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jueves, 21 de marzo de 2013

Utopías y desvaríos (25)


Conozco de cerca a un héroe de verdad, de estos tiempos. 

Es un total desconocido que va por las calles sin llamar la atención de nadie, a veces contento por haber salvado una vida, otras veces triste por no salvarse a sí mismo. 

No es ni musculoso, ni invencible, ni tampoco se eleva por los aires; más bien es un tanto obeso, débil, torpe e inseguro. Cuántas veces le vi caer en el fango, sucio, adolorido, indulgente con el desprecio, calmoso ante la humillación de miradas inclementes; le he visto pelear por sueños ajenos, sin esperar recompensa, adormecido de emoción con cada meta cumplida, feliz; en su abrazo sincero, tantas veces ha mostrado misericordia pura, paz, calor y sinceridad; con miedo pero a braceo seguro, miles y miles de veces, resuelto a no permitir que las personas se ahoguen en el fracaso, le vi adentrarse en un mar de incertidumbres, sorteando los escollos de una vida incierta, náufrago de la miseria; se ha caído, ha perdido muchas guerras porque le asusta la violencia, teme morir, sus defectos son miles, sufre con el frío, tiene hambre, sed…, y mañana mismo podría ser la nada, el vacío incierto, porque también es un humano de carne y hueso, sin poderes, con muchas dificultades; no hay virtud en él que lo distinga del resto, ni legiones de admiradores que sigan sus pasos, no existe siquiera un reconocimiento a sus acciones; sin embargo, su benevolencia supera la fuerza bruta y sus abrazos desnudos tienen la calidez del fuego… Es real, eso lo hace imprescindible.       

Los verdaderos héroes sí existen; a este le veo avanzar con la espalda inflamada, a cuestas con un mundo de penas, prisionero del mal tiempo. Va con sus ojeras delatoras de una vida apagada, de desvelos, ¡es que se ha equivocado tantas veces, que sus ojos no han querido cerrarse días y noches enteros! Si pudiera, pero no puede, se dejaría aplastar por su carga, caería al abismo en dulce reposo, libre al fin de la complejidad que ostenta el mundo. Caer, derrumbarse, ser parte de la tierra, del cielo, del aire…, o ser un espejismo agónico, gutural, inspiración del desastre. Pero no, no puede caer: aún le quedan muchas vidas por salvar.

Ser héroe ya no está de moda en la actualidad, ahora a nadie le interesa serlo. Hubo un tiempo en que sí los habían, por todas partes, a toda hora. Estaban en las escuelas, en las calles, en los establecimientos estatales y hasta en los supermercados. Andaban en busca de salvaguardar vidas, con la honestidad bajo el hombro, con sus capas de moral, prestos a brindar ayuda al desvalido y a sacrificarse por quienes necesitaban de ellos. Eran tiempos buenos, de abundancia, de armonía..., pero un día todo acabó y vino la molicie, de la nada, a perturbarlo todo. Desde entonces he visto poquísimos héroes. Algunos acabaron mal, sin vida, destruidos por la indiferencia, otros  tuvieron la desdicha de largarse lejos, perseguidos por algún gobierno rufián.

De este héroe que conozco, hace más de treinta años que le veo pasar cerca, arrastrando su tristeza. 

(M.V.)

Personaje ilustre: Horacio Quiroga


(Información proporcionada por Oswaldo Gonzaga Salazar)

Reseña biográfica

Nació en Salto, Uruguay, en 1878, y murió en Buenos Aires, en 1937.

Uno de los dos más preclaros maestros del cuento corto en la literatura hispanoamericana. Escritor uruguayo cuya vida estuvo de comienzo a fin signada por la desgracia y fatalidad. Siendo muy niño aún, fue testigo de la accidental muerte de su padre, al escapársele un disparo de su escopeta. En su adolescencia presenció el suicidio de su padrastro, víctima de una parálisis cerebral.

Sus dos hermanos, Pastor y Prudencia, mueren de fiebre tifoidea.

También ese año mata accidentalmente a un gran amigo intimo mientras limpiaba un arma.

En 1915 su joven esposa se suicida dejando dos hijos huérfanos. En 1927 se casa con la jovencita María Elena Poravo, compañera de su hija. En 1937 esposa e hija lo abandonan partiendo a Buenos Aires.

