asusta a los humanos comunes y corrientes, no hoy; más bien acércate, cierra los ojos y saltemos a esa consagración que nos aguarda en alguna cama.

Ven sin prejuicios, sin asustarte de mi esencia ni de la tuya, y asume que estás en el lugar de tus anhelos, rodeada de la poesía que alguna vez inspiró tu carne, o de esos versos rescatados del vacío, que son tuyos y que vas a poder escribirlos con tu cuerpo, a tu manera, balanceo tras balanceo.

Y me vas a gobernar... No importa: aquí estoy. Ejerce tu poder, aprieta mis órganos, succióname la vitalidad, atragántate de mi ser..., lo que quieras; yo, en tanto, he de mantenerme rígido, bondadoso, atento a tus órdenes. 

Enseguida, en la etapa de desolación ―que es la que antecede a la realidad―, la tregua, o el descanso, o la oscuridad, nos hará olvidarnos de todo rango jerárquico. Aquí nos detendremos, me abrazarás con énfasis, y yo te daré un beso en la frente,  hasta que los minutos, no más de diez, nos alerte del final.

"Ansío encontrarte", he de pensar por mi cuenta ―como ahora―, un segundo después de verte partir. 

(M.V.)

Ionósfera (14)

 
 


Jim Morrison: Gloria y Fuego
Escribe: Moises Dark

Es increíble que hayan pasado 42 años desde la muerte de uno de los músicos y poetas más representativos de la década de los sesenta: Jim Morrison, vocalista de The Doors, nacido en Florida (EE.UU), un 8 de diciembre de 1943. De sus excesivos hábitos, inmadurez y de su gran conocimiento literario ya se ha escrito mucho, aunque nunca parece suficiente. A quienes recordamos la desaparición física de  uno de los artistas más amados y odiados por la crítica, hoy, solo nos queda escuchar su poesía convertida en música.

Amante de la literatura y la pintura, logró graduarse como cineasta en 1965, pero decidió concentrarse en la poesía, que le apasionaba; también desarrolló un interés en el chamanismo. De niño presenció un accidente en el que una familia de indios resultó muerta. Según el propio Jim, fue la experiencia más formativa de su vida. De hecho, en varios de sus poemas y canciones hizo referencia al episodio. Jim decía que, tal como la leyenda asegura que si alguien ve un indio morir, el espíritu de éste va la persona; a él le habría pasado eso desde que vio morir a la familia de indios. 
En 1967 lanza su primer álbum con The Doors, que fue todo un éxito, especialmente con el tema: Light My Fire y, en 1971, lanzan el último álbum: L.A. Woman.

Ese año, por problemas policiales, Jim decide abandonar la música en su mejor momento. Con su novia, Pamela Courson, escapa a la capital del amor: París; ahí, solían dar largos paseos para admirar la arquitectura parisina. Jim se volvió depresivo; su estancia en la ciudad no fue tan idílica. En la madrugada del 3 de julio de 1971, Pamela encontró a Jim dentro de la bañera: había muerto. No hubo autopsia. Se declaró que murió por un paro cardíaco, según su acta de defunción. Existen personas que ponen en duda la versión oficial de su muerte, ya que las circunstancias fueron algo extrañas.

Varios testigos aseguraron ver a Morrison subir a un avión la misma noche que murió; otra versión, por aquellos años, afirma que el padre de Jim sacó el cuerpo de su hijo del cementerio para llevarlo a Estados Unidos.

También decían haberlo visto en Argentina; incluso en África. Otros detallaron que, Patricia Kennealy, una amante despechada y bruja, realizó un rito de vudú acabando con la vida de Morrison a distancia. Pamela, su novia, tras este incidente dramático se hizo más solitaria, aferrándose a los excesos propios de su difunto exnovio. Murió en el sofá de su apartamento de Los Angeles, California, en 1974 a los 27 años.

Son muchas las explicaciones que se tejen sobre este mito llamado El Rey Lagarto, como se autodenominaba él mismo, en referencia a uno de sus poemas favoritos escritos por él. Morrison murió a la edad de 27 años; ningún sacerdote obró una ceremonia. Sus supuestos restos mortales descansan en el cementerio de Père-Lachaise, en Francia, junto a grandes personajes de la historia universal.//

El Cuarto Rey

 
 


El Cuarto Rey  
(Introspectiva a uno de los personajes de "El árbol" (Novela), de Miuler Vásquez)

De entre todos los seres que desfilan por la desbordante imaginación y los relatos del personaje principal en "El árbol", el  Cuarto Rey se ha apoderado de mis inquietudes, infundiéndome una honda compasión y arrastrándome a reflexiones más profundas sobre el comportamiento humano. 

El hombre del monólogo lo tiene como favorito y semejante a él. Lo describe "bien parecido, luminoso, inteligente, prudente, soñador, grande en perspicacia, sensible a la naturaleza, fuerte…", así es el Cuarto Rey. De espurio origen, negado y casi sacrificado por su padre -el Tercer Rey-, persigue una quimera familiar que le acomodaría todo lo que desea: paz, descanso, riquezas…  Su idealismo pretende continuar la obsesión de sus antecesores: la posesión de un árbol único, particular.  

Empecinado en encontrar el árbol, no duda en abandonar su corto mundo, esencial, de dos. Su madre le ha prometido llevarlo en su búsqueda a la montaña, después. Ahora es el tiempo, piensa él y la abandona. No le importan las revelaciones de no retorno. Sueña, con esperanza firme, en mundos fantásticos, difusos. Y sin temor alguno, avanza, aunque en su desesperado intento de encontrar el árbol ansiado recorre el mundo hasta olvidarse de sí,  de su aspecto original. Ha debido preguntar en algún pueblo y le ha costado enfrentarse a una turba, que desconfiada, intentó matarlo. Infortunado, él huye y penetra en la montaña, escapando de la civilización que lo ha rechazado. Ahora, en el bosque, aislada su alma del temor, come, duerme y sueña siempre con su árbol. 

La montaña, casi en una señal, le ha permitido seguir buscando.  Desesperanzado ya, continúa una búsqueda desenfrenada que no tiene éxito alguno. Exhausto, cae, y en el instante inexorable de su muerte piensa en la madre que en desobediencia abandonó, apagándose, así, su vida humana. Mas el Cuarto Rey sufre una extraña transformación: es ahora una horrible y enorme flor de espinoso tallo. La alucinación del personaje nos conduce a la morbosa experiencia de ver que la flor es recogida; en un acto de fe, sembrada en un recipiente improvisado, para luego ser aplastada por un impulso insano, hasta extinguir su vida. El Cuarto Rey termina su existencia en los pies de un chiquillo dominado por la frustración.

La inexplicable muerte de la flor/rey acrecienta ese deseo de conocer la mente del personaje que, más allá de paciente psiquiátrico, es un fabulador excepcional por obra de su autor. Su voz, perturbada, suena como ecos filosóficos: "Nuestro árbol es uno grande, privado, infinito y absurdo, de esos que llevamos con nosotros a todas partes. Hay reyes dentro de él, espacios de maldad diseminada, corazones… ¿Pereceremos dentro de él…?" Es verdad. Todos tenemos un árbol que habita en nosotros, que se alimenta de nuestra sensibilidad, pero que expele también lo más denso y oscuro de nuestras emociones. 

La historia del Cuarto Rey es una interesante reflexión que expone situaciones reales de rechazo a las diferencias, a lo desconocido y nos plantea dilemas y retos sobre nuestra humanidad. Pero, sin duda, es más un homenaje a los idealistas y utópicos de siempre, a los que no han perdido la ilusión, a los que persiguen los sueños más disparatados de los que tantos se mofan, porque la realidad, a esos tantos, los ha tragado enteros. Y entonces hay que recordar por qué el Cuarto Rey sobrevivió en la montaña "…siguió con vida porque resplandecía de esperanza, porque su sangre llevaba ese fuego vivificador...".//

Escribe: Connie Philipps

Versos

 
 


PIEDRA ANGULAR
 / Jorge Nájar /


Imaginar el dardo en la fugacidad del instante
Tallarlo en la piedra y en el metal de la guerra 
En la más intensa oscuridad

Meter las manos en el fango de la historia
Hundirse con ella hasta quién sabe cuánto
Hasta quién sabe dónde

Y en sus rincones purulentos 
Encontrarse con lo indescriptible
En el dolor y en el goce

Salir a flote con una flor muy tierna 
Semejante a quien sale del fondo marino 
Con un monstruo que nunca ha visto la luz

Un niño perdido en el fondo de nuestras edades
Un dios  clavado en el nervio central
El núcleo del infinito

Llorar de felicidad por este primer día de la 
/existencia
Concebir el poema en la cruda desolación 
Concebirlo en la sangre 

Y una vez convertido en lingote de oro 
Salir gritando de las trincheras
¡Estas son mis flores! ¡Estos mis estandartes! 

Yo sé hacia dónde avanzo en lo más crudo del 
/invierno
ignoro por quién vuelan las águilas silenciosas 
Y sus parientes de cráneos colorados


Opinión

 
 


LA CORRUPCIÓN, UN PRODUCTO DE BANDERA
Carlos Villacorta Valles

La corrupción en el Perú se ha convertido en un producto de bandera, no solo por su alta rentabilidad: montañas de millones de soles que lavan altos "funcionarios" públicos, sino porque quedan impunes. Quienes encabezan esta dorada bandera es de conocimiento público ―presidentes de la República, ex presidentes, congresistas y ex congresistas junto a sus hijos(as), suegras, suegros, amigos y financistas de campañas y solapados.

