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domingo, 23 de junio de 2013

Presentación: No es nada personal

Con alumnos de la Institución Educativa Juan Miguel Pérez Rengifo, en un conversatorio sobre mi libor No es nada personal. Gracias a la profesora Connie Philipps, por esta experiencia única.

 
 


 
 

Utopías y desvaríos (35)

 
 


La mañana del 4 de agosto del año 2009, una llamada telefónica me despertó de madrugada, para comunicarme una desagradable noticia. "Debes ser fuerte", escuché una voz conocida, "tu padre ha muerto".

A los pocos minutos, de vuelta a esa realidad incambiable que acababa de descubrir, se supone de un estado trágico para mi cuerpo, salí a la calle, a comunicar desdichas. Tenía que hacerlo, yo, nadie más. Durante el transcurso que me tomaría el avance, calculé las formas: con palabras suaves, sereno, sin extender demasiado el asunto.

Encontré a la primera persona, la más indicada por quien debía empezar, caminando cerca de un destacamento militar, por una calle arenosa. Era mi madre. Le dije: "tengo algo que decirte". Ella me miró…; yo no podía expresarme, me costaba mucho. "¡Habla!", me apresuró, impaciente. "Se trata de mi padre". Ella supuso lo peor, lo vi en su rostro; más que eso: percibí una intuición sobrenatural en sus preguntas, tan adelantadas a la verdad. "Sí, madre, murió hace media hora, más o menos", le hablé, o prácticamente corroboré sus afirmaciones.

Vi a una mujer triste, frente a mí. ¿Cómo pude haber estado dentro de ese cuerpo más pequeño que el mío?, me pregunté, mientras la abrazaba. Lo que recuerdo, como si fuera hoy, en este instante, es a una mujer vestida de forma sencilla, con la blusa y la falda raídas por el tiempo, los lentes de medida pegados a su triste mirar, y el peso de sus recuerdos en su cabeza de cabello negro-canoso. "Ya se murió…", habló para sí, bajito. Y la vi encogerse de hombros, conforme sus lágrimas caían al suelo. Luego arrastró sus pasos, lentamente, en retirada. 

En tanto mi madre avanzaba por esa sucia calle, mimetizada con la rusticidad del lugar, a cuestas con esa nobleza que la hacía tan frágil, el rostro de mi padre se impuso en mi memoria. Lo hizo, mostrándome sus facciones, propias de una seriedad un tanto maniática pero engañosa; recurriendo a sus frases, aquellas en donde la lógica transmitía una expresión lírica ("me extraña araña", me había dicho dos días antes, contradiciéndome una idea, entre copas); enseñoreado con el bigote que cuidaba de no cortar, generoso y abultado al contraste de su cabellera liviana; hipnótico en su mirada a través de dos ojos negros, por los cuales, en afán de broma, burla, o por el derecho que implican los excesos de confianza, sus hermanos le decían "Cagacho", en alusión al apego por la bebida y a la profundidad abismal de su mirada. 

Más tarde, mis dos hermanas recibieron la noticia por separado. La menor, la asimiló con estoicismo, pese a ser la más cercana a mi padre. Lloró poco, por lo menos durante el velatorio. La segunda, en cambio, al enterarse, entró en pánico. Pobre: tuve que darle un sopapo, para calmarla.

Después sucedieron muchas cosas, desde llevar su cadáver del hospital a la morgue, hacer trámites, buscar influencias para que no exploraran sus vísceras, contratar la funeraria…, hasta preparar el lugar donde depositar su caja y velarlo. 
Uno se siente solo, es verdad. Los amigos ayudan con la compañía, sobre todo si frente a ti están esas luces tenues, mostrándote una realidad que quisieras sea otra. Sin embargo, lo que no es agradable, es estar dando explicaciones a todo el mundo, contando los detalles. En esos instantes, quisieras repartir agravios y golpes a toda esa sarta de entrometidos, que a lo mejor tienen buena intención.  

El tiempo sigue... 

(M.V.)

Personaje ilustre: José Martí

 
 

Vida (1853-1895)

Por todos reconocido como el "Apostol de la revolución cubana", este insigne patriota continental, ensayista profundo, brillante y encendido orador, es el gran precursor también del modernismo que después abanderó el gran Rubén Darío. Defensor de nobles causas, soldado de la revolución cubana, para ejemplo y vergüenza de oportunistas corruptos, fue un sincero y auténtico poeta que en todas sus vivencias supo unir la teoría con la práctica. Si quisiéramos resumir la personalidad de José Marti en tres palabras, diríamos: Amor, Patriotismo y Niñez-Ternura. Vivió y murió en su ley. Y su poesía es un testimonio de esos avatares.

Estaba convencido que los males y tribulaciones de Cuba eran debido a los errores y abusos del gobierno español. Ante estas injusticias, dedicó su vida –más de 28 años– a una incesante lucha revolucionaria contra el yugo español. Fundó la revista "Patria Libre". Editaba el periódico "Siboney", nombre con el que se le conocía entonces al indígena de Cuba.
Fue apresado y condenado a seis años de trabajos forzados. La pena se le conmutó y cambió después por el exilio. 
A los 18 años fue deportado a España; allí estudió leyes en las universidades de Madrid y Zaragoza.

Regresó por México, Venezuela, Guatemala. Viajó a Estados Unidos.

Siempre en contacto con huidos y refugiados cubanos, visitó literatos, políticos y agrupaciones populares.

En el remanso de una mentirosa y falsa independencia, retornó a Cuba. Tenía razón: La cosa solo fue de una paz temporal. La lucha continuó y dos años más tarde fue deportado otra vez a España, de donde huyó para instalarse en Nueva York, desde donde preparó una insurrección armada. Había formado el partido revolucionario y editaba la revista infantil "La edad de oro".

En uno de los reiterados desembarques –el 19/05/1895– en Dos Ríos, durante una refriega, fue abatido por una fuerte descarga de metralla por soldados españoles.


Obra poética

Como fue de sincero en sus actos, lo fue en su poesía y en su recto proceder, siempre presto a vivir y expresar el ideal; el valor de la amistad y la lealtad trasunta esta conocida rima:

Cultivo una rosa blanca
en junio como enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

"Aborrezco las palabras que no van acompañados de actos", escribió, por eso su poesía son versos y problemas rayando la belleza, amor e ideales.

Ampliamente conocido como el poeta de la sencillez; "Mi interés –decía– es poner el sentimiento en formas llanas y sinceras. La belleza de la frase ha de venir de la propiedad y nitidez del pensamiento en ella envuelta".

De "Versos sencillos", Darío dice: "La sencillez de Martí es la de las cosas más difíciles", a lo que Gabriela Mistral agrega: "La sencillez de Martí no es nunca primarismo, es decir, facilidad del primer plano y ahorro de hondura". Esa sencillez nada tiene de simple. No es espontánea; la ha sido laboriosamente  esculpida, con sencillez de artesano. Esos cuidados observamos en los versos llenos de candor y pujanza dedicados a su pequeño hijo, y publicados como "Ismaelillo".

Por las mañanas
mi pequeñuelo
me despertaba
con un gran beso.

Puesto a horcajadas
sobre mi pecho
bridas forjaba
con mis cabellos.

Ebrio él de gozo,
de gozo yo ebrio,
me espoleaba,
mi caballero:
¡qué suave espuela
sus dos pies frescos!
¡Cómo reía
mi jinetuelo!

¡Y yo besaba
sus pies pequeños,
dos pies que caben
en sólo un beso!

La poesía del gran poeta de Cuba fue el fruto de una concepción estética democratizadora, basada en la comunicación con el pueblo. Afirmaba: "La poesía es a la vez obra del bardo y del pueblo que la inspira":

Yo soy un hombre sincero
de donde crece la palma,
y antes de morirme quiero
echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes,
y hacia todas partes voy:
arte soy entre las artes,
en los montes, monte soy.

Yo sé los nombres extraños
de las yerbas y las flores,
y de mortales engaños,
y de sublimes dolores.

Yo he visto en la noche oscura
llover sobre mi cabeza
los rayos de lumbre pura
de la divina belleza.

Alas nacer vi en los hombros
de las mujeres hermosas:
y salir de los escombros,
volando las mariposas.

Usó de las rimas, el romance, y en sus "Versos libres" también el endecasílabo, pero la claridad y espontaneidad de siempre como él mismo lo expresa en estos versos:

Si ves un monte de espumas,
es mi verso lo que ves:
mi verso es un monte, y es
un abanico de plumas.

Mi verso es como un puñal
que por el puño echa flor:
mi verso es un surtidor
que da un agua de coral.

Mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido:
mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo.

Mi verso al valiente agrada:
mi verso, breve y sincero,
es del vigor del acero
con que se funde la espada.

"Así como cada hombre trae su fisonomía, cada inspiración trae su lenguaje –afirmaba–. Amo las sonoridades difíciles, el verso escultórico, vibrante como la porcelana, volador como un ave, ardiente y arrollador como lengua de lava… No zurcí de este o aquel, sino zanjé en mí mismo. Van escritos no en tinta de academia, sino en mi propia sangre…"  "Versos libres", arranques viriles y hondas y resonantes armonías. Veamos la sencilla elegancia en los octosílabos de los siguientes cuartetos de "La niña de Guatemala", donde el "cuento" describe el trágico desamor de una traición amorosa:

Quiero a la sombra de un ala
contar este cuento en flor: 
la niña de Guatemala
la que murió de amor.