Logró su jubilación, pero la enfermedad que le aquejaba – próstata – se agudiza y se le declara un cáncer.

En 1937 decide poner fin a su vida ingiriendo cianuro.


Elevó el cuento a un sitial nunca antes siquiera sospechado, emulando brillantemente a los grandes maestros. De Chejov aprendió el tono agrio, duro, la preocupación por el fondo y la acción; de Poe, el misterio, la alucinación, la muerte; de Kipling, el sentido profundo de la naturaleza. Tal vez por sus experiencias vividas, sus mejores relatos versan sobre temas trágicos: muerte, fracaso, alucinación, miedo, lo sobrenatural, como lo podemos ver en el cuento MÁS ALLÁ que presentamos; sin embargo, no todas sus historias son como los de "Amor de locura y de muerte"; su primer libro importante que publico contenía los deliciosos "Cuentos de la selva", auténticos relatos infantiles con moralejas de profundos y delicados sentimientos humanos que nos dicen bien a las claras del educador que fue. Dentro de estas candorosas historias está "La abeja haragana", un clásico ya del cuento infantil universal.//

Obras. "Los arrecifes de coral" (Poemas, 1901), "El crimen del otro" (Cuentos, 1904), "Cuentos de amor, de locura y de muerte" (1917), "Cuentos de la selva" (1918), "El salvaje y otros cuentos" (1919), "Anaconda" (Cuentos, 1921), "El desierto" (Cuentos, 1924), "Los desterrados" (Cuentos, 1925), "Pasado amor" (Novela, 1929).


LA ABEJA HARAGANA 
(Condensado)

Había una vez una abeja tan inteligente como haragana. Disfrutaba la vida volando de flor en flor chupándose la miel mientras que las otras hermanas trabajaban duro para producirla, sobre todo para las abejas recién nacidas. Ya le habían llamado fuertemente la atención y advertido del castigo sino accedía a trabajar, hasta que le cerraron la entrada, justo cuando se descargaba una fuerte lluvia.

―¡Compañero, por piedad, tengo frío! ¡Me voy a morir!
―¡Imposible! Aprenderás en una sola noche lo que es el descanso ganado en el trabajo, vete! ―y la echaron.

Buscó refugio y fue a dar en una caverna que no era más que el hueco de un árbol habitado por una víbora, una culebra verde presta a lanzarse sobre ella. "¡Oh!, qué tal abejita, no has de ser muy trabajadora para estar aquí a estas horas. ¡Te voy a comer!"

―No, no es justo que usted me coma por ser más fuerte que yo. Los hombres saben lo que es justicia.
―¿Oh, sí? ¿Tú conoces bien a los hombres? ¿Tú crees que los hombres que le quitan la miel a ustedes, son más justos, grandísima tonta?
―No es por eso que nos quitan la miel.
―¿Y por qué es entonces?
―Porque son más inteligentes.

Pero la culebra se echó a reír, exclamando:

―Bueno, con justicia o sin ella, te voy a comer de todos modos.
―Usted hace eso porque es menos inteligente que yo.
―¿Yo menos inteligente que tú, mocosa? Se rió.
―Usted no puede hacer lo que yo: desaparecer. 
―¿Cómo?, ¿desaparecer sin salir de aquí?
―Sí, y sin esconderme en la tierra
―¡Hazlo! Y si no lo haces, te como enseguida.
―Dése vuelta y cuente hasta tres, luego búsqueme y ya no estaré más.

Y así fue, no estaba por ningún lado. Había desaparecido 

―¿Dónde estás? Aparécete. Te juro que no te haré daño, ¡vamos!

¿Qué había pasado? Muy sencillo, las hojas de la sensitiva, una planta, que al menor contacto, se cierran, la envolvieron, ocultándola.

La inteligencia de la culebra no dio para tanto y quedó muy irritada. Esto la salvó, pero lloraba en silencio en una noche tan larga, tan fría, tan horrible…

Al siguiente día la dejaron pasar sin decirle nada ya que comprendieron que quien volvía no era la paseandera haragana. Este duro aprendizaje de la vida, en una noche la cambió para siempre. "No es nuestra inteligencia, sino nuestro trabajo lo que nos hace tan fuertes; yo usé una vez mi inteligencia y fue para salvar mi vida. Lo que me faltaba era la noción del deber que adquirí aquella noche. Trabajen compañeras pensando que el fin de todos nuestros esfuerzos es para la felicidad de todos; a esto los hombres llaman ideal. No hay otra filosofía en la vida que la de un hombre y una abeja.//


En el más allá de dos amantes 
suicidas (Condensado)

I. 