Estos charranes y sus cánidos, nunca llenan este saco corrupto, declaran bandera conquistada y, se declaran "patriotas y candidatos para hacernos vivir mejor", ¿no será para aprovecharse mejor? Y llevarse los milloncitos de saldo que quedaron después de su gestión, si otra vez vuelven a "ganar". Por eso nos piden votos, pero nos miran como a parias. Ellos no tienen patria ni sociedad, la única patria y sociedad es el dinero que hurtan y sus "empresas".

Como señala Paulo Freire en Pedagogía de la Indignación: "Las leyes del mercado bajo cuyo imperio nos hallamos establecen, con rigor, el lucro como su objetivo principal e irrecusable, y el lucro sin límites, sin condiciones restrictivas a su consecución. El único freno al lucro es el lucro mismo o el miedo a perderlo".

¿Por qué volvemos a votar por ellos? ¿Quién nos quitó la memoria? ¿Quién nos vendió la indiferencia con la política y la cosa pública? Si roban al Estado nos están robando a todos nosotros. Cuando llegan las elecciones, todos los candidatos ya tienen su parte y luego nos emborrachan con poses y palabras beneficiosas que nunca honran. Hablan con su boca "democrática" y no con su consciencia porque la tienen sucia. Para ellos estamos en democracia, pero nunca lo practican ¿Hasta cuándo seguiremos cambiando nuestros votos por cajas de fósforos? ¿Hasta cuándo se estremecerá nuestra barriga con esos discursos que nunca se cumplen?

Casi todos los medios de comunicación, principalmente la TV., son los encargados de establecer la estrategia de divulgar, promover y hacerla rentable.

La corrupción juega un altísimo rol para motivar a postulantes a la presidencia de la República, Gobiernos Regionales, Congreso, alcaldías y direcciones de instituciones educativas, quienes se encargan una vez en el gobierno y a su estilo, sembrar más corrupción en todas las instituciones del Estado, convirtiendo a su vez a la corrupción en una demanda nacional y local de fácil manejo para el enriquecimiento ilícito, sin trabajar.

El Poder Judicial es la mesa de partes, para el Visto Bueno de la impunidad y, el Ministerio de Cultura, seguramente estará gestionando para que se decrete a la corrupción como patrimonio cultural.
El Estado es una plaza del mercado, una feria de corrupción ¿Quién chupa mejor el fisco? ¡Yo mamo! ¡Tú chupas! ¡Ellos nos salvan! ¡Ellos nos eligen!

Imagínese amable lector, una pomposa ceremonia de condecoración para estos "políticos" y "funcionarios" por haber levantado bien en alto este "nuevo" producto de bandera del Perú, solamente desde 1990, porque a partir de esa fecha se masifica, dando como resultado la absoluta degeneración de la ya pervertida actividad política y la democracia, porque los más finos y profesionales inclusive consignan falsamente su hoja de vida, diciendo lo que no son y no les pasa nada. Otros viven con todos los lujos y comodidades y nadie conoce sus actividades económicas que no sea la política y, tampoco nadie los investiga, ¿no creen que hay que empezar a mirar profundamente debajo del agua?

Tan apetitosa es esta demanda que ―paraíso económico para ellos―, faltando años para las elecciones, ya se están picoteando entre corruptos, de uno y otro lado chillan sin ningún pudor, cada uno se cree el K'ollana*.

Como cernícalos se alimentan mientras se ayudan, apenas se chocan se agarran a picotazos corruptos. Gracias a ellos, los niños y jóvenes pierden las esperanzas en nuestro bello país.

En este sistema ―que no es nuestro―, la moral jamás evolucionará con el rápido accionar de la ciencia y la técnica. Sin embargo, la moral evoluciona como pretexto para delinquir con la plata del ESTADO ―NUESTRA PLATA―. La moral cuesta lo que la economía cuesta. Sigue vigente lo dicho por Arguedas en Todas Las Sangres: "…casi todos son iguales. El más adulón, el más canalla, el más bruto… ¡Autoridad! O ¡Funcionario!" 

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*K'ollana: el mejor, el excelso.

viernes, 26 de julio de 2013

Ionósfera (13)

 
 


IMÁGENES PAGANAS: 
FEDERICO MOURA

Federico Moura, como se sabe, no es un nombre cualquiera en la historia del rock en español. A poco de cumplirse 25 años de su fallecimiento, que enlutó a buena parte de los amantes de la elegancia musical y de su finura poética llevada al formato canción. 

Federico tenía una personalidad muy fuerte que lo llevó a convertirse en un número uno. También su visión en las letras con mucho humor y su concepto visual en las presentaciones de la banda lo llevaron a ser un adelantado. Cuando uno escucha los discos de Virus es imposible dejar de percibir el aura de la voz de Federico. Se percibe su genialidad y calidad de artista, y como tal un ser impregnado de ese toque mágico que no se puede definir con palabras.

Federico Moura nació el 23 de octubre de 1951 en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires. Su vida estuvo llena de experiencias artísticas: un grupo en los 70's, un local de ropa, viajes por el mundo en búsqueda de nuevas experiencias y el nacimiento de una banda que marcó la música en los 80's y que sigue en plena actividad. 

A principios de 1987, en el mejor momento de su carrera musical, Moura recibió la terrible noticia de ser portador del VIH, una enfermedad por entonces casi desconocida en Argentina. Pese a los malos presagios, reunió fuerzas para lograr que Virus siguiera trabajando en una nueva producción, ahora con su hermano Marcelo como cantante, mientras que él decidió iniciar la grabación de un disco solista que jamás llegaría a completar y que aún hoy permanece inédito.

Hace un par de semanas se estrenó en Buenos Aires un documental muy a profundidad sobre la vida y muerte de esta leyenda latina, el cual refleja momentos de la creación musical del cantante de Virus, banda que lideró de 1981 a 1988. Su enigmática y elegante personalidad está presente en este trabajo.

Este documental busca homenajear e inmortalizar a un ícono de la música que va más allá del rock. Federico Moura aportó un estilo que está presente en varios artistas nuevos. Con su propuesta marcó un cambio dentro de lo musical y estético. Primero fue rechazado pero con el tiempo fue aceptado por el público. Marcó un antes y un después. En este video se puede apreciar mucho material valioso que aportaron algunos fans de Virus. El entorno familiar de Federico Moura fue fundamental. La palabra de sus hermanos músicos y de su madre fueron piezas fundamentales.

En una parte del video su madre cuenta que se mudó a vivir con él ya que la noche era el peor momento de Federico. Pasaron juntos su agonía, Moura murió a causa de un paro cardio respiratorio en la madrugada del miércoles 21 de Diciembre de 1988 resultado del VIH SIDA. La noticia trascendió ese día, y salió en los diarios el jueves 22. Se apagaba la luz de su existencia y brillaba una leyenda latina. 

  
(Escribe: Moises Dark)

Peruano ilustre: Eduardo González Viaña

 
 


Eduardo González Viaña (1941...)

Obras
Cuentos y relatos: "Batalla de Felipe en casa de palmas", "Los peces muertos", "Las sombras y las mujeres", "Varias mujeres y un fantasma", "La mujer de la frontera", "El tiempo del amor", "Los sueños de América", "El amor se va volando". 
Novelas: "Florcita y los invasores", "Sarita Colonia viene volando", "El lucero de Amaya", "Identificación de David", "El amor de Carmela", "Maestro Mateo", "Vallejo en los infiernos", "Quién no se llama Carlos", "El corrido de Dante". 
Ensayos: "El último vuelo de Supermán", "El veneno de la libertad", "La dichosa memoria", "Identidad cultural y memoria colectiva en la obra de Isaac Goldemberg", "El correo invisible", "Correo del milenio", "Correo de Salem", "Habla, San Pedro", "Don Tuno el señor de los cuerpos astrales".

Vida y personalidad literaria

Consagrado como uno de los mejores escritores peruanos vivos y de talla internacional. Nació en la región La Libertad, estudió Literatura y Leyes en la Universidad de Trujillo. Perteneció al grupo literario "Norte", que después sería "Trilce". Profesor universitario, periodista y siempre defensor de los derechos humanos.

Por "Batalla de Felipe en casa de palmas" (26 años), le fue otorgado el Premio Nacional de Fomento de la Cultura "Ricardo Palma". (1969)
Por "Identificación de David", obtuvo el Premio Nacional de novela "Universo".

Realizó estudios de lingüística y antropología en Europa (Paris).

Incansable viajero: haciendo periodismo llegó hasta Irán y fue testigo presencial de la caída de Shah.

Vuelto al Perú, realizó investigaciones de chamanismo. Se apoyó en las experiencias  del "Tuno", Eduardo Calderón. De estas experiencias surgen: "Habla San Pedro, llama a las brujas" (1979)

En la década del 90 se instala en USA como profesor universitario en Oregon y Berkeley y a la vez se consagra a "la defensa de los derechos de los inmigrantes latinoamericanos al trabajo, a la conservación de su lengua y su cultura de felicidad y vida". Surge así: "Sueños de América", libro que tuvo la valentía de presentar en el centro del puente internacional entre El Paso, Texas y Ciudad Juárez. De esta obra, su cuento "Siete noches en California", mereció el premio internacional "Juan Rulfo", de México (1999).