Eran de lirios los ramos;
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda...

Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
él volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.

Iban agarrándola en andas
obispos  y embajadores,
detrás iba el pueblo en andas
todo cargado de flores.

Se entró de tarde en el río,
la sacó muerta el doctor,
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.

Y Luis Alberto Sánchez, precisa: "Fue musical antisolemne, con un gongorismo espontáneo que rompía lo estirado del verso castellano… Pocos han escrito con más sencilla elegancia que él… Sus versos tienen una precisión y una ingenuidad prístina".


Obras: Poemas, epistolario, estudios críticos, históricos y políticos: "Las dos polémicas"; "Nuestra América"; "La república española ante la revolución cubana"; "Versos sencillos"; "Ismaelillo"; "Versos libres"; "La flor del destierro"; "Amor con amor se paga" (teatro); Revista infantil "La edad de oro".

Ionósfera (12)

 
 

EL REGRESO: BLACK SABBATH - 13

La mítica y clásica banda británica de Heavy Metal formada en 1968 y liderada por su controvertido vocalista Ozzy Osbourne, retorna después de casi 35 años. El nuevo álbum se titula 13, grabado en Los Ángeles (Estados Unidos), presenta a tres de los cuatro miembros originales de la agrupación, Ozzy Osbourne, Tony Iommi en la guitarra y Geezer Butler en el bajo. Este disco no contará, por motivos personales,  con el aporte de Bill Ward en la batería. 

El disco es producido por Rick Rubin, ganador de premios Grammy, siete en total para ser exactos, incluyendo dos en este año 2013. 13 llegará, curiosamente, a través de la discográfica Vértigo, empresa musical que ya había publicado los clásicos discos de esta banda. Este nuevo álbum salió a la venta el 11 de junio, incluyendo 8 temas de generoso minutaje y de 11 en su versión Deluxe. Un dato sensacional también es que el 15 de junio se pudo escuchar a la banda en la serie de TV CSI: Crime Scene Investigation, tocando en vivo el tema End of The Beginning, mientras los detectives protagonistas investigan una serie de asesinatos, cerrando así el capítulo final de la última temporada de esta serie policial.

Como adelanto al lanzamiento oficial del disco se ha venido difundiendo por  internet el tema: God is Dead?, generando mucha expectativa en cuanto al sonido y la voz del carismático y multifacético Príncipe de las tinieblas: John Michael Osbourne, mejor conocido como Ozzy Osbourne. Nacido el 3 de diciembre de 1948, es un músico que ha grabado 10 discos en su etapa de solista, abarcando desde 1980 al 2010. Curiosidades y anécdotas tiene muchas, como cuando en uno de sus  conciertos le arrancó la cabeza a un murciélago de un mordisco; años más tarde liberó una paloma, mientras otra corrió la misma suerte que el murciélago. No hace mucho también se convirtió en figura de la televisión con una serie sobre su vida familiar, titulada The Osbournes. 

 
 


Black Sabbath fue una de las primeras y más influyentes bandas de heavy metal, su importancia e influencia en la historia del rock duro ha sido a menudo equiparada con la de grupos del calibre de Led Zeppelin. Ha publicado álbumes míticos como Paranoid, en 1970, que logró un disco de platino y en el que se incluían los temas Iron Man y Paranoid, con sonidos distorsionados de guitarras y ritmos acelerados, los dos mejores temas en lo personal; éste, además, sigue siendo el más vendido de Black Sabbath. 

Por la originalidad y calidad, fueron durante los años setenta infravalorados y criticados, tachándolos de satánicos; acusación que prevalecería durante varias décadas, creando en torno a la banda una Leyenda Negra que se hizo extensible, años después, a todo el contexto del heavy metal. 

Como dato adicional, Ozzy Osbourne y compañía destruirán todo a su paso cuando toquen en Lima este miércoles 16 de octubre, junto a los norteamericanos de Megadeth en la explanada del Estadio Monumental. (M.D.)

Versos: Edwin Chávez

 
 


SENTIDOS DE LA AUSENCIA

Ahora en la hora 
en que los negros pájaros queman
la flor de la distancia
  la yerba crecerá en la memoria del caballo,
y el viento pronunciará los  discursos ingenuos
en honor a las rojas violencias
y alguien encontrará en los cabellos del encuentro
los abiertos discursos
que ahogan tu nombre en mi pronombre.


CUENTO PARA ALAIN  GLASS

En el bosque hay una tarde que sangra
Una infinita arena contada
Un tiempo como nada y anda
De abajo que desciende a un largo que sube
Un carruaje que aguarda, tras la estela, de la
                                              /manga un mago
Guarda una reina de corazones nos dice:
Perdido, percibido a través de los confines del            
                         /bosque  un corazón de espadas
Hay, en fin, cuando uno espera y cuenta, un tiempo
     /de verdad, que del otro lado  nos contempla.


SOÑANDO SOÑÉ

Mío el silencio que hilvana
el deslumbramiento de la palabra que engaña
cuando el azul apuñala mi día
cuando mis manos crecen en el decir
 
La sinfonía del  entrar, sería como crecer 
sería el ver
 
porque no tengo nada 
que nade en el paisaje de mi jaula
 
Mi yo esplendor  de espinas
centro de la cita compartida
donde la música florece como mi patria
como el canto de las aves
cerrando la tarde
 
Un no va más, después de allí
m í- o, Yo
espejos de los porqués 
cuando decidiste
los cuentos  de niños
para que te duerman siempre.


 HASTA MÁS VERNOS
 
Amparo un día que me exista
me deslice y no tiene sombra alguna
es un viento, menos que un viento, un viento más
que una raya de luz, frágil materia: los sueños
que de noche roban la memoria
y todo se vuelve idéntico lo que no es 
no hay terrenos porque no son ningunos
 
Es mi alma 
 
la escala engañada en su armonía
mi sangre violenta sinfonía que flama
estoy con la brasa y la calma
con la voz amorosa y soledad que desata
parece que mis manos no existieran, parece
que mi cuerpo nadara en agua inocente
 
Como un viento desnudo de mi corazón se mece
Y hace sonar campanadas dulcemente.
 

EN EL ESCORIAL

A xioxep:  
Infinito verás 
gotear tu mirada
al silencio del tiempo
en que tu voz acompaña
lo que se hunde en la noche
oirás la resonancia
de aquello que el silencio sumerge
y lo que el silencio sumerge
difunde en la luz
lo que se hunde en la noche
Infinito caer 
el ser que se desprende.

(Edwin Chávez)
 

Libros: Oro verde

ORO VERDE
Magín Barcia Boria

Segunda edición de esta novela amazónica

 
 


Oro verde (publicada en Iquitos en 1994) es una novela de Magín Barcia Boria que, siguiendo el ciclo de narraciones de aventuras abierto por Arturo Hernández con Sangama, nos sumerge en el mundo amazónico a través de sus temas más caros: narcotráfico, petróleo, extracción de oro, vida indígena y múltiples escenas amorosas. Una novela que atrapa al lector de principio a fin, y rescata un elemento importante para la novelística: la fabulación perturbadora, la aventura, la ficción gozosa y emocionante. Su protagonista es un descendiente de cauchero cuya profesión de ingeniero no ha anulado su estirpe aventurera. 

A través de sus encuentros amorosos y justicieros, el protagonista nos devela un mundo de insospechadas contradicciones, la realidad loretana con sus vicios y defectos, sus fiestas y anhelos, sin abandonar el intenso cariño por la tierra amazónica. 
El lenguaje narrativo es funcional y sin ambiciones, pero se presta perfectamente para el género aventurero. Y la narración, realizada en tercera persona, huye de una exploración psicológica de los personajes y abunda, más bien, en tópicos fácilmente reconocibles del cine de Hollywood.

 Pero la novela, ante todo, entretiene. Y sus novedosos paisajes para nuestra literatura son impresionantes. Por eso creemos que la obra de Magín Barcia merece más que la atención debida a su esfuerzo de hacer literatura. Y que, ojalá, continúe con su imaginación desaforada.

(Ricardo Vírhuez)

Libros: Amores extraños

Amores extraños

Cristian Meléndez Obregón

(pegasus-cta@hotmail.com)


 Agonía y frustración en Amores extraños


 
 


 

Pio Baroja, en su libro Susana, es uno de los últimos autores en emplear la tragedia rondando a la protagonista como un recurso para terminar una novela, y es que era un método que apelaban casi la mayoría de los escritores del siglo XIX y comienzos del XX para darle, tal vez, continuidad a las historias que iban contando. Susana, al igual que María, de Isaac, muere al final, llenando de melancolía al lector, esfumándose la posible alegría cuando se va hilvanando la historia.

 

Amores extraños (Temática Editores, 2013), es el primer libro de narraciones escrito por Cristian Meléndez Obregón, donde el tema preponderante, como su mismo título lo sugiere, es el amor. Relaciones que a veces se convierten en frustrantes a pesar del esfuerzo de los protagonistas.