Dos amantes se suicidan  en un cuarto de hotel a causa de un amor imposible. El cianuro es uno de los venenos tan contundentes y y atroz. 

"Morir juntos, descansar en la muerte de ese infierno; preferimos verte muerta que en los brazos de ese hombre", había dicho papá. Haciéndolo no nos sentimos felices. Abandonamos la vida porque ella ya nos había abandonado al impedirnos ser el uno para el otro. Comprendí cuán grande hubiera sido nuestra felicidad de haber llegado a ser su novia, su esposa.

A un tiempo tomamos el veneno. Bruscamente, todos los ruidos de la calle de la ciudad cesaron después de la última convulsión, libre por fin de mi espantosa soledad. 
¡Perdóname: te amo tanto que te llevo conmigo! Ahora me sentía leve y tan descansada. Junto a la cama estaba mi madre; desesperada, me sacudió a gritos, pero Luis, diáfano a través de todo, venía a mi encuentro.

II. 

¡Amada mía: a qué precio hemos comprado esta felicidad ahora! Y yo ―dije― te amaré siempre como te amé antes, y no nos compararemos más, ¿verdad? E irás todas las noches a visitarme.

Seguía la agitación: Mira, Luis: ponen nuestros cadáveres en el mismo cajón.

Sí, como estábamos al morir. Fantasmas de amor. Pero nosotros los amantes viviremos siempre; ¡cuántos crepúsculos contemplaremos juntos!

Durante tres meses viví en plena dicha. Era puntual en sus continuas visitas; aunque, algunas veces, el hosco dolor de mamá rompía en desesperados sollozos. Yo vivía, sobrevivía, solo por el amor y para el amor. Salíamos también de noche como novios oficiales que éramos. No existe paseo que no hayamos recorrido juntos, ni crepúsculo en que no hayamos deslizado nuestro idilio.

Una de esas noches, nuestros pasos nos llevaron al cementerio. Sentimos curiosidad de ver las tumbas donde yacían nuestros cuerpos bajo tierra. Sólo una lápida de mármol que encierra lágrimas y remordimientos. La realidad, dije, es la vida depurada de errores que se eleva pura y sublimada en nosotros como dos llamas de un mismo amor. 

Nos alejamos de allí dichosos y sin recuerdos a pasear por la carretera, nuestra felicidad sin nubes.  

III. 

Pero comenzamos a sentir ambos una melancolía muy dulce cuando estábamos juntos y muy tristes cuando nos hallábamos separados. Ahora, en nuestras citas, pasábamos casi todo el tiempo sin hablar, como si ya nuestras frases de cariño no tuvieran valor alguno para expresar lo que sentíamos.

Salíamos y retornábamos mudos. Decíamos cualquier cosa para evitar mirarnos. Volvió la noche siguiente: hablábamos, hablábamos y hablábamos, todo en vano: no podíamos mirarnos.

La última noche apoyó su cabeza en mis rodillas, "mi amor...", murmuró. "Cállate", dije yo, "¡amor mío...!", "¡Luis, cállate! Si repites eso otra vez…", su cabeza se alzó y nuestros ojos de espectros, se encontraron otra vez desde hacía muchos días. 

―¿Qué? ―dijo Luis― ¿Qué pasa si repito?
―Tú lo sabes bien ―respondí yo.
―¡Dímelo!
―¡Lo sabes: me muero!
―No me queda sino una cosa que hacer ―dijo―¿Comprendes?
―Sí ―repuse yo; y sin volvernos a mirar, nos encaminamos al cementerio.

IV. 

¡Ah! No se juega al amor, a los novios, cuando se quemó en un suicidio la boca que podía besar. No se juega a la vida, a la pasión sollozante, cuando desde el fondo de un ataúd, dos espectros nos piden cuentas de nuestra felicidad. Dentro de un instante me besará y lo que