Premiada y traducida al inglés y al italiano, publica "El corrido de Dante" (2007). Llamada también la novela de la imaginación: "Un inmigrante mexicano ilegal se aventura por todo el territorio de USA en una furgoneta en busca de su hija desaparecida".

Sin perder su calidad novelesca, ni el aliento poético, "Vallejo en los infiernos", es una obra que sigue el proceso judicial que ocasionó la carcelería del poeta (1920). González Viaña, que también es abogado, desentrañó el expediente y demostró que todo había sido una aberración judicial y una trampa urdida por el juez y los enemigos del poeta para hundirlo en una prisión. La motivación política era coaccionar e intimidar a los jóvenes universitarios trujillanos, Vallejo entre ellos, a quienes las bestial explotación de los indios y campesinos habían llevado a protestas revolucionarias.

Si retornaba el poeta, solo le esperaba la cárcel. Ante la denuncia, la Corte Suprema inició una investigación: culminó con la plena reivindicación del poeta. 

Autor del "Correo de Salem", es invitado por nuestro país a participar en el gran "Plan lector". Da charlas de "Comprensión de lectura" en Escuelas y Colegios y escribe experiencias de niños y adolescentes en "Maestro Mateo", "Quién no se llama Carlos" y "El lucero de Amaya".

En el 2009 el Congreso Peruano le otorgó la Medalla de Honor en el grado de Gran Cruz.

Se recomienda seguirlo, sintonizándolo en el correo de Salem.


Relatos de E.G.V.

Toro

I. Nos lo quitaron con engaños. El escribano de panza, tirante, bigote de mosca y antiparras nos dijo que así  nos exigía don Feliciano el pago de la habitación perdida en la última cosecha.

Prefermos dejalo ir. Una noche quitamos las trancas. Era mejor así. Que se fuera. Que se llevara nuestro capricho de pobres.  Que trotara  por los caminos sin derrotero y sin Dios.

Cuando la gente del patrón vino por él, dijimos que se había escapado, que no sabíamos por dónde andaría. Mi mujer se puso a llorar fuerte y sin consuelo, como si hubiera perdido un hijo.

Para tranquilizarle y embaucar a los caporales, yo le decía que al patrón nada se le escapa y que otra vez veríamos en estos campos kas huellas de nuestro toro, su colita levantada, las vacas en celo, y una docena de terneros rodeándoloe.

Para nuestros adentros, el "Diablo" se iba corriendo, cortaba por las malezas orillaba los pantanos, saltaba arroyos y cercas, ascendía cerros inmensos y,  con un viento negro, bajaba después a los valles.

No tenía tiempo de acostarse en la yerba. No tenía tiempo  de dormir sobre   los pastos soleados y tranquilos. Se iba por caminos por nadie lo volvería a ver. Se iba a la región donde sólo vuelan pájaros libres, donde sólo viven bestias salvajes Se iba por los rumbos donde se esconden los fieros, donde hacen guardia los bandidos. donde se guarecen los hombres libres.

Pedíamos a la Vírgen que hiciera invisible al "Diablo". Que de negro toro lo trocara  en nube, relámpago o viento. Que lo juntara con los toros de la manada del Niño. Aquellos alegran las festividades, hacen bajar la lluvia, causan la preñez de los sembríos y se van por la montaña repartiendo milagros.

Nos hubiéramos contentado con que se metiera al corral de un pobre.

Rogábamos a la Vírgen que nadie atrapara al "Diablo", que lo dejaran ir.

II. Cuando llegamos a saber que el Teniente Gobernador lo había apresado nos sentimos hundidos. Porque a las aves, a los hombres valientes y a los animales libres no se los detiene. Porque ellos están en un lugar y en otro al mismo tiempo. Por eso nos pusimos rabiosos.

Hay razón. En estas tierras secas nunca se ha visto un animal como él. Lo trajimos de mi tierra. Es nuestro orgullo. Mi hijo  varón tiene su edad. "Diablo" es un solemne matrero. En la noche, enamora, roba, burla y encela. Por la manaña vuelve a la aventura con un trote inocentón.

     Es holgazán y fiero. Da gusto escuchar su bramido en las noches calmada de la costa,  noches sin nube, rayo o tormenta.  Su resoplido y sus cascos, su cara de maldito, el estruendo que arma y los lechuguinos que devora hacen que muchos cristianos se santiguen ante él.

Pero no se vaya a creer que es daniño Es un animal noble y de buena raza. Cualquiera lo puede comprobar. Basta co verle su lengua roja como una llamarada, sus cascos fuertes, su piel negrísima y brillante, sus cueros como del demonio y sus ojos que son siempre una amenaza.

Por eso nos da coraje que lo hayan capturado. Y ahora , estamos aquí en el campo, cubierto de sudor y de noche, arropados de yerba, temblorosos y anhelantes. Ahí está él y soscha que leo espíamos. Mira hacia todos los lados y le pide auxilio al infierno para vernos. Por eso no va a ser posible. No queremos  que nos vea porque los animales tristes pierden  su orgullo.

Hemos estado  aquí desde que se acabaron la tarde y el trabajo. Hasta que apareció esta luna llena, buena para cicatrizar toda clase de heridas.
Ya nos vamos a ir. Allí están los caporales y el toro junto a un arbusto. Y desde aquí, cerca del cerco, tras el alambre de púas, la rabia nos está entrando. No queremos imaginar cómo va a ser la vida del "Diablo"  Desde ahora, lamiendo apacible el pasto y olisqueando las estrellas del cielo. Con un cuchillo rojo le están arrancando su hombría. //


El pacto

―…Y pósate en el espino. Te ruego que abandones tu morada en cualquier parte del mundo en que te encuentres para venir a hablarme. Baja esta noche, ponte tu cara humana y tu poncho que vuela, y pósate en el espino.

Todos han olvidado a Florencio, a sus ralos bigotes y a su nariz respetable, y el sendero que conduce a su casa solo guarda sus huellas y las de su colorado jumento. Pero todos recuerdan que tiene una botija repleta de tesoros y que ha empeñado su ánima al demonio.

Un día la gente de Santa Rosa decidió tratar a Florencio como a un extraño; no escuchar su voz pegajosa ni detenerse a mirar su silueta chupada, amarillenta y negra como plátano reseco; no hablarle, no apretar jamás aquellas manos filudas, lentas, y malas.

Eso fue durante el año de la Peste. Y no es que Florencio fuera el causante. No quiero decir eso. Pero sí que se portó como un arrastrado.

Ese año, los becerros nacían azules y las vacas, al concebirlos, se inflaban hasta reventar. Ese año, las chacras se secaban y los pastos eran segados de noche por las almas. Durante las noches claras, la Muerte corría loca por el valle llevándose nuestras terneras, nuestros bueyes, nuestros toros.

Era una Muerte blanca y dejaba cuernos, dientes y calaveras blancas. Nadie podía saber por qué se llevaba nuestros animales flacos. Todos se preguntaban qué tenía la muerte contra nosotros.

Todos saben que Florencio no había sido dueño de nada, antes de ese año, y que había vagabundeado a veces por los campos y las chozas pidiendo comida. Todos saben eso.

―¡Ven, Lucifer! ¡Ven, Lucifer!

No era explicable cómo, al secarse las acequias y al convertirse nuestro valle en cementerio, los escasos pastos de Florencio se acrecentaran milagrosamente y su pareja de bestias se convirtiera en recua, con empeño admirable.

El dinero le sobró para adquirir las tierras colindantes: aún así, anduvo con mañas y regateos; y mientras nuestros animales, flacos como espíritus, seguían dejando sus huesos en los campos, su cerca, alta y oscura, impidió la entrada de la Muerte.

Cuando corrió la voz de que Florencio guardaba un secreto para detener la Peste, nos apresuramos a cruzar la cerca y a pasar bajo los tres portones que había colocado a la entrada de su terreno.

―¡Alto allí! ―nos gritó―. ¡Alto allí! ¿Qué quieren? ¿A qué vienen?... ¿Su ganado?... ¿La peste?... ¿Y yo qué tengo que ver con ganado ajeno? Cuídenlo mejor que yo sabré cómo cuido al mío… ¡Fuera, carajo!...

Nos fuimos. Angelino Gil juró que los animales de Florencio hablaban con voz de cristiano y que sus ojos despedían destellos.

Entonces todos comenzaron a imaginar el pacto. El Demonio, posado en el espino, habría dicho:

―¿Qué quieres Florencio? ¿Por qué turbas mi reposo?
―Te he llamado para pactar contigo. Quiero que me des todos estos campos y animales y que el calor y las aguas me sean propicios.
―No puedo acceder a tu demanda sino a condición de que me vendas tu alma para dentro de veinte años.
―Prometo al Gran Lucifer recompensarlo dentro de veinte años por todas las riquezas que me dé.
―No puedo acceder a tu demanda.

Florencio insistía.

―¿Por qué vuelves a atormentarme? Si me dejas en reposo te daré lo que quieras a condición de que me consagres una moneda los primeros lunes de cada mes y de que no me llames sino un día a la semana: el viernes.
―Recoge tu pacto. Ya lo he firmado.
―Espérame dentro de veinte años.

Y alzó el vuelo.

Eso es lo que todos recuerdan. De Florencio no se habla. Pero todos saben de memoria el diálogo que sostuvo con el Maldito. A muchos vecinos se les ha visto caminar el viernes con un cirio bendito por el cementerio: parece que ninguno ha obtenido resultados.

Nadie estrecha las manos de Florencio. Nadie le habla ni conoce su casa.