 

Por momentos, el autor nos deja entrever una referencia bibliográfica a través de sus diferentes personajes, ya sea como profesor, como estudiante o como simple espectador, participando de las actividades en sus diferentes facetas. Hacemos un recorrido por los salones de clases, por los huertos  llenos de frutas, por las quebradas del pueblo, participando en sus fiestas patronales, llenándose de melancolía y apasionamiento, descubriendo amores furtivos, extraños y escondidos en algún cerco donde fluye un chorrito de agua.

 

Cristian se deja llevar de la mano por cada una de las féminas que enloquecen al protagonista, arrastrándole en la tragedia o en la comedia, contraste que se da por lo menos en la mayoría de los cuentos.

 

En Amores extraños es recurrente la tragedia, desde el primer cuento, donde el mudo da muerte al jefe de los soldados que había dado la orden de violar a las hijas de Felipe. Lo mismo ocurrirá con Lluvia de ti, Celular, La promesa. La prima Vera en primavera nos llena de entusiasmo, lo mismo que Santo remedio, mientras que el misterio agónico se da en Enigmática.

 

La imagen de la alumna está presente en uno de los cuentos y no deja de ser paradójico que esa idealización se convierta en realidad, a pesar de los años transcurridos y haberla encontrado en un lugar, donde mueren los sueños.

 

Un libro, donde las historias pueden profundizarse en una segunda entrega, para no dejarnos con ese sabor agridulce, con la imagen de la prima Vera y la sobrina Sandra rondando en nuestra cabeza.

 

                (Juan Rodríguez Pérez) 

Análisis: Yakuruna (novela)


 
 


Introspectiva al personaje central de la novela Yakuruna

(De los celos al infortunio y la inmortalidad)

 

Estudios sobre las relaciones de pareja señalan que la experiencia de sentir celos incluye sentimientos de rabia, enojo, humillación, miedo, ansiedad, tristeza, depresión... En la novela "Yakuruna", un poblador común que accidentalmente se cruza con el que sería luego la causa indirecta de su extraordinaria transformación, vive en sus entrañas la cruel mordida de los celos; sentimiento oscuro que desencadena la fantástica conversión del hombre en el ser que detestaba.

 

Creyéndolo el causante de su infortunio, reacciona acechando al Yakuruna –la amenaza percibida–, situación que origina un cúmulo de hechos atroces que no es capaz de frenar. El escritor, preciso, perturbadoramente inclemente con las sensaciones que provoca, ajusta la pluma y deja que el ya anciano vaya contando la historia inicial que transformara su vida alterándola sin retorno: "No pude más, y sin medir las consecuencias, para no revelar mi secreto, enrumbé mi otrora liviano cuerpo sobre ella, tomándola con fuerza hasta derribarla. Al contrario de lo que pensé, me recibió con inusitada alegría, extendiendo sus delgados brazos para que sin contratiempos la desnudara más rápido. Eso hice, y al cabo de unos segundos, le quité toda la ropa. Tibia ella, moza, me dio calor y una satisfacción que me duraría hasta la noche". En el recuerdo del anciano se exacerba la posesión: la mujer es tomada como su propiedad, convirtiendo esta escena apasionada en el preludio de los celos desmedidos que luego inducen al hombre a dar cruel muerte a su benefactor: el Yakuruna. Encontrarse con él lo destina a la insensibilidad de su alma.

 

De la mujer, la sola pregunta sobre el amigo, ese extraño que se roba las miradas y las ansias secretas de todas ellas, va tejiendo la tragedia. La interrogación, inocentemente expuesta, lo conduce a la sospecha y la desesperación. Atisba entonces –sin indicios claros– que el hombre del agua vuelve y lo visita por la mujer que arrebatadamente cada noche se acuesta con él. Su temor se acrecienta y oculta, en una "verdad paralela"; no hay novedad le dice al "amigo": ningún rastro debía ser visible para el que dominaba el corazón, para el "único imponente macho que las estrujaba totalmente hasta el delirio". Decirle que había conquistado a una mujer significaba –en su frágil y retorcida mente celosa– destinarla a los brazos del que las hacía soñar "con una noche intensa de placer y más".

 

Imagino la mente febril del  escritor adentrándose en la oscuridad del personaje, recreándolo sumido en la impotencia, las ganas de llorar y la bronca. Se revelan en sus acciones,  sensaciones de sufrimiento y temor, surgidas de la visión subjetiva que lo lleva a suponer a su mujer entre coqueteos. Y es así que, atacado en su orgullo, el hombre reclama la exclusividad de la hembra: quiere ser el primero y el único, develándose como un ser profundamente (¿y patológicamente?) celoso. Y, mientras tanto, ella desaparece, colmándolo aun más de incertidumbre y propiciando deseos de resarcimiento que luego se cumplen. Sin su objeto de deseo y posesión a quien castigar por un alucinado abandono amoroso, sus sentimientos de venganza se vuelcan, inexorablemente, hacia el Yakuruna. 

 

El fervor, el deseo intenso que le provocan los celos, ciegan su razón, haciéndole concebir que pudiera arrebatarle la inmortalidad. Planifica su muerte y lo ataca a traición creyéndolo culpable de su pérdida, "descuartizando su cuerpo con una ira atroz…". Pero no es pavor lo que siente después de haber consumado su crimen; es una trémula satisfacción: tranquilidad total. Efectos totales del placer de los celos. Así, procede a lamer la sangre y a comer trozos suaves de él. Y tal como lo cuenta él mismo: "Ya sin ánimos, me despojé de mis prendas, emití un grito interminable y me arrojé al río. Fui sumergiéndome, sin detenerme, evocando la peor de las desgracias. El agua, entró por mi boca y se alojó dentro. Eso fue todo".  


(Connie Philipps)

domingo, 2 de junio de 2013

Utopías y desvaríos (34)

 
 


La "locura" en la que ocupo mi tiempo, cada día, no me acerca al dinero u otras comodidades, ni me permite tener acceso a los "amigos influyentes" que todo hombre exitoso anhela, ni representa un medio para la captación de fondos de alguna entidad estatal o privada, no, en absoluto; pero sí, mis cosas, con todo lo que implique para mi apariencia, estados de ánimos o bienestar económico, me hacen eternamente dichoso, libre, enamorado de los orgasmos que me regala la vida.

A veces, lo reconozco, algún exceso o mi mala conciencia, altera la tranquilidad de muchos, incluyendo  la mía. Me siento agobiado entonces, culpable, mísero, deseoso de un abrazo sincero, del perdón que no merezco. Y luego ya estoy detenido en una meditación profunda, hastiado de tanta concentración, como queriendo justificar lo incierto, para encontrar el norte que se acomode a las respuestas que busco y quiero encontrar.

En otras ocasiones, en cambio, la luz de la vitalidad escupe en mi cara sus rayos de intensa armonía, a veces de a pocos, o casi siempre de forma exagerada. Me abre el pecho esta luminiscencia, destierra mis huesos de este impune cuerpo que porto, e invasiva, con las cenizas de mis vísceras, se impera con la proyección de lo que realmente soy: un alma desnuda y blanca.    

Y recorro esta superficie terrenal, expuesto a la sofocación, con dudas, insano; o recubierto de proyecciones y sueños, lúcido. 

Adusto o afable, sereno u obsesivo, alevoso o transparente… ¡mis extremos me condenan, aíslan, proyectan, o encumbran!
Esta insania es única, caprichosamente inspiradora. Si he de perecer por alguno de mis arrebatos, ayer, mañana, u hoy, seguramente a mis despojos los han de comer, o incinerar, o desaparecer; pero lo único imposible de arrebatarme, será la esencia de esas composiciones que mis dedos y mi cabeza pretenden inmortalizar.   

La ostentación me ocupa, me baña y ensucia, es cierto; por tanto, es improbable la concepción de alguna muestra de sutileza en mis afirmaciones: antes tendría que enfriarse el astro rey. Lo que afirmo, apunta a las aseveraciones del vulgo, tan desacertadas y fuera de lugar con respecto a la originalidad de mis palabras. 

En mí, nada está dicho, que se entienda: no hay ideas ni formas que se reconozcan en una divagación del pasado, ¡en mí no las hay!, tampoco se crea que esta locura va de mano en mano, adiestrándose en mis supuestos "abrigos" de colección. 

Ya quisieran los humanos que yo sea como ellos, poco creativo, rutinario, dispuesto a sacrificar mi dinero en cada estupidez que se invente, alucinado en elegir una forma de contornearme al ritmo de alguna melodía poco creativa, adicto al consumo de alcohol después de una semana agobiante de trabajo (se entiende la lógica: "me saco la mugre para divertirme"), enamorado de los deportes absurdos, flatulento, detractor de los malos políticos, experto en la solución de los problemas sociales… 

No podría parecerme a los humanos, aun si me compararan con uno que acumule las cualidades de todos ellos; no me pareciera, aun si la inteligencia de estos se juntara en una sola cabeza. Pero parezco humano, es la verdad, y padezco las vicisitudes que implica vivir. Es adrede: me mimetizo por pura búsqueda de conocimiento, para entender a la humanidad. No me importa; al fin y al cabo esto cambiará en unas cuantas décadas más, el día que mi cuerpo se enfríe. 