Pero un día de estos se cansarán de no verlo y vendrán a espiar, se deslizarán bajo las trancas y lo encontrarán ensangrentado y mirando la ventana. Dirán entonces que pasaron los veinte años.//


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Medalla de Honor en el grado de Gran Cruz, por su destacada literatura peruana, por su amplia y fructífera labor periodística en defensa de los derechos humanos y por su intensa actividad en favor de los derechos de los inmigrantes en el mundo.

En el puente entre Usa y México, en el Paso (Texas) y Ciudad Juárez: «Washington tiene que comprender que globalización significa a la vez libertad en el flujo de capitales y mercancías como libertad en el paso de la fuerza de trabajo. Además, los inmigrantes latinoamericanos en este país hacen trabajos que no son aceptados por la gente de aquí, abaratan el costo de los productos alimenticios, pagan impuestos sin recibir beneficio alguno por eso y son sumamente importantes en el espectacular crecimiento de la economía. Alan Greenspan lo ha reconocido.»  E.G.V.

Utopías y desvaríos (36)

  

 
 

Abro mis ojos y te veo;  los cierro y te siento: eres mía, lujuria. Estás acumulada en cada poro de mí, esparcida en mi grasa. Conmigo, tú, vas de la mano, encarnada en un nombre.

Si me detengo a contemplarte, me derrumbo en el deseo, te acorralo con ansias…, e intento todo, lo que se debe en estos casos. No siempre me correspondes, o sí, lo haces a tu modo, en un espacio de dos, o en mi sepulcral refugio, allí donde reposa un cúmulo de libros.

A veces me alimento de sinsabores, por puro morbo, abierto a una indigestión de dudas que seguramente ha de hacerme verter lágrimas, pero que luego me colmará de seguridad, porque así siento que me ocurre, no sé por qué. Ahí es que surgen las preguntas y me transporto al pasado, en un viaje a rienda suelta, con muchas suposiciones al hombro, obviando todo sentimiento, mío y ajeno; ahí, en ese trance, me desconecto de la lógica, vivo en lo absurdo, erradico la confianza y, caído, agonizante, desesperado, busco valerme de algún consuelo que sé, no ha de ser fácil encontrar. Enseguida las promesas, nuevos vientos…, es fácil saber lo que viene.

Quédate lujuria, acompáñame en este tiempo, recurre a mí cuando te necesite, sin miramientos, dispuesta, acomodada a mis excentricidades tales cuales vengan.

No pretendas no reconocerme en la distancia de tus abismos, si del otro extremo, donde mora la frialdad, el dolor te cogiese desprevenida. 

Descúbrete ante mí, por convicción, sin palabrería: me vas a impresionar, ¡no dudes! Enseguida adéntrate a mi morada, con calma o en agitado avance, de la forma que elijas.

Y aquí estaré, hoy y siempre, hasta que se nos agote este tiempo terrenal. 

¡Lujuria! ¡Nos pertenecemos!

A ti, yo te prefiero rodeada del vacío, al natural, sin adornos ni ostentaciones. 

Tú, en cambio, quieres mi aire, y mi sangre coagulada, y mi carne… Yo te doy, ven: abre la boca y exhibe tu cuerpo. 

(M.V.)

Libros: Hostal amor

 
 


Hostal amor (Novela), 
de Cayo Vásquez Pinedo

Bullanguera, alegre, colorida, desbordante y calurosa, así es Iquitos, la urbe; el escenario perfecto para expresar el amor tal cual es: fresco, sincero, carnal y tierno, a veces.

De entre sus luces y alegría ha surgido una novela de amores encontrados, de caracteres diversos como suelen ser los amores apasionados. Son trece historias coordinadas, que se entrelazan y concurren algunas –doce en realidad– en un hotel cualquiera, algunos sórdidos, otros, finos y lujosos. Todas expresan el amor en sus más variadas formas: son extravagantes y sorprendentes; amores arrebatados y confusos, acosados por intensos apremios, desesperados, en constante éxtasis; amores prácticos e interesados, con historias personales llenas de dramatismo, lujuria y desencanto, pues la vida se ha encargado de afirmar esta gran verdad con su crudeza.

Todas estas historias nos aseguran pase a un contexto que podría corresponder a cualquier lugar. Pero es Iquitos el escenario especial que Cayo Vásquez quiere para sí, para Hostal Amor. 

El escritor retrata prostitutas caras y exquisitas, como a aquellas pobretonas y viejas, a un homosexual que apuesta por un poco de amor aunque mal le paguen, a alguna niña bien extremadamente deseosa de experimentar su "primera vez" vez con alguien especial, tan igual que a un viajero que acostumbra comprar sexo, a un policía corrupto y decepcionado, un abogado con familia y seductor de chiquillas, y otros más… pero todos creyentes del amor en todas sus manifestaciones, las historias así lo reflejan, y de entre ellas me han gustado tres.

Loribet, prostituta de burdel en decadencia, es especial y, a pesar de su tristeza y soledad, cree que tiene derecho al amor y le arrebata a la vida un poquito de su calidez en un intento de ser feliz con Elmer, un policía homofóbico que se manda sus "jaladitas", a quien el escritor describe como "un mal poeta del orden cuya fuerza emana de los agujeros putrefactos de su débil sociedad".  La rudeza con que Loribet se expresa la hace particularmente interesante: "Una puta es igual de puta que cualquier otra puta, no importa si cobra dos soles o mil soles, todas nadamos en la misma mierda, con su mismo color y olor", afirma. 

Rafica es otro personaje singular: Ella vive con desenfreno sus días de estacional apasionamiento por Jair, un vividor de 21 años; y entre su salón de estética y su desbordado amor nos conquista a través de sus sentencias con sabor a reflexiones: "En esta porquería de pueblo no se puede ser lo que de verdad uno es, siempre hay que aparentar", luego añade: "Ser maricón no es malo, tampoco es una enfermedad, la maldad está en los ojos de los que nos apuntan y nos sentencian como delincuentes. Si uno es chivo eso no te hace malo ante Dios, porque yo he venido a este mundo así como soy, y todo lo que he hecho no lo he hecho por malo. Diosito lo sabe muy bien". ¿Quién podría contradecirla?

Una historia final muestra la dimensión verdadera del amor, en su ternura infinita y complaciente de lo que debe ser: comprender las limitaciones, aceptarlas y amar sin condiciones, así, con dulzura. Don Marmansho, en el ocaso de su vida se ha enamorado de  Erlinda, viuda como él. Sus dudas nos colman de simpatía. "¿Con qué se puede encantar a una mujer que no tiene más vida que esperar su muerte?", inquiere, y continúa, seguro de que es así: "A nosotros los viejos solo nos queda una vida de costumbres, sin sueños, sin esperanzas". Nada más lejano de lo que piensa su amada: "Dios sabe que hay amor, yo le quiero mucho, nos acompañamos y nos ayudamos a vivir. Él es como el hijo hombre que siempre había querido cuidar y el amante que siempre me había faltado. Imagínense, ¡a mi edad!". 

El lenguaje de los protagonistas es franco, crudo, desprejuiciado, escandaloso a veces y espontáneo, como se suele hablar en la selva. Se describen relaciones entre seres cargados de sueños, ambiciones y esperanzas, presente en el amor que todos los días vemos aquí y allá, en cualquier parte. Es así que sus personajes no dejan de estar en cualquier ciudad, con sus historias comunes. 

"Hostal Amor" es una novela atrevida y desprejuiciada. Su escaso tiraje inicial y el impacto causado entre los lectores la han convertido en una novela de culto, buscada con avidez y recomendada con fruición, ese es su valor agregado; pero no es la gran novela amazónica de los últimos tiempos como algunos críticos afirman. Todavía espero, que la literatura amazónica, "la más viva, festiva y erotómana de la literatura peruana", en palabras de Javier Garvich, nos entregue una de sus obras más extraordinarias.

Escribe:  Connie Philipps

Apuntes / Ensayos

 
 

La conciencia social en el Perú
Daphne Viena Oliveira

Conciencia del latín cum scienfía (con conocimient), se define  como el conocimiento que el sujeto sabe de sí mismo y de su entorno. Es decir, el entendimiento que el ser humano tiene de su propia existencia lo cual  le posibilita  enjuiciar sus acciones entre buenas y malas. Entonces, para tener conciencia se necesita de una inteligencia que juzgue, y un conocimiento previo que sea la base en que se apoya este juicio moral. 

Tener conciencia social es estar conciente de lo que sucede con las personas que viven en la comunidad y cómo el entorno puede beneficiarlas o perjudicarlas. Esto posibilita diferenciar lo que es bueno de lo que es malo para una comunidad. Al realizar correctamente esta función  mental se estará ejecutando acertadamente el instinto de protección. La racionalización del ser humano le permite poseer la capacidad cooperativa logrando de esta manera desarrollar una  inteligencia social.

El instinto de protección es el resultado de una función mental que poseen todos los seres humanos que no se encuentran en un estado patológico de ninguna índole que pueda impedirles diferenciar lo bueno de lo malo; sin embargo, nuestros gobernantes han demostrado a través de los años no haberse dado cuenta de ello y han caído en un proceso de errores constantes que desdicen su responsabilidad frente a la nación que le concedió su confianza. 