(M.V.)//

Yakuruna en Yurimaguas

Los alumnos de la Universidad de la Amazonía Peruana, de Yurimaguas, en afán de leer Yakuruna, del escritor sanmartinense Miuler Vásquez González. Las formas de expresión no deben tener sesgo, por que la literatura, el arte y otras expresiones afines, lo que nos hacen ser, comprende la formación de humanos más sensibles para esta sociedad. Por eso, alumnos de todas las facultades, se han dispuesto a la lectura. 

 
 

Poemas: Karen Cotrina Linares

 
 


I
Ayer vi tus árboles, tu casa
y tu nostalgia sin mí

Ayer también
extrañé tu llanto
para bautizarme en él

Y hoy
preparé mi cuerpo ante el regreso de
tus ojos
hasta el fondo azul de mis pupilas.

II
Antes de instalarte en mi memoria
añoraba tu tinta en mis palabras
e inventaba algunas noches de insomnio
para presagiar tus besos
extrañándome…


&&&&&&&&&&


Esta noche te cuento que te extraño,
que estoy junto a mi corazón
que casi habla para dolerme.

Me está jurando que sí cree
que sí piensa, que sí siente
que sueña con una casa sobre tu sueño.

Esta noche y otras tantas
solo me es permitido presentir tu cuerpo
y la razón me asegura
que quizá no haya un puerto libre
para que tú y yo 
nos hagamos dueños de nosotros.


&&&&&&&&&&&&&


Una mirada nos descubre y nos atrapa
nos desnuda por sorpresa.

Ocurre en un instante
que tiene la maravilla de concebirnos
en un solo vientre
de dejarnos la certeza absoluta
que nos estuvimos esperando
desde nuestro nacimiento.

La lluvia repentina y permanente
pudo haber evitado que el horizonte de tus ojos
se instalara exactamente frente  a mi ventana
para darme la dirección que buscaba mi mirada.

Afortunadamente sigues intacto en mi retina
vivo entre mis sueños
despierto y amaneciendo…

Ionósfera (11)

 
 


The Doors  & Ray Manzarek 

"La vida no la tenemos comprada". Hoy haré alusión a esa frase ácida, pues me viene a la memoria la ausencia de amigos, familiares y personajes famosos que ya no están más con nosotros. Hablando de estos últimos, me es inevitable mencionar a un personaje, ícono del rock de inicios de los años sesenta, Ray Manzarek, tecladista y cofundador de The Doors, banda de rock estadounidense que pasó a convertirse en leyenda tras la muerte prematura de su líder y vocalista Jim Morrison, el 03 de julio de 1971, en París.

Pero la semilla de esta legendaria formación no germinaría sin Ray Manzarek, un talentoso con los teclados. Desde temprana edad demostraba audacia para la música: a los nueve años ya sorprendía con el piano y de joven pasó a formar, junto a sus hermanos, la banda Rick & The Ravens. Ray y Jim se conocieron en 1965 en la facultad de cinematografía de la Universidad de California, en Los Ángeles. Cierto día, Ray escuchó cantar a Jim una canción que éste había compuesto. Quedó sorprendido con la interpretación y fascinado por la crudeza de aquella composición, decidió invitarle a formar parte del proyecto que tenía junto a sus hermanos, opción que no se concretó. 

Ray y Jim deciden engendrar  drásticamente una nueva agrupación. Enrolan en sus filas a los músicos Robby Krieger y John Densmore; así emergería una de las bandas de rock psicodélico más influyentes: The Doors. En cuanto al origen del nombre, la banda menciona que tomó un verso del poeta inglés William Blake, el cual dice: "Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito". 

 
 


En cuanto al sonido, Ray se convirtió en un referente innegable, pues su talentosa forma de tocar los teclados se convertiría en un sello característico de The Doors. La ausencia del bajo en sus conciertos fue otro detalle, pero Ray se las ingeniaba y tocaba las melodías del bajo y órgano en un novedoso piano para la época; sin embargo, The Doors usó algunos bajistas en sus grabaciones de estudio. También es fundamental mencionar la perspicacia lírica de Jim Morrison en las canciones, que en conjunto fueron muy determinantes para el éxito colectivo de The Doors.

Hits como "Light My Fire" o "Hello I love You", así como "Break on Through", entre otros, que contienen el sello de Ray Manzarek, son en sí mismos sello de The Doors; no en vano es la primera banda estadounidense en acumular ocho discos de oro consecutivos en ventas. 

En el año 2002, Ray Manzarek y Robby Krieger, promovieron la reunión del grupo. Con la incorporación de nuevos músicos emprenden una gira mundial, aunque era evidente el vacío dejado por el occiso Jim Morrison.

Ray Manzarek nace el 12 de febrero de 1939, y fallece en Alemania el pasado lunes 20 de mayo a los 74 años, víctima de un cáncer hepático. Deja tras sí un legado vital dentro de la historia de la música, que será siempre recordado. //M.D.

Relato: Sobreviviente

 
 


Si David Bowie se pusiera a cantar en el baño de un prostíbulo, seguiría siendo David Bowie. Pero si lo hiciera un cantante aficionado al country, el lugar le restaría dignidad a su afición. Y eso era lo que ella sentía, más o menos, y no porque se le ocurriera cantar como David Bowie, ni porque jamás y mucho menos se le ocurriría hacerlo dentro del baño de un prostíbulo, sino porque no era él y los sentimientos se pegan al cuerpo como las moscas a un vagabundo. Era lo que más o menos sentía, con sumas y restas si se quiere. Un amor no se olvida, como tampoco se olvida el peor día de cumpleaños que se ha tenido. Pero en cuestiones de amor, ella no recordaba con esa memoria impetuosa y terca que tienen las chicas que se enamoran de la primavera, sino que lo hacía con la piel. Por eso ella consideraba a su piel como un linóleo sobre el que se deslizaba un rocío y la dañaba. Tenía esa fragilidad de las nubes en noviembre y esa luminosidad de los fósforos artesanales que la hacían distinguir entre las demás chicas de la oficina. Y del barrio, faltaba más. Y ella lo sabía, aunque no quería tomárselo mucho en serio, pues en las fotografías o en su espejo, nada podía decirle con tanta certeza que era la mujer más hermosa que un hombre pudiera haber visto en la vida real y en las revistas de moda. Y eso a ella le daba la seguridad de que su dolor no se parecía a ningún otro, como alguna vez leyó de un escritor con nombre de boxeador. Pero así y todo, su dolor era el mismo que el de una multitud de hinchas luego de un campeonato perdido. Por eso el amor para ella era un mutilado de guerra sin compensación ni merecimientos de parte de la patria cuyo territorio defendió sin miedo. Y lo era porque había sobrevivido a muchas batallas sin armas de fuego con qué disparar ni defensas que encontrar. Y sin honores en la pechera, claro.

(Escribe: Ronald Arquíñigo Vidal)

Tradición: patrona de Tarapoto

  
Patrona de la Santa Cruz de los Motilones en Tarapoto

 
 

 
Todos los pueblos guardan en cada uno de sus habitantes diversos matices de júbilo, devoción, algarabía y festividad; motivados por la llegada de una fecha muy significativa, por lo general de carácter religioso.
En la ciudad de Tarapoto se celebra la patrona de la Santa Cruz de los Motilones, fiesta que se inicia el 07 de julio y concluye el 19 del mismo mes.

Cuentan nuestros abuelos, que para la llegada de esta gran fiesta, los cabezones se preparaban con anticipación casi un año. Ya sea sembrando yuca, maíz, plátano y otros productos de panllevar, así también como la crianza de gallinas, pavos y chanchos. Cuando faltaban pocos meses para la celebración, los cabezones con sus respectivos ayudantes cosechaban los productos y seleccionaban las gallinas y chanchos para esperar la llegada de la gran patrona. La primera semana de julio, las mujeres se dedicaban a la preparación del masato de yuca y chicha de maíz. 

El 07 de julio, por la noche, se iniciaba la gran fiesta con el Albazo, que consistía en una ceremonia con la participación de las autoridades civiles, religiosas, cabezones y devotos, teniendo como escenario la plaza de armas de la localidad. Concluida la ceremonia se daba paso al anhelado movimiento festivo, al compás de la pandilla, dando vueltas alrededor de la plaza de armas para luego dirigirse cada cabezón con gran multitud a su respectivo local. En el recorrido, las esquinas momentáneamente eran las pistas de baile, al compás de ritmos como la marinera, cumbia y chimaichi, acompañados de un conjunto típico constituido por tres expertos músicos que tocaban el bombo, tambor y quena.

En el transcurso de la patrona era casi frecuente ver a grupos de bailarines que visitaban las casas programadas, donde el dueño se comprometía en asistirles con uvachado, chicha, trago y masato.

Las fiestas bailables se daban inicio a partir de las ocho de la noche hasta el amanecer del día siguiente; las mujeres jóvenes asistían al baile acompañadas de sus padres. En aquellos bailes se podía apreciar también la presencia de abuelitas y abuelitos, cuyo movimiento corporal era vehemente.

A partir de la medianoche, cuando las mujeres jóvenes y adultas regresaban a sus casas, se daba inicio con el Capón baile, que consistía en bailar entre varones hasta avanzadas horas de la madrugada.