Hechos como la entrega de  tierras fronterizas a países extranjeros (Colombia, Brasil, Ecuador; a Chile, mar y tierra de nuestro Perú), la entrega en "concesiones" de las tierras y los ríos amazónicos sin consulta a la población, la matanza en las prisiones del Frontón y Lurigancho, la orden de desalojo que provocó la matanza entre peruanos en la localidad de Bagua, los casos de lesa humanidad que fueron ordenados desde palacio con premeditación y alevosía; añadido a esto, la creación sistemática de una cultura corrupta sostenida en las altas esferas del poder, que ahora se practica como una acción común que transgrede las normas de los valores morales de los seres humanos que habitamos en este país; es la herencia no apreciada que muestra la falta de inteligencia social de los gobiernos en toda la historia de la república.

Algunas autoridades, organizaciones no gubernamentales, universidades, ministerios, etc. dirán que se han realizado proyectos en los que se han planteado objetivos con metas y con exorbitantes presupuestos para erradicar la pobreza y la desnutrición. Es posible, pero todos sin éxito, sino, ya no existieran niños desnutridos y el aumento de la población alcohólica en todos los niveles, en todos los pueblos de San Martín y en el país; situación alarmante ésta que no está siendo considerada como un problema que impide la producción intelectual con sabiduría y conciencia social, es posible también que este hecho sea el causante de que no se formen líderes con visiones originarias para solucionar los problemas sociales del país. //

Relato: Rosas y pistolas

 
 

Rosas y pistolas

Julián Rodríguez Cosme

Una terrible pesadilla lo sacudió y despertó sobresaltado. Por los resquicios de la persiana se filtraban delgados rayos de sol invadiendo el recinto. La temperatura había calentado la atmósfera. Quizás por eso sudaba. Al menos eso pensó. Pronto advirtió que estaba mojado: su vientre y su pecho se hallaban completamente empapados. "Qué raro", susurró. Y apuntó los ojos a su abdomen. Lo que vio lo sacudió aun más. Aquel líquido que humedecía su cuerpo no era sudor, tampoco agua: era sangre.

Imágenes difusas le llenaron la memoria. Giró su vista al lado derecho de la cama y allí estaba ella, en medio de un charco de sangre.

Fue en ese instante que recordó que media hora antes había salido temprano de la fábrica donde laboraba como mecánico de planta. Amaba a su mujer y quiso sorprenderla con un ramo de rosas. Él siempre fue así: impredecible, detallista, romántico. Si no era un osito de peluche, era una cajita de chocolates u otras cosas con que sorprendía a Carmela, su hermosa mujer.

Además, ese día era una fecha especial: cumplían dos años de casados y acordaron salir a cenar a un restaurante de la ciudad. Por eso salió temprano del trabajo. Y ahora se encontraba allí, subiendo al tercer piso del edificio, a su departamento.

Al llegar, introdujo la llave en la chapa, la giró y abrió la puerta. En silencio buscó a su mujer en la sala, en el comedor y en la cocina. Pero ella parecía no encontrarse en casa. "¿A dónde se habrá ido?", pensó.

De pronto, oyó susurros y gemidos desde el dormitorio. Aún con las rosas en la mano, corrió a su habitación. Le fue fácil entrar, el picaporte no tenía puesto el pestillo. Lo que vio adentro fue como el impacto de un rayo que estremeció su cuerpo entero. Carmela se hallaba desnuda debajo de un hombre de piel cobriza, y se agitaba al compás del amante.

Por un momento no supo qué hacer y se quedó paralizado, cobijando pensamientos confusos, oscuros, con color a muerte.

Carmela se zafó de su amante y observó con pavor a su marido, quien, saliendo de su asombro, pegó un grito que estalló en el recinto. Mentó la madre. Carajeó. Hizo puños. Maldijo. Encolerizado, fuera de sus cabales, se dirigió al ropero. Abrió el compartimiento superior y cogió una caja de metal parecida a una urna. Y extrajo una pistola Taurus. 

Su esposa, viéndolo fuera de sí, dispuesto a todo, imploró: "No, Ignacio, no. Perdóname. No quise hacerlo. No sé qué me pasó. Déjame que te explique". Entre tanto, el hombre de piel cobriza salió disparado de la habitación.

Ignacio quitó el seguro de la pistola, la rastrilló y salió tras él. Desquiciado, descendió los pisos inferiores hasta salir a la calle, pero el hombre ya no estaba. Maldijo otra vez. Y los pensamientos oscuros terminaron por inundar su cerebro. 

La sangre le hirvió y achicharró sus venas y arterias. Los celos y la ira corroyeron sus entrañas. Algunos peatones al verlo armado agilizaron el paso con temor. Pero él no los vio. En sus ojos y en su mente se multiplicaba la escena de su mujer desnuda debajo del amante. Maldijo una vez más y volvió a su departamento.

Fue directo al dormitorio. Carmela, ya vestida, se disponía a huir de su cólera. Pero él la cogió de los cabellos y la arrastró hacia la cama. Le arrancó la ropa y, mientras la insultaba, la violó con furia. 

Después la encañonó en la cabeza. Ella, completamente aterrada, imploró, gritó, rogó. Le pidió perdón de rodillas. Incluso le besó los pies. Pero él no se inmutó ante sus súplicas. Tenía la cabeza hirviendo de rabia.

Afuera, en los pasadizos del edificio, los vecinos se agolparon sobresaltados por los desgarradores gritos que provenían del departamento de los Pérez. Murmuraban. Preguntaban qué acontecía. Algunos, que vieron salir despavorido al amante desnudo, tejían hipótesis sobre lo que había ocurrido. En eso… ¡Banggg…! Se escuchó un disparo. Luego otro. Y otro más.

Los vecinos chillaron sobrecogidos de miedo. Algunos volvieron a sus departamentos, otros salieron a la calle. Llamaron a la policía.

Dentro del departamento, donde se suscitaban los hechos, en el dormitorio, Ignacio se encontraba sentado en la cama. Cansado. Ido. Sumergido en el abismo de la angustia. Lucía el rostro desencajado. Había perdido el juicio. Había perdido, también, la noción del tiempo. A su lado yacía su esposa. Inerte. Todavía tibia. Pero muerta.

Agobiado por la culpa y los celos, se recostó al lado del cadáver. Cerró los ojos un momento y se quedó dormido. Pero no por mucho tiempo. Solo un par de minutos. Pues la sangre que brotaba del cuerpo de Carmela invadió también el suyo.

Sintió sus manos y su vientre empapados. Por un instante imaginó que tuvo una pesadilla. Pensó que sudaba. Pero no. Pronto advirtió que no fue una pesadilla. El cuerpo inerte de su mujer lo devolvió a la realidad y entendió que se había convertido en un asesino. ¿Cuántos años le darían por eso? ¿Quince, veinte, treinta o cadena perpetua?

Pensando eso, observó con mirada inexpresiva las rosas tiradas en el piso. Las mismas que, media hora antes, comprara para ella. Su maldita Carmela.

Absorto, siguió contemplando las rosas. Poco después, se apuntó el arma a la cabeza.



Y ahora está allí. Pensando. Meditando. Divagando. Observando un vacío lleno de dudas. Mirando nada. Con una pistola en la cabeza queriendo halar del gatillo.

De afuera llegan fuertes pisadas desde el primer piso. Los policías están subiendo la escalera. En el trayecto quitan el seguro y rastrillan sus armas. Siguen subiendo. Se están acercando. Vienen por él.//

Personaje ilustre: Mario Benedetti

 
 


Mario Benedetti (1920 - 2012)

Obras:   Poesía: "La víspera indeleble", "Poemas de la oficina", "Inventario".
Cuento: "Montevideanos", "La muerte y otras sorpresas", "Con y sin nostalgia", "Esta mañana y otros cuentos". Novela: "Quien de nosotros", "La tregua", "Gracias por el juego", "Primavera con una esquina rota". Ensayo: "Marcel Procest y 
otros ensayos", "Letras del continente mestizo". Teatro: "Pedro y el 
capitán". / Muchos otros trabajos quedaron inéditos.

Vida y personalidad literaria

Uno de los más grandes escritores latinoamericanos del siglo XX que participó activamente en su avance y transformación social. Poeta y narrador uruguayo, nacido en Paso de los Toros. 

Desempeñó diversos oficios: vendedor, contador, cajero, periodista, traductor y funcionario público.

Se adhiere activamente a la causa revolucionaria, por lo que tiene que exiliarse tras el golpe militar en su país. Estuvo en: Argentina, Perú, Cuba y España.

Con Ernesto Cardenal, son iniciadores de la poesía coloquial en el 50. Aborda un  tema hasta entonces no tocado por nadie: el mundo de las oficinas y del pueblo trabajador, las secretarias en el ascensor yendo a servirse refrigerios, los novios en el cine, el trabajo de la gente en la ciudad, lo individual y lo colectivo en el ajetreo de la gran urbe. Lo vemos en "Poemas de la oficina". Muchos de sus poemas han sido musicalizados. Jamás sus cuentos y poemas se desprendieron de la realidad inmediata. Los personajes de la clase media son presentados con hondura psicológica y cálido sentimiento de fraternidad y amor. Luchan contra la gran urbe de fierro y cemento para no deshumanizarse, más bien vigorizarse conservando su individualidad cada uno de estos héroes anónimos. Es ese sentido, sus temas se universalizan mostrando los mismos problemas que se dan en todas las ciudades del mundo. Así se siente cuando recorremos sus poemas reunidos en "Inventario".

En sus cuentos denuncia las verdaderas relaciones humanas disfrazadas por los verdaderos convencionalismos sociales y otras tensiones de la vida moderna. Lo acompaña siempre con la crítica mordaz, la ironía social, el humor y la sátira, unida al testimonio directo y dolorido, pero apuntalando con la reflexión política. Su lenguaje es sencillo, el de la gente que se ajetrea trabajando. Con sinceridad y fuerza denuncia la frustración social.


La noche de los feos

1
Ambos somos feos. Ella tiene un pómulo hundido, desde los ocho años cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, desde mi adolescencia. Sus ojos como los míos están llenos de resentimiento, nada tiernos, ni reflejan la poca resignación para enfrentarnos a nuestro infortunio. Quizás eso nos haya acercado. Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola; allí fue donde nos examinamos y registramos nuestras soledades. Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una hojeada a mi vieja quemadura. En la penumbra podía distinguir su hermoso pelo rubio, su lado normal.

La esperé a la salida y luego la invité a que charláramos un  rato en un café o en una confitería. De pronto aceptó. Nos sentamos y mientras esperábamos los helados, miró el local. "Un lugar común ―dijo―, tal para cual". Hablamos largamente, más de hora y media. Lo hicimos con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad. "Usted se siente excluida del mundo ¿verdad?". "Sí". "¿Usted admira a los hermosos y normales?" "Si" "Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo". "¿Algo como qué?" "Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámelo como quiera. Prométame no tomarme por un chiflado". "Prometo". "La posibilidad es meternos en la noche, ¿me entiende?" "No". "Tiene que entenderme, lo oscuro total. Donde usted no me vea. Donde yo no la vea. 

Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?" Se sonrojó. "Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca". Ahora sí me miró, preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico. "Vamos", dijo.

2
Apagué la luz y corrí la doble cortina. No quiso que la ayudara a desvestirse. Por mi parte estiré cautelosamente una mano hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron. En ese instante comprendí que debía superar aquella mentira que yo mismo había fabricado. Me armé de coraje y lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. Mis manos pasaron muchas veces sobre sus lágrimas, y cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.//

              (Cuento condesado por  O.G.S.)


Gracias vientre leal

"A nadie", había dicho el Colorado, esa noche, "ni siquiera tu mujer debe saberlo". Al día siguiente, temprano, tendrían que llevar a cabo, con Alfredo, la peligrosa misión. El riesgo que corrían implicaba guardar el más absoluto silencio. "¡Ni a tu mujer, ya sabes eh! Bastante caro hemos pagado ya eso y otros liberalismos".

Como siempre Marta le esperaba en la cena y estaba más linda esa noche, con su vestido azul, tanto que a él le vinieron unas ganas tremendas de quitárselos. "¡Que linda estas hoy!", le dijo. "¿Hoy nomas? Voz en cambio estas feo", bromeó ella. "El hombre es como el oso". "Sí, mientras más feo, más espantoso". "Mira, no limpies la cocina esta noche. Déjalo para mañana. Ven, quiero quitarte yo el vestido". Extrañada ella dijo "¿qué pasa amor?" "Nada", le respondió. "¿Y usted no se piensa desvestir, compañero?" Marta advirtió que esta era una noche excepcional. No sabía la razón; pero cuando lo sintió emocionarse hasta las lagrimas, pudo suponerlo. Ya no fueron tan necesarias las palabras en el cariñoso lenguaje "cifrado" del amor: quedaron fatigados, satisfechos, unidos.

"Hacía mucho que…" "Sí, ocho años de casados. Decime: ¿pensás seguir militando?", preguntó ella. "A veces tengo miedo, todo se está complicando. Ya han caído tantos". "Ten cuidado: no asumas riesgos mayores". "¿Vos me quisieras si me acobardo y flaqueo?" 

Sumida en la sinceridad, así le habló: "No sé, pero es que… creo que te querría igual. Estoy contenta porque nosotros andamos bien. Lo del país me amarga claro, pero te confieso que todavía no soy tan generosa para anteponer el destino del país al nuestro. Para mi vientre vos sos mi único compromiso. Lo que pasa es que soy un vientre leal ¿No crees?" Él la abrazó fuerte. Se durmieron de a poco, confortándose con la piel del  otro, como si el simple tacto los pusiera a salvo de aquella desgracia.

Cuando aclaró, el se despejó por completo. Marta dormía boca abajo, sin sabana: realmente una gloria. Se vistió rápido y en silencio, y antes de irse garabateo en un papel: "gracias vientre leal".

     (Cuento condesado por  O.G.S.)


oh quepis, quepis, qué mal me hiciste

1.  El obrero le dijo al militar progre­sista: "Buenas intenciones tal vez, pe­ro serás mandón hasta la muerte". El militar progresista le dijo al blanco nacionalista: "¿Querés que te sea franco? Tu reforma agraria cabe en una maceta". El blanco nacionalista le dijo al Batllista: "Lo que pasa es que ustedes siempre se olvidan de la gente del Interior". El batilista le dijo al demócrata cristiano: "Yo es­cribo dios con minúscula ¿y qué?" El demócrata cristiano le dijo al so­cialista: "Comprendo que seas ateo, pera jamás te perdonaré que no creas en la propiedad privada". El socialis­ta le dijo al anarco: "¿No se te ocu­rrió pensar por qué ustedes no han ganado nunca una revolución?" El anarco le dijo al trosco: "Son un gru­púsculo de morondanga". El trosco le dijo al foquista: "Estás condenado a la derrota porque te desvinculaste de las masas". El foquista le dijo al bolche: "También ustedes tuvieron delatores". El bolche le dijo al pro­chino: "Nosotros nos apoyamos en la clase obrera: ¿también en este nos van a llevar la contra?" Y así sucesi­vamente. "Apunten ¡fuego!", dijo el gorila acomodándose el quepis, y un camión recogió los cadáveres.               (Fragmento)



¿Qué les queda por probar a los jóvenes?

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.


Poemas de Miuler Vásquez González

 
 


Cansancio

Cansado
me he de levantar 
desde los escombros.

He de arrimarme
por entre tus piernas
hasta llegar a tu busto
y mamar de esa sabiduría
que tanto necesito.

No he de morir.
antes de aplacar mi sed

No,
si de tu soplo vital 
no me sirvo.



Quiero

Quiero tenerte cerca, hoy,
encima de mí.

Quiero
imaginar tu sonrisa
y masturbarme
saboreando 
el color de tus dientes.

Quiero amarte sin paz,
sabiendo de tus amores.

Quiero,
te quiero.



Pareces un ángel

Tus ojos
son el relieve
de la inocencia.
Tu sonrisa
es la sombra del sol
reflejada en la luna.

Tus cabellos
son estrellas 
orientadas en líneas...

Tus senos
son dos cordilleras
inexploradas,  
densamente cubiertas
por un manto privilegiado.  

Pareces un ángel;
pero no lo eres.

En tus ojos 
la inocencia se esconde
cuando me miras con deseo.

Tu sonrisa, 
a la luz de la luna,
se vuelve jadeo.
Tus cabellos se enredan 
en mi universo 
con forma de manos.

Tu busto 
se muestra en la oscuridad
y mis ojos no descubren
lo que mis manos sienten.

Pareces un ángel;
pero no lo eres.


Soy

Soy, la parte oscura de las sombras,
el vacío que no existe,
el viento frío de la noche;
soy esa canción que a lo lejos
se pierde entre rumores.

Soy el destino inconcluso
del fuego que no quema,
de esos rayos que congelan,
de la esperanza rota.

Soy el que fue vencido,
el que no soportó el dolor,
el que vio su vida esfumarse,
el cobarde suicida.

Ese soy yo,
el que alguna vez 
en un día soleado
se tragó la paz.

Soy... no sé lo que soy,
tal vez no sea nadie,
tal vez, mi cuerpo ya no esté
y mis palabras no existan.

(Del libro No es nada personal)

Presentación: Yakuruna

Una experiencia inolvidable, el compartir con jóvenes estudiantes mi experiencia vital respecto a la arquitectura de mi obra Yakuruna. Con las preguntas recogidas, las intervenciones oportunas y las apreciaciones de ciertos seres mitológicos (tomadas del libro, desde luego), me he sentido tremendamente complacido, porque la inteligencia de nuestros estudiantes sanmartinenses, una vez más lo compruebo, no se estanca en ningún parámetro impuesto. Celebro, por tanto, con regocijo por tan bella experiencia y me aúno a los maestros entusiastas que se atreven a romper esquemas aplicando una nueva forma de enseñanza, basada en la lectura de autores regionales y la motivación.  (Miuler Vásquez González)
 

 
 
 

Versos: ¡NO ME DESPIERTES!

 
 


¡NO ME DESPIERTES!
José Félix Maquén Gamarra

No me despiertes
déjame en aquella nube blanca
¡soñándome lejos...
lejos de la nube negra que arde
en mis retinas!

No me despiertes
déjame en mi viaje sin regreso
con mi locura a solas
acurrucado en mi esquina

con mis lágrimas que explotan
al contacto del fuego
como frágiles burbujas
que volátiles mueren

con una sola mirada aleve
del puñal que se enciende
en la salvaje llamarada de tus ojos
que agreden

envenenando el entorno
¡aniquilándolo todo!
al soplo de tu boca
¡cruel bomba de microbios!

¡no me despiertes!
déjame... con mi locura a solas
en el silencio que amo
mirando en mis adentros
¡lo único que poseo!