El 15 de julio, por la noche, después de la santa misa, se daba inicio a la Procesión de la Santa Cruz de los Motilones. El anda era transportada en hombros por los cabezones entrantes y sus ayudantes, que guardaban una promesa a la Santa Cruz recorriendo el perímetro de la plaza, para luego retornar a la iglesia

El 16 de julio era el día central de la patrona, por lo que nuevamente volvía a salir la procesión, esta vez por la mañana. Ese día se decretaba feriado por ser una fecha de mucha religiosidad. Al mediodía se realizaba la entrega del voto; este acto consistía en que el cabezón saliente y sus ayudantes, que en su mayoría eran familiares, se dirigían a la casa del cabezón entrante para hacerle entrega de los diferentes preparativos, como tortillas, rosquitas, bizcochuelos y gallina al horno; en fin, todos estos productos eran hechos por los ayudantes. 

A las tortillas se las daba forma de muñecas, es por eso que llevan el nombre de huahua; también los daban otras formas o dibujaban figuras dentro de estas.

El 18 de julio era el día del Pato; este se realizaba a partir de las 4 de la tarde. Para esta actividad, los ayudantes iban al monte en busca de un shansho (ave silvestre de color marrón y regular tamaño) que era colgado en una soga, conjuntamente con roscas, tortillas y otros dulces; a veces colgaban casitas de avispa botosco. La soga que servía para colgar pasaba por dos horcones en los extremos y era sujetada por los ayudantes que se encontraban al costado de cada horcón.

Los bailarines, en forma tranquila, al ritmo de la pandilla, cumbias, marineras y chimaichi, trataban de coger lo que colgaba, cuando los ayudantes cedían la soga en los extremos. Al shansho no lo comían una vez cogido porque decían que era malo, según las creencias.      

El 19 de julio por la madrugada se realizaba la Caponería con la participación estricta de varones, donde algunos salían jalando esteras de shapaja, cueros de animales y otros objetos, limpiando las calles, haciendo uso de la huasca pichana, (planta que servía como escoba); otros se disfrazaban de guardias para hacer cumplir la limpieza. Con estas actividades se daban por concluidas las fiestas de la gran patrona. 

(Por: Henrry Panduro Centurión)

Personaje ilustre: William Shakespeare

Escribe: Oswaldo Gonzaga Salazar

 
 



William Shakespeare (1564 - 1616)

Considerado como el más grande poeta y dramaturgo de la Edad de Oro de la literatura inglesa, la figura de William Shakespeare se proyecta a través de los siglos posteriores hasta nuestros días sorprendiéndonos con la legitimidad de sus palabras que lo hace tan actual y vigente, presentándonos una visión del hombre y del mundo con una precisión, profundidad y expresividad inigualables. Diríamos que ha logrado consignar en su obra todos los avatares de nuestra educación humana. Por eso es que algunas veces es divertido, gracioso, burlesco, y en otras es filosófico, moralista, apasionado, satírico o crítico grave y mordaz.

Nació –y murió– en Stratford-upon-Avon, pequeño poblado cercano a Londres. A los siete años comienza sus estudios y los interrumpe y deja a los trece; en adelante su formación será de autodidacta. Tuvo que desempeñar los más diversos oficios debido a la precariedad económica de la familia. A los dieciocho años se casó con Anne Hathaway y tuvieron tres hijos.

Decidido a alcanzar fama y fortuna, marchó a Londres, de donde volvió triunfante, lo que le permitió devolverle el bienestar a su familia y adquirir terrenos y una villa holgada y amplia a la que siempre retornaría en pos del ansiado descanso: habían transcurrido diez largos años. Tal fue el prestigio que adquirió, que fue proclamado el primer dramaturgo y poeta de su tiempo.

El poeta fue actor y autor a la vez. Comenzó escribiendo adaptaciones de comedias antiguas para ser representadas y no leídas. Logró la aceptación y hasta admiración de la reina Isabel, que incluso asistía a sus representaciones.

 
 



A los veintinueve años publicó su primera obra, "Trabajos de amor perdidos", a las que siguieron "Romeo y Julieta", su primera tragedia;  luego las fantasías exquisitas y brillantes de "Sueños de una noche de verano", la "Comedia de las equivocaciones", "Los dos hidalgos de Verona". Estas obras pertenecen a su primera etapa, la del joven atolondrado, travieso, alegre, descuidado y romántico.

A partir de 1594, comenzó a escribir obras de mayor profundidad basadas en temas históricos en los que se aprecia la madurez de su estilo, "Ricardo III" y "El Rey Juan", de gran calidad humana y fidelidad histórica.

Pero las obras que debían elevarlo más alto a los ojos de todas las generaciones, por las que sería más conocido y aclamado, todavía estaban por escribirse. Y sucedió que algo tremendo –que nunca se llegó a saber– debió conmocionar al poeta que le hizo cambiar radicalmente de carácter: se volvió grave, reservado, reflexivo, muy prudente. Esto influyó en sus escritos. A la par que se daba la madurez de su estilo, adquirió más profundidad y fuerza su pensamiento. En esta etapa crea obras como "Macbeth" y su desenfrenada ambición y arrepentimiento; lo escabroso y terrible de los celos en "Otelo"; las dudas metafísicas y trágicas de "Hamlet"; la usura del judío Shylock, en "El mercader de Venecia"; las escenas dolorosas del "Rey Lear". Son obras de madurez.

Sobreviene después un periodo de descanso; y es entonces que escribe "Cimbelino", "Cuentos de invierno", "La tempestad". Este último es quizás el más personal de sus dramas. Afirmaba que para producir un buen drama, siempre era necesaria una gran pasión.

También abordó la condición de la mujer. Trazó, aprovechando su conocimiento de la psicología femenina, los retratos de las heroínas valientes, nobles, y aun del mal, brujas. Y más allá de la realidad, en su realismo fantástico se remontó a las ruinas y símbolos de la fantasía de duendes, monstruos y hechiceros como Titania, Puck, Calibán.

Con el transcurrir del tiempo –casi cinco centurias– se han tejido muchas suposiciones alrededor de la vida del escritor que rayan en lo inverosímil. Qué él no escribió esas obras; que fue un autor mediocre y uno de los socios del teatro "El Globo". También que las produjeron una agrupación de sabios y él solo firmaba y actuaba. Lo importante es que las obras allí están como una manifestación del genio poético humano. Buscando una respuesta se ha pretendido abrir su tumba. Unos versos advierten el castigo para quien se atreva:

Buen amigo, por Jesús abstente 
de remover el polvo aquí encerrado.
Bendito sea quien respete estas piedras 
y maldito quien mueva mis huesos.

 
 


Su compatriota, el poeta Matthew Arnold dice del vate: "Jamás hubo hombre alguno dotado de tan grande poder para reflejar las experiencias y sentimientos más profundos que anidan en el alma humana":

Los rudos pesares,
la triste flaqueza,
y cuanto espíritu
inmortal apena,
los duelos que agobian,
las grandes miserias,
 lo reflejó todo,
su frente serena,
la más victoriosa
que miró la tierra.


OBRAS

COMEDIAS:  "Los dos caballeros de Verona"; "La comedia de las equivocaciones"; "La fierecilla domada"; "Trabajos de amor perdidos"; "Sueño de una noche de verano"; "El mercader de Venecia"; "Mucho ruido y pocas nueces"; "Las alegres comadres de Windsor"; "Noche de Reyes"; "Bien está lo que bien acaba"; "Medida por medida".

TRAGICOMEDIAS: "Pericles"; "Cimbelino"; "El cuento de invierno"; "La tempestad"; "Historia de Cardenio"; "Los dos parientes nobles".
 
DRAMAS HISTÓRICOS: "Enrique V" (tres partes); "Ricardo II", también considerada tragedia; "Ricardo I"; "El rey Juan"; "Eduardo II"; "Enrique I" (dos partes); "Enrique VIII".
 
TRAGEDIAS: "Tomás Moro"; "Tito Andrónico"; "Romeo y Julieta"; "Julio César"; "Hamlet"; "Troilo y Crésida"; "Otelo"; "El rey Lear"; "Macbeth"; "Antonio y Cleopatra"; "Timón de Atenas"; "Coriolano".
 
POESÍA: "Venus y Adonis"; "La violación de Lucrecia"; "Sonetos"; "Querellas de una amante"; "El peregrino apasionado"; "A la reina"; "El fénix y la tórtola"; "Elegía fúnebre"; "Epitafio"; "Testamento".


Otelo (fragmento) - William Shakespeare
Una alcoba en el castillo. Desdémona en 
el lecho, dormida. Una lámpara (besándola).