Reseña: “Un punto en la neblina

 
 


Reseña: "Un punto en la neblina", cuento del 
libro "La sonrisa de Mariana", de Juan Rodríguez

De reojo miro a la gente pasar… en "mi banca", la de siempre, estoy sin compañía y gozando de un tiempo esperado: del momento perfecto en que mi soledad, el silencio del parque y "La sonrisa de Mariana", el libro de turno, esperan de mí la entrega total.

La sombra de los árboles me permite abstraerme en sus pequeñas páginas. Voy gustando de los relatos que se suceden uno tras otro, descubriendo personajes, capturándolos en mi imaginación y haciéndolos parte de mi universo de ficciones. Veo, entre ellos, a los que me subyugan; cómo se envuelven en sus propias telarañas de dudas angustiantes, culpas y pesares, de amores fríos y díscolos, de amores raros, sobrenaturales, y otros, de ternura infinita, perdidos en la nada, en la incertidumbre... En un instante, tras hacerme un guiño cómplice, el libro se desliza de mis manos, antes de que mis dedos lo adviertan; se detiene abruptamente en mi regazo, como si el viento lo hubiera decidido así. Casi con ternura lo levanto y como si se tratara de esos juegos en que se abren páginas para leer lo que el azar destina, se posan mis ojos en un título: "Un punto en la neblina". 

Mi curiosidad se desata, me urge conocer su contenido, vagar entre los personajes y ser uno más entre ellos. Me dice mucho… cuenta un escenario frío, de invierno inmisericorde, feroz: Milán, la gran urbe, guarda el amor desenfadado y liberal de Francesca y su "bambino", a quien atiende solícita ayudándolo a buscar trabajo, ahí, donde es tan escaso y, sobrevivir, es una lucha de anónimos héroes. Mientras la pasión acalla los reproches, los retornos, ausencias y anuncios de partidas, entre el ruido de la trepidante ciudad, un extraño personaje me embelesa: la mujer de zapatos desgastados, de raída chompa, que intenta vencer la atroz temperatura que congela; ella me inicia en el palpitante recorrido por el cuento. Es casi una intrusa en la trama que revela los amores de los jóvenes. Siempre está en las calles, agitando su miseria, restregando a los ojos el olvido de los otros. A él también, al personaje del cuento, le ha estremecido su extraña aparición entre la bruma de la gran ciudad, aunque ya se hace costumbre verla caminando, arrastrando por ahí su delgadez extrema y tal vez su delirio. Su preocupación se acrecienta; quizás amanezca muerta un día, consumida por el intenso frío. Lo comenta, quizás lo presiente…y él, su hermano: "Debemos acostumbrarnos al trabajo de la naturaleza. Ella se encarga de clasificarlos y dejar a los más fuertes y aptos de esta sociedad". Le ha parecido brutal esa respuesta. 

Ha pasado el tiempo, y la mujer de andar cansino ya no es tema de conversación en el relato. Él se ha convencido, tal como lo afirma Francesca, que "Milán no perdona a los pobres". Puede, que si nadie la recoge, amanezca muerta en cualquier parque... y mientras tanto, la vida sigue, el mundo continúa dando vueltas infinitas. 

Aunque absorta en mis meditaciones, siento que alguien me mira con insistencia. Cierro el libro y ya de vuelta a la llamada "realidad", poso mis ojos en una risueña mujer que me dice "¡Hola!", con coquetería. Es Olguita. Está cada vez más entrada en delirios… me coge de la mano y me receta un tónico especial para la anemia. "Estás más pálida que el papel", sentencia, convencida que es una doctora famosa que aparece en la televisión. No me ha reconocido; de haberlo hecho quizás me habría atacado presa de su exaltación. "¡Qué triste!" ―pienso― "es tan real todo, tan actual". Y mientras la veo alejarse, esta neblina de junio me congela y acongoja.
              
Escribe: Connie Philipps

Relato: La panguana

 
 


LA PANGUANA
         
Hildebrando García Velásquez
(Contacto: 959438690)


En la selva peruana, abunda un ave conocida como panguana, de regular tamaño, de cuerpo casi redondo por su plumaje, color estaño, vuelo corto, carne sabrosa, muy buscada por los cazadores.

Su canto sonoro y prolongado se puede graficar por el sonido en el siguiente sintagma: "Juan – jua – juaiii".

Su canto es imitado por los regionales con silbidos, reproduciendo hábilmente los fonemas que se confunden con el canto del ave. A manera de costumbre y hábito tradicional, en los caminos, en las chacras o en el pueblo se escucha remedar a la panguana.

Algunos la imitan entre el espeso bosque para atraerla y sea fácil presa. De esa manera la infeliz panguana, creyendo que se trata de su semejante, se acerca y resulta siendo víctima del astuto cazador. 

Las panguanas cantan a intervalos, especialmente en las tardes y entre canto y canto se acercan para aparearse.

II

Pedro Sinti y su mujer, Juanita Chujutalli, vivían en un hermoso paraje a orillas del río Huallaga, cerca del pueblo de Caspizapa.

Para llegar a la chacra de Pedro había que caminar un kilómetro aproximadamente del centro poblado y en el intermedio estaba ubicada la chacra de su tío Abrahán Chujutalli.

Pedro y Juanita se casaron en uno de los días en que se celebraba la fiesta patronal de la comunidad. Era propicia la oportunidad, porque por primera vez llegó a ese lugar el Obispo de Moyobamba, y qué mejor que fuera él quien consagrara la unión de esta pareja. 

Ella, antes de casarse, tuvo su primer enamorado a escondidas. Dejando a Roldán aceptó matrimoniarse con Pedro, por  tres  razones: por consejo de su mamita, por la presencia del Obispo para el acto matrimonial y por lucir el traje blanco que le ofreció su tío, el ricacho Prudencio Chistama.

Pero le timbraba en la mente el recuerdo de lo ocurrido con Roldán hacía ya dos meses. En una noche estrellada, tuvieron una cita amorosa bajo el tronco de naranjo que había en la huerta. El frondoso árbol, cargado de dulces frutos, guardaba una discreta oscuridad. Allí se abrazaron, se besaron sin decirse nada, luego se tumbaron y gozaron felices de su intimidad. Después de levantarse, ella susurró suavemente:

―Te ruego no cuentes a nadie.
―Porque sólo nosotros y el Señor, que está arriba, sabe lo nuestro.

En ese momento, una voz ronca sonó entre las ramas del naranjo:

―¡Váyanse de aquí, majaderos!
―¡Me hacen testigo de sus indecencias!
―¡Qué tal lisura!

Los amantes desaparecieron en el acto.

Juan Pinchi, se encontraba en lo alto del árbol robando las frutas cuando los vio llegar, y en silencio les estuvo observando. 

III

Pedro y Juanita vivían felices en su tambo compartiendo sus tareas agrícolas con mucho entusiasmo. El marido con frecuencia iba de caza y volvía con una sarta de panguanas y otras presas. 

Tenía fama de buen tirador, razón por la cual quedaban ya pocas panguanas en el sector.

Meses después, Juanita trajo a este mundo un robusto varón y pidió que le pusieran el nombre de Roldán.

Llegó nuevamente la época de las festividades patronales de la comunidad. La gente vio conversar animadamente a Roldán con Juanita, mientras Pedro estaba borracho en la cantina.

Alguien comentaba en el grupo:

―Juanita saca la vuelta a Pedro.
―Siempre se le ve a Roldán merodeando por la orilla del río cerca al tambo de ellos. 

Un día del mes de julio, Pedro tenía planeado ir de caza con su tío Abrahán y regresar por la noche, pero, por razones imprevistas, ambos desistieron de dicho plan.

Juanita, al conocer que su marido iría al monte, había acordado con Roldán encontrarse en un nutrido matorral a orillas del río, y que el galán debería anunciarse remedando con silbidos el canto de la panguana.

Esa tarde, Juanita encontrábase nerviosa, pues no sabía cómo avisar a Roldán para que no asistiera a la cita.

A las cuatro de la tarde aproximadamente, Pedro y Juanita estaban en el ramadón del tambo cuando escucharon cantar a la panguana.

―¡Cómo! ―dijo él― ¿Panguana por acá cerca?
―Voy a traer la escopeta del tambo de mi tío Abrahán. Diciendo esto salió corriendo.

Juanita, en tanto, desesperada, entró al dormitorio terriblemente asustada y al salir enredó sus pies en la red de pescar y cayó de bruces sobre una gallina que incubaba en su nido. Ésta voló estrepitosamente produciendo un laberinto, pasó pisando la hamaca donde dormía el bebé, el que al sentir los rasguños lloró desesperadamente. 

Entonces Juanita encontró la razón suficiente para inventar un canto para acallar a su niño. Mientras lo mecía ágilmente entonó de su propia inspiración y en tono triste la siguiente canción:

Vuela ya panguana, vuela;
pues te quieren matar,
no he de tener la culpa
si te matan ya.

Esta canción la repetía con voz fuerte una y otra vez mirando la recta del camino por donde debería llegar su marido.

Ante la insistencia del canto, la panguana dejó de cantar. Lo cierto es que cuando llegó Pedro con el arma preparada y fue a buscar la ansiada presa, no encontró nada.

― Ya se fue, dijo, al llegar al tambo.
― Sí, ya se fue, repitió, como un eco, sonriente, la Juanita. //

Análisis literario

 
 


La Virgen del Samiria
(Novela de Roger Rumrrill)

"La Virgen del Samiria", primera y reciente novela del destacado escritor y periodista Roger Rumrrill, es un gran esfuerzo narrativo, cuya ambición totalizadora, transitando entre la novela y el ensayo bibliográfico, pierde vigor y rigor narrativo. La historia que cuenta es muy interesante, sobre todo por la descripción que hace de la explotación humana, pero en algunas ocasiones es repetitiva en cuanto a la cronología, que bien podría haberse suprimido, o, al menos, recortado. A mi modesto entender, el momento cumbre como recurso novelístico es la siguiente narración: 

"A las ocho de la mañana, el coronel rompió la rutina ordenando el izamiento del pabellón nacional. Pero con el agregado no habitual de un discurso, solemne y reiterativo, en el que apelaba al sagrado compromiso para con la patria. Con el pecho inflado de orgullo patriótico y con la voz estentórea, marcial y autoritaria, el coronel se aprestaba a culminar su discurso, con la tropa en posición de atención achicharrándose ya con el impetuoso sol mañanero, cuando intempestiva e imprevistamente asomó «La Virgen del Samiria» en el umbral de la puerta de la casa del coronel lanzando un sonoro, fuerte y agresivo insulto que se escuchó en toda la guarnición y que más mortal que una bala dun dun y más destructivo que un cañonazo, fulminó para siempre la autoridad, la hombría y el futuro del coronel, porque la frase vivió más tiempo que el militar:

― ¡Ese coronel es un chivo sin leche¡"

Es un recurso narrativo parecido a una genialidad de García Márquez que le da mucha fuerza al personaje. Sin embargo, María Torres Rengifo, o sea "La Virgen del Samiria", narra en primera persona sus historias y eso pareciera que le quita vigor a la novela. 

Si el propósito de la novela de mi amigo Roger era simbolizar en la familia sanmartinense Torres Rengifo el esfuerzo pionero de las primeras oleadas de migrantes asentadas en un enclave geográfico, sin otra salida que la de ir en busca de oportunidades de vida, y que al afrontar la durísima realidad, cayeron en las garras de compañías de ayer y de hoy que se instalan en la Amazonía imponiendo sus propias reglas, al margen de un Estado desintegrado e ineficiente, me aúno y felicito al autor. Agrego… ¡Gloria a las familias sanmartinenses pioneras que ayudaron a forjar una identidad regional libre sin ningún tutelaje! (posterior a las Misiones), como sí ocurrió en efecto en la Costa y la Sierra en la época de la Colonia. Nuestros pioneros recogieron costumbres, gastronomía, valores, música y sonidos de nuestros grupos amazónicos ancestrales y los incorporaron al mestizaje republicano. 

Mi percepción global de la novela es que, siendo de una temática rica, variada y mucho más por explotar, es un gran primer paso de Roger en el oficio de novelista, aunque siento que hay algo que le falta y que no permite que la novela dé el salto final. O a lo mejor viene una siguiente entrega, algo así como "La Venganza de la Shushupe" . Algo parecido le ocurrió a nuestro nobel MVLL en "El sueño del Celta". 

                          Escribe:  Gabino Alva infante

Personaje ilustre: Alfonsina Storni

 
 


ALFONSINA STORNI (1892 -1938)

OBRAS: Poesía: "El dulce daño", "Irremediablemente", "Ocre", "La inquietud del rosal", "Languides", "Mascarilla y trébol", "El mundo de siete pozos".

Una de las tres más grandes poetisas latinoamericanas. Nacida en Suiza, pero desde niña siempre vivió en Argentina en las provincias de San Juan y Santa Fe; de padres italianos, familia de origen humilde, tuvo que trabajar desde muy joven para ayudarlos. Se recibió de maestra, dedicándose a la enseñanza primaria y secundaria, además del periodismo y a su pasión por la literatura.

Desde sus primeros versos exhibe la intensidad de su canto amoroso. Altamente hipersensible, insurge en su lírica teñida de romanticismo becqueriano e intuiciones modernistas para después expresarse en su estilo propio y original, "Soy un alma desnuda en estos versos", dice con el sentimiento a flor de piel.

Desafiante, rebelde, impulsiva, inconformista y melancólica, así era esta maestra rural que se enfrentó valientemente a los prejuicios y formalismos de su época. Fue la primera mujer que escribía en Argentina sobre el tema del sexo que antes no había sido tratado de modo tan abierto debido a los remilgos de  la hipocresía social. "Quiero un amor de garra y dientes que me asalte  a traición en pleno día", desafiaba.

Pero no es la pura sensualidad y al explosivo erotismo a lo que aspira este ser hipersensible en condición de mujer. Su estremecimiento espiritual ansiaba tanto la protesta de la mujer ante las pretensiones de la incomprensión masculina. Por eso es que en su decir poético ha volcado ternura, resentimiento, dolor y hasta ironía. "Sálvame amor", clama en el soneto "Divino amor":

Te ando buscando, amor que nunca llegas, 
te ando buscando, amor que te mezquinas, 
me aguzo  por saber que me adivinas, 
me doblo por saber si te me entregas.

Las tempestades mas andariegas, 
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas, 
porque a salvarme, oh niño, te me niegas.

Mira que estoy a pie sobre leños, 
que a veces bastan unos pocos sueños 
para encender la llama que se pierde.

Sálvame amor, y con tus manos puras 
trueca este fuego en límpidas dulzuras 
y haz de mis leños una rama verde.

Estos son versos de una mujer que apasionadamente busca refugio y satisfacción en el varón, pero al mismo tiempo se debate en una constante lucha interior contra el hombre egoísta y dominante. Esta contraposición es quizás, el tema más frecuente de su poética. En "Tú me quieres blanca" lo expresa con vibrantes y doloridos reclamos. Cuestiona su egoísmo y su doble moral. Él sí puede –¡qué ironía!–, haber disfrutado de los placeres eróticos mas exquisitos, pero ella tiene que guardarse "blanca" sin mácula y sin derecho a explorar sus apetencias erótico-amorosas. Él así lo ve y así lo exige.

En la evolución de su poética se distinguen dos etapas bien marcadas:

1. La primera con una actitud belicosa frente a la superioridad del hombre. Su lírica se muestra optimista, violenta, exuberante. A este ciclo corresponden "La inquietud del rosal", "El dulce daño", "Irremediablemente", hasta "Languidez".

2. En la segunda etapa borda el conflicto humano con una sabiduría que le viene del sufrimiento y de la pura experiencia. La inicia en "Ocre", para muchos su mejor obra, la más lograda. Allí plasma su nuevo modo de cantar. Abandona lo enceguecido del "yo" íntimo y enamorado. Sus poemas ahora son más meditables, se muestra más objetiva, hacia un realismo menos patético. Se inicia en una poesía reflexiva. Es la publicación "El mundo de los siete pozos y "Mascarilla y Trébol". Veamos su temple ahora en este poema.

DOLOR

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

Este ángel sensual, mezcla de pasión y ternura que un día dijo: "No puedo amarlo libremente; hay demasiado orgullo en mí para someterme", y en otra vez, en cambio: "Con mayúscula escribo tu nombre y te saludo, hombre, mientras depongo mi femenino escudo", ahora es una mujer que ha fracasado en el amor, intenta echar al olvido sus ímpetus y arrebatos pasionales, muestra la insatisfacción de la vida, lo efímero de lo humano y mientras contempla el mar le obsesiona la muerte.

La que dijo: "Corazón que me viene de mujer" ahora piensa en suicidio. Escribe un último secreto: "Voy a dormir"… y le dijo a la muerte: "Nodriza, voy a dormir nodriza mía, acuéstame". Y se echó a dormir en el ancho Mar del Plata.

Al concluir esta semblanza con estos versos, el corazón nos trae el recuerdo de un estribillo de Góngora: "dejadme llorar, orillas del mar".

Alfonsina y el mar 
(Ariel Ramírez y Félix Luna)
 
Por la blanda arena que lame el mar 
su pequeña huella no vuelve más, 
un sendero solo de pena y silencio 
llegó hasta el agua profunda, 
un sendero solo de penas mudas 
llegó hasta la espuma. 

Sabe Dios qué angustia te acompañó, 
qué dolores viejos calló tu voz, 
para recostarte arrullada en el canto 
de las caracolas marinas, 
la canción que canta en el fondo oscuro 
del mar la caracola. 

Te vas Alfonsina con tu soledad, 
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar? 
Una voz antigua de viento y de sal 
te requiebra el alma y la está llamando, 
y te vas hacia allá como en sueños, 
dormida, Alfonsina, vestida de mar. 

Cinco sirenitas te llevarán 
por caminos de algas y de coral 
y fosforescentes caballos marinos 
harán una ronda a tu lado, 
y los habitantes del agua van a jugar 
pronto a tu lado. 

Bájame la lámpara un poco más, 
déjame que duerma, nodriza, en paz 
y si llama él no le digas que estoy, 
dile que Alfonsina no vuelve, 
y si llama él no le digas nunca que estoy 
di que me he ido. 

Te vas Alfonsina con tu soledad 
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar? 
Una voz antigua de viento y de sal 
te requiebra el alma y la está llamando, 
y te vas hacia allá como en sueños, 
dormida, Alfonsina, vestida de mar.//


Tú me quieres blanca
(Alfonsina Storni)

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya,
ni una margarita
se diga mi hermana;
tú me quieres blanca,
tú me quieres nívea,
tú me quieres casta.

Tú, que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú, que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú, que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone)
me pretendes casta
(Dios te lo perdone)
me pretendes alba.

Huye hacia los bosques;
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua;
habla con los pájaros
y lávate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.