 
 


D: ¿Quién es? ¿Otelo? 
O: Sí, Desdémona. 
D: ¿No te acuestas, señor? 
O: ¿Has rezado esta noche, Desdémona? 
D: Sí, mi señor. 
O: Si te queda algún pecado 
    que no haya alcanzado la gracia del cielo, 
    ruega su perdón. 
D: ¡Dios santo! ¿Qué quieres decir con eso? 
O: Vamos, reza y no tardes. Mientras, me retiraré. 
    No quiero matar tu alma si no está 
    preparada. ¡No lo quiera Dios! No voy a matarla
D: ¿Hablas de matar?
O: Sí, eso he dicho.
D: Pues que el cielo se apiade de mí.
O: Amén, de todo corazón.
D: Si dices eso, no creo que quieras matarme.
O: ¡Mmm!
D: Sin embargo, me asustas, pues eres temible
    con esos ojos de fuego. Por qué tengo miedo
    no sé, si no tengo culpa; pero siento miedo.
O: Piensa en tus pecados.
D: Son amores que te doy.
O: Pues por eso has de morir.
D: Matar por amor es dar muerte cruel.
    ¡Ah! ¿Por qué te muerdes el labio?
    Alguna violencia conmueve tu cuerpo.
    Son presagios. Sin embargo, espero,
    espero que no irán contra mí.
O: ¡Calla y escucha!
D: Bien, ¿qué ocurre?
O: A Casio le has dado aquel pañuelo 
    tan querido que yo te regalé. 
D: ¡No, por mi vida y mi alma! 
     Mándale llamar y pregúntale. 
O: Guárdate, alma mía, guárdate 
    del perjurio. Estás en tu lecho de muerte. 
D: Pero aún no he de morir. 
O: Sí, ahora mismo; con que confiesa 
    abiertamente tu pecado, pues negar 
    con juramentos cada cargo no puede 
    destruir ni ahogar la convicción 
    que me atormenta. Vas a morir.
D: ¡Que Dios se apiade de mí! 
O: Pues, amén. 
D: ¡Apiádate tú también! Jamás 
    he pecado contra ti; jamás sentí por Casio 
    nada más que el afecto común 
    que Dios permite. Jamás le di prenda. 
O: ¡Por Dios, le vi el pañuelo en la mano! 
     ¡Ah, perjura! Me pones de piedra el corazón 
     y vuelves crimen mi propósito, 
     cuando yo lo creía sacrificio. 
     Le vi el pañuelo.
D: Él lo encontraría. Yo no se lo di.
    Mándale que venga y confiese la verdad.
O: Ya ha confesado.
D: ¿Qué ha confesado?
O: Que habéis tenido trato.
D: ¿Cómo? ¿Carnal?
O: Sí.
D: No puede decir eso.
O: No, le han cerrado la boca.
    Se encargó el honrado Yago.
D: El miedo me engaña. ¿Ha muerto?
O: Si hubieran sido vidas sus cabellos,
     mi venganza podría con todas. 
D: ¡Ah, le han engañado y yo estoy perdida! 
O: ¡Calla, zorra! ¿Le lloras en mi cara? 
D: ¡Ah, destiérrame, señor, mas no me mates! 
O: ¡Muere, zorra! 
D: ¡Mátame mañana! ¡Esta noche no!
O: Como te resistas...
D: ¡Sólo media hora!
O: Empezar es acabar.
D: ¡Que rece una oración!
O: Demasiado tarde.

La ahoga

D: ¡Dios mío, Dios mío!
EMILIA: [desde dentro]
   ¡Señor, señor! ¡Eh, señor, señor!
O: ¿Qué ruido es ése? ‑¿Aún vives? ¿Todavía?
    Soy cruel, pero clemente.
    No quiero alargar tu agonía.
    Así, así.


Relato: Yakuruna




Yakuruna
(Fragmento)

Un hombre yacía sentado en una roca, cerca de una gran cascada. Miraba a un punto fijo, por entre la caída de agua, muy atento a lo que pudiera suceder. No, todavía no se iría, le quedaba mucho por ver: aunque todo lucía conforme, en la parte más espumosa de la orilla de aquel riachuelo, que era la continuación de la cascada, cerca de unas piedras semicirculares y a unos veinte metros de donde él se encontraba, unas ropas manchadas con sangre y los restos del cadáver de un niño de por lo menos diez años, le obligaban a no voltear la mirada. 

Detrás de él, y de los árboles, se ocultaba el sol de la tarde. Detrás, también, la silueta de una bestia negra, agazapada debajo de unas raíces prominentes, silenciosa, detenida en la sombra y al acecho, respiraba con sobriedad, atenta a todo movimiento.

La bestia era un yanapuma, o runapuma, de tamaño colosal; este animal recorre solitario la vastedad de la selva, todo el tiempo por pasajes umbríos, oscuros, relegado a la maldición de ser lo que es: una sombra encantada.

Dicen que el yanapuma antes era gente, vivía cerca de un río de aguas muy oscuras en el que solía bañarse de madrugada, luego de haber caminado sin rumbo preciso. Iba a cualquier lugar, cada tarde, arrastrando su melancólico andar y su desconocido nombre; pero, al llegar el amanecer, volvía a su incondicional refugio, a la hora de siempre.

La gente del pueblo, asentada a unos quinientos metros a la derecha del río y de su casa, veía pasar a este extraño y solitario hombre, por la única calle, o más bien trocha, que daba con la montaña, siempre en la hora del crepúsculo. "Gente mala debe ser, por eso camina solo", se decían entre ellos, y miraban con malicia el proceder de este personaje.

Cierto día, sucedió una desgracia en el pueblo. Dijeron que había sido un gran monstruo, peludo, mitad gente, mitad animal, y que había salido del río, exactamente desde la dirección de la casa más alejada de todas. El monstruo quiso comerlos, no cabía otra explicación, manifestaron después algunos testigos, y que por eso le repelieron con palos y piedras. Pero el enfrentamiento terminó mal para los pobladores, con más de cinco muertos en batalla. 

Ante estos sucesos sangrientos y extraños, la gente decidió tomar medidas de fuerza. Sin mucho criterio, tras argumentar algunas razones mal fundadas, llegaron a un acuerdo: el culpable, definitivamente, vivía cerca, por el río. 

De inmediato, provistos de antorchas y palos, la madrugada oscura en la que fueron a destruir y quemar la casa del yanapuma que todavía era gente, los hombres se sorprendieron al encontrar tanta rareza en la consumación de sus malintencionados actos.

Llegaron sigilosos, rodearon la casa con premura y al son de un grito de conflagración, se dispararon en brutal acometida, buscando la destrucción. Fuego, humo, el alba en su máxima expresión, escombros…, pero la víctima intacta, en el centro, desnuda… No se movía, tenía los ojos cerrados y el cabello aún húmedo de la zambullida de hacía poco. Tal vez, dado a que alguno osó apalearlo en más de una ocasión, soportaba el dolor con estoicismo; o no, quizás no miraba a nadie para no matarlos, porque bien que hubiera podido, así lo indicaba su vitalidad. Los hombres, al verlo tan a salvo, esta vez intentaron sujetar su cuerpo entre varios, dispuestos a trasladarlo a una hoguera, o al río; pero, he ahí que un canto apacible, de ternura, dulce, conmovedor…, los hizo retroceder, y mientras iban apartándose lentamente, el llanto y las lágrimas no dejaban de emitirse. De un instante a otro, el canto se hizo agudo, tal si la garganta del runapuma se estuviera reduciendo; aquí todos se dieron la vuelta para ver, y, qué ojos tan hermosos, igualitos a dos lunas llenas.También el cuerpo empezó a cambiar, mientras se retorcía y su cabeza giraba con violencia. De pronto, le salieron garras, y su cabeza y demás partes fueron tomando la apariencia de un tigre, no uno cualquiera; más bien uno negro, negrísimo. Y fue que su canto se hizo rugido, y sus pasos se aceleraron por la espesura boscosa sin dejar rastro.

Los hombres tuvieron miedo, por eso volvieron a encerrarse en sus casas; pero conforme pasaban las horas, iban preguntándose qué era aquella bestia, y qué valor tendría su piel oscura; de dónde había salido, qué representaba… La codicia los indujo a proveerse de sus lanzas e ir detrás de ella, para cazarla, quitarle la piel y mostrarla a los enemigos o a quien fuera, en señal de grandeza. 

Salieron después del mediodía, siguiendo una dirección precisa, sin imaginar que desde el cimiento de un árbol cercano, por entre unas enredaderas y sobre la hojarasca, el runapuma los observaba sigilosamente. Ellos, ni se imaginaban. 

No fue sino hasta el anochecer que los hombres, diseminados en grupos en la anchurosa selva, oyeron los gritos de las mujeres y niños dejados en el pequeño poblado. Ya cuando regresaron, en la trocha, o cerca del río, o en las puertas de las casas, los cadáveres se extendían de variadas formas, todos incompletos y con una característica en común: sin sesos.

Esa noche, el cielo mostraba innumerables estrellas y una luna de redondez casi perfecta. La claridad era mucha, podía verse el río, las casas, el inicio del bosque… Los hombres, sumidos en la tristeza y el miedo, agazapados cerca de un árbol, se cubrieron las espaldas; en tanto, subido en lo alto de una roca, el yanapuma rugió imponente. Se le veía huraño, amenazador, grande bajo el influjo de la luna llena, que además circundaba el perfil de su cabeza. 

 Ninguno se salvó de su ataque, a pesar de que hubo un gran enfrentamiento; tampoco pudieron huir, ¡menos!; bastó un corto tiempo para que los cuerpos cayeran igual que los otros. 

Desde entonces dicen que esta fiera se alimenta de cerebros porque no entiende cómo los hombres, a pesar de tener conciencia, siempre se dejan llevar por la venganza y la ambición. Los mata por gusto, con el fin de quitarles el conocimiento, ¡para qué les puede servir la inteligencia!, ¡humanos torpes! 

Dicen también que los ojos del runapuma son como dos lunas que brillan en la noche, porque cuando este era humano, se ponía a mirar horas y horas la luna llena. "Gente es este maldito, ¡su hijo de la luna es!", aseguran algunos cazadores antiguos, aduciendo haberlo visto en lo más profundo de la selva. "Solito anda, después cuando aparece la luna llena, se convierte en un tigre negro, y así se queda un tiempo; después se hace gente otra vez". En efecto, pasado el plenilunio, no se sabe nada de este misterioso animal. 

Con el paso del tiempo, este ser encantado por la luna sigue existiendo en la vastedad de las selvas inexploradas. Va meditabundo, porque todavía busca la belleza de la noche, tras un destino incierto, acogedor…; pero de repente un día llega a un lugar de ensueño, fascinante, o ha vuelto a pasar por ahí y esta vez descubre que no está solo, que hay un humano mirando el riachuelo y la cascada de su ventura, sentado en su lugar, en donde nadie debería sentarse. Mira al pobre hombre y se compadece de su desgracia, qué poco alentador su semblante, y qué tragedia seguramente lleva consigo. Le observa detenidamente, todo el tiempo lo hará, hasta que anochezca; desde donde se encuentra nadie le ve, aunque de enfrente, si alguien se atreviera a mirar, echaría en cuenta dos ojos luminosos.

El hombre que yacía mirando la cascada, sobre una roca, en realidad observaba el agua de la orilla enrojecida por la sangre de un cadáver que hacía por lo menos una hora había visto caer de la cima. Ni se daba cuenta de la presencia del yanapuma, ni le importaba; sin embargo, de un momento a otro, impulsado por el deseo de la curiosidad, volteó la mirada, se levantó con rapidez y empezó a caminar hacia la cima. Desde donde estaba, le tomaría más de dos horas. 

En el instante en que se dio la vuelta, en un segundo, creyó ver dos luces equidistantes, unos ojos tal vez, de alguna bestia, serpiente, o…, del runapuma. Un escalofrío le estremeció el cuerpo, tuvo miedo; aun así avanzó con precaución, paso a paso.

La oscurecida bestia empezó a seguirle, al principio sin dejarse ver; luego, con descaro, se apareció por entre los árboles y desde una distancia prudente, avanzaba conforme los pasos del atemorizado hombre: si este corría, o iba lento, o se paraba, igual hacía el animal.

Al cabo de un rato, con la llegada del final de la tarde, el hombre no podía más, le dolía todo el cuerpo y caminaba con el dolor de una herida reciente; pero no debía detenerse, a no ser que se diera por perdido y ahí nomás se quedase, a la deriva, cerca de la muerte. No, preferible morir de cansancio antes que abandonar alguna esperanza de vida. Y siguió avanzando. Varias veces intentó subirse a un árbol, y estuvo a punto de hacerlo otra vez sin que le importase ya nada, solo que el animal, enfurecido en gran medida, más que en las otras oportunidades, amenazó lanzarse con firmeza sobre sus espaldas si continuaba en ese afán. 

Menos mal que decidió continuar, para su bien, aferrado a una idea desquiciada, suicida: lanzarse desde la naciente de la cascada, cien metros abajo, al riachuelo donde había visto caer el cadáver del niño. Se arrojaría con la intención de tocar el agua unos tres metros a la derecha de la orilla, recordando la parte más profunda, siempre y cuando hasta entonces no recibiera el ataque del animal. No, no le haría nada mientras no anochezca, pensaba, aunque desde ya sentía la proximidad de la luna llena. 

La distancia para su plan se fue acortando; sin embargo, el runapuma, quizás previendo una probable salvación de su inminente víctima, se fue acercando sin contemplaciones, decidido, raudo, fiero en su acometida. El hombre, que era un cazador muy experimentado, se dio la vuelta para mirar y, ¡ahí cerca!, ¡diez metros!, ¡ocho!... En el transcurso de un indeterminado segundo, o milésimas de este, excitado por el miedo y con la cara lívida de terror, el hombre se agachó buscando proteger su cabeza, abriéndose paso entre los árboles y las hojas, y descubriendo muy cerca de sus manos una lanza dejada por quién sabía qué gente del pasado. De inmediato, acordándose de las historias que le habían contado, frotó el arma puntiaguda en las hojas del suelo, rápido, antes de que la fiera se abalanzara sobre su cabeza. 

A tiempo usó la lanza, salvándose así. "Menos mal que decidí continuar, para mi bien", se dijo luego, aliviado, consciente de que el yanapuma se había marchado debido al frotamiento de la lanza en la hojarasca, por eso nada más; si la hubiera usado sin valerse de ese secreto, de nada le habría valido su ataque, muerto ya estaría, sin cerebro. Afortunadamente los poderes de las hojas secas le salvaron; ellas, y la consagración de la naturaleza en producirlas.
¡Salvado! ¡Libre del ataque de esa fiera negra! ¿Y ahora?

Caminó por entre unas enredaderas, avanzó presuroso siguiendo el borde de unas rocas interpuestas que formaban pequeñas cascadas, se detuvo, miró la enorme piedra por donde debería seguir, respiró hondo, más aún cuando observó a la distancia, en el extremo derecho, una silueta humana sentada en un descampado, mirando a la luna.

Quiso ocultarse, ir en otra dirección antes de ser visto; pero la silueta se dio la vuelta y empezó a llamarle por su nombre. Al oír ese llamado, reconoció la voz de un anciano que hacía tiempo le había enseñado muchas cosas. Se acercó a él, y así habló el anciano: "Acabaremos mal, todos vamos a morir…". 

(Escribe: Miuler Vásquez González)

Versos: Félix Maquén

 
 


¿POR QUÉ...?

Porque tú los crías abnegadamente
y a ellos  entregas tu amor sin medida
porque tus emociones y alegrías
es  profunda empatía
que une  hombre y animal.
Porque cuando  me acerco
a la traba o al reñidero 
aleteas de contento y  cantas para mi
yo en retribución me esmero y con amor 
           /te entreno
y cuando chasco mis dedos hasta danzas 
              /tu sentir.
Porque apenas llego 
mi presencia adviertes 
y en sutil cacareo saludas mi existir
porque con solo mirarte y acariciarte
mi medicina eres y  por ti quiero vivir.

Porque cuando en la arena luchas
lidia junto a ti mi corazón
y tu triunfo es mi triunfo
y si te vencen
sufro y dejo en el redondel grande dolor
por tu vida y la mía
por tu entrega y  ejemplo de valor
gallo de lidia
¡por ti... soy!

¡Oh Bankiva!
ubérrima raza pura Europea
ágil, rápida cual centella
por ti el tiempo de pelea
es más corto al definir.
Oh raza India de mirada fiera
de hábil  juego y sin igual guapeza
difícil pierdes porque tu cabeza
de inmensos desiertos
quemantes soles sabes resistir.
Oh  gallo luchador  Peruano
logrado atleta nacional.
¡Coraje tú! ¡Todos los cruces tú!
multicolor aire que ante mí te despliegas
contigo mi alma se hace tierna
cuando en la arena te entregas
defendiendo el honor de mi galpón.
Oh ajiseco... moro... seda...
cómo quisiera
que así el humano luchara
con  consecuencia y valentía
su  amor...  su dignidad.
Oh caireles flotando en el nervio erizado
heroico chorro de luz que iluminas la arena
yo quisiera
eternizarte en mí que ansío ser
quizá sueño, quizá anhelo:
¡llegar a ser campeón!

Ionósfera (10)

 
 


Robert Moog: El padre del sintetizador

La música amplifica nuestras emociones, nos devuelve recuerdos y también nos ayuda a olvidar, como también puede trasladarnos a cualquier época. Nació hace más de 50,000 años cuando los hombres prehistóricos hicieron suyos los ritmos de la naturaleza, de ahí pasamos, tras increíbles experiencias, a las melodías producidas con ordenadores de última generación. Vamos a hacer un viaje en el tiempo y conoceremos el origen y al creador de un instrumento que revolucionó el modo de hacer música: el sintetizador.

Todo empieza en Estados Unidos cuando un genio de la ingeniería llamado Robert Moog, nacido el 23 de mayo de 1934 y el músico experimental Herb Deutsch se conocen en 1963, entablan una gran amistad que los impulsa a crear un nuevo instrumento, el "Moog Modular Synthesizer", con apenas 200 dólares de presupuesto. El invento fue presentado en 1964, cuando Robert hizo una demostración durante la Convención de la Sociedad de Ingeniería de Audio celebrada en Los Ángeles. En esta convención, Moog recibió sus primeros pedidos, y el negocio despegó.

El primer prototipo modular Moog fue construido en 1964, con los pedidos de sistemas personalizados que se estaban adoptando ya en 1965 y una línea de productos disponibles en el mercado en 1967. Se creó la Compañía Moog Music, dedicada a construir y vender estas máquinas musicales analógicas a las universidades, estudios y músicos durante los años sesenta y setenta. Los sistemas no eran más que sólidas cajas de madera que albergaban pequeños módulos electrónicos que cuando se interconectaban mediante cables se podían utilizar para crear, moldear y manipular sonidos electrónicos musicales. Con el surgimiento de un nuevo mercado, los fabricantes diseñaron modelos más pequeños, además comenzaron a ser construidos por otras empresas japonesas como Roland y Yamaha.

La compañía Moog Music creció de forma espectacular durante los primeros años. Robert diseñó y comercializó nuevos modelos a petición y gusto de los artistas y grupos en la década de los setenta, cuando géneros como el rock progresivo demandaron nuevos sonidos para los cuales se adoptó este instrumento. Algunos de los ejecutantes de sintetizadores de esa época fueron Keith Emerson, tecladista de Emerson, Lake & Palmer y Rick Wakeman, tecladista del grupo Yes. También nacía la música electrónica por parte de grupos pioneros como Kraftwerk de Alemania, esta derivó en subestilos como el Techno Pop o el Synth Pop, en los cuales se destacaron bandas como Depeche Mode, Orchestral Manoeuvres In The Dark, Ultravox, Alphaville, Modern Talking, The Human League, Erasure, Soft Cell, Gary Numan, Pet Shop Boys, y así la lista continuaría.

No queda duda alguna que la creación de este teclado fusionado con un ordenador fue capaz de revolucionar la música en general. Robert Moog es considerado el padre de los sintetizadores, no porque él fue el primero en construir estos instrumentos, sino porque sus brillantes diseños de circuitos sonaban increíbles, convirtiéndose en el más popular entre los músicos serios que buscaron forjar un nuevo camino en la música. Este genio falleció el 21 de agosto del 2005.

// M.D.

Relato: Los pollos de Maquén



El camión Fusso se instaló frente a la cabina de control de la policía forestal en la ciudad de Bellavista. El jirón Mariscal Cáceres, a esa hora de la tarde, resultaba un tanto desierta.

Un grupo de personas se bajó desde el altillo de la carrocería para desperezarse, mientras los dueños de la carga y el chofer de la unidad buscaban argumentos para justificar la madera y animales  prohibidos que llevaban.

Un hombre en mangas de camisa color celeste, sudoroso y portando un hermoso gallo color cenizo en los brazos, se dirigió hasta una huerta dentro de la cual unos frondosos árboles auspiciaban una alargada sombra.

El guerrero, después de sentirse libre, en el suelo, dio unos ligeros picotazos, estiró el cuello y lanzó un estentóreo canto. Después de este ritual de "cantar en cualquier corral", al decir de los amantes de gallos cuando se refieren a aquellas increíbles aves destinadas para las batallas, empezó a esparcir un shunto de hojas y a picotear el ambiente llamando a una posible germa.

No había terminado de cantar cuando en la vecindad, más específicamente dentro de la huerta, se desató una verdadera barahúnda de cantos y cacareos. 

Un hombre de cabeza blanca y tez bronceada salió hasta la vereda y se quedó viendo a la enorme ave que se deleitaba sola, dando vueltas como si estuviera en medio de su harén.

El que lo cuidaba, al verlo llegar, le preguntó como si ya se conocieran, obviando cualquier saludo:

—¿Son suyos esos gallos?
—Sí que lo son, amigo. Pero el suyo es excepcionalmente grande —dijo en tono admirado, señalando al ejemplar. Y con la costumbre de todo buen gallero se acercó al ave y le tendió la mano. Este procuró picotearlo, pero entonces la sagacidad del visitante hizo que lo tomara detrás del cuello con un trato de maestro. —¡Es hermoso! —dijo, en tanto le acariciaba la base de las alas. — ¿Va a venderlo?

El dueño del "cenizo" dio un bufido y dijo casi contrito:

—¡Oh, no! ¡No está de venta! —pero entonces algo debió pensar, pues volvió con un brillo en los ojos, diciendo: —Pero sí lo puedo cambiar con alguno de los suyos. La verdad es que yo quisiera uno de tamaño mediano. Éste, como comprenderá, es demasiado grande para llevarlo por diferentes lugares.

Después de lo dicho se quedó como admirado de sus propias palabras y se volvió entre esperanzado e inquieto.

Félix Maquén, que era el dueño del lugar, aficionado y criador de estas magníficas aves, sonrió con total afecto y le invitó a conocer sus dominios.

Entrando al fondo de la huerta, frente al local principal de su vivienda, se ubica nada menos que un conglomerado de celdas de varios pisos donde están colocadas, en forma individual, las aves de pelea. 

Con la sagacidad del hombre de negocios y ducho en los avatares de la gallística, Félix no se demoró en condescender lo que a su parecer satisficiera la oferta de su visitante:

—Si es así, escoge, hermano, el que te guste —dijo alargando la mano y señalando la cantidad y variedad de emplumados que en esos momentos sacaban la cabeza y atisbaban quisquillosos.

De esta manera llegó al círculo de influencia del poeta y gallero nombrado, aquel encomiable adalid de indiscutible calidad, y con él empezaría a tener la esperanza más recóndita en cuanto a encastar con alguna de las varias gallinas de raza que tenía. 

El nuevo dueño del emplumado era más que atrevido, pues de inmediato lo puso en contacto con las susodichas encopetadas.

En esta oportunidad, el aficionado tenía una enorme gallina de raza que de alguna manera se asemejaba al campeón que le acababa de soltar. Era de indiscutible conocimiento que aquella no se había dejado convencer por ninguno de los plumíferos que tuvieron la insensatez de querer mancillar su dorada magnanimidad.

Quienes hurgan en las lides del amor dicen que muchas veces este fenómeno se da a primera vista. No es de pensar que aquel encopetado de afilado pico supiera esta verdad, pero sucedió que apenas entró en aquel laberinto de hembras espabiladas, miró como si se tratara de un conquistador que entraba dentro del harén de su incumbencia y de inmediato se dirigió a la bella. No es de decirse poco, pero aquélla le miró con un aire retador y de inmediato le entabló una bronca que habría de durar semanas. Los enormes espolonazos y patadas se sucedieron con un arrebato propio de gladiadores en el circo romano.

En la enorme huerta la pareja de aves descansaba de la lid para volverse a trabar como fieros combatientes. Cuando Félix perdía las esperanzas de ver procrear a esa hermosa con el nuevo inquilino que parecía un galeón en medio de una tormenta, y cuando ya se disponía a aislarlos para no permitir que se lastimen más de la cuenta, una tarde en que caía una lluvia avasalladora, de pronto, ella se rindió. El dueño pudo ver, conmovido, cómo aquella enterraba prácticamente el pico y se abandonaba a los designios del macho. En aquellas circunstancias, tampoco este se encontraba mejor que la "dama", pero, desde entonces, la pareja empezó a vivir bajo un romance propio de los más grandes amores y nunca más se los vio litigar.

Entonces vino la primera pollada, y quizá la última…

Fueron veinticinco los enormes y azulados huevos… ¡veinticinco!  Maquén se encontraba la mar de dichoso con la cantidad mencionada. Sería necio el no estarlo, dada su afición extrema a las aves de esas características. Con un cuidado rayano en el extremismo le compuso una cusha y luego depositó las preciadas joyas en el lugar. En seguida vino la época del empollamiento. En esta etapa el hombre le llevaba todos los días agua y alimentos a la madre, hasta el mismo lugar en que se encontraba a fin de que no se debilitaran. 

Cuando los polluelos empezaron a salir, la alegría del hombre fue indescriptible: todos habían logrado vencer a la áspera cáscara de su encierro, y ahora desbordaron en la huerta donde las demás gallinas con polluelos fueron quitados a fin de que nadie molestara a los nuevos preferidos. Pero la desbordante felicidad no quedó ahí, sino que, buscando a sus camaradas de inclinaciones semejantes, se portó con dos cajas de chelas para celebrar el acontecimiento.

Tener esa clase de aves significaba no solo un verdadero jolgorio, sino que la huerta se convirtió en un  campo de batalla de calichines. No había diferencia entre hembras y machos. Todos contra todos se agarraban a pelear por el simple hecho de que por sus venas corría sangre litigante.

Todavía no cumplían tres meses de edad, y cuando ya el dueño preparaba una serie de proyectos para aquellos nuevos gladiadores, después de una larga noche amanecieron algo cenicientos y con una tos que los languidecía. Creyó que se trataba de algo pasajero y entonces recurrió al limón con ajo y miel de abeja para reponerlos, pero a la mañana siguiente aparecieron muertos dos ejemplares. Asustado con este acontecimiento recurrió al médico veterinario, un amigo suyo. Los comentarios que hizo este no eran halagadores, pero aún así fue corriendo a buscar la medicina recetada; una vez adquirida les convidó a los sobrevivientes con un ademán rayano en la desesperación. 

Y eso fue todo. Al día siguiente todas las aves involucradas en esta camada, incluyendo a los padres, amanecieron muertas. La peste y algo más se los había llevado sin dejar ni siquiera algo para remedio.

Maquén, cuando relata este episodio de su vida, suele entornar los ojos y divisar más allá de lo que estos normalmente ven. Su asentada cabellera parece que se blanqueó más rápido de lo que quisiera como resultado de esta experiencia.Quizá no llora por el recelo de que sus amigos se rían de él, pero en el fondo de su corazón sufre como si hubiese perdido a algún miembro de su árbol genealógico.

Pero su dolor es comprensible. Y solamente se olvida de esto y de otros avatares cuando se desplaza por aquel magnífico puente sobre el río Huallaga. Entonces entorna los ojos y permite que su mirada viaje siguiendo las oscuras y torrentosas aguas. Sus amigos saben que esta fue una de las razones para que se quedara a vivir en la hermosa Bellavista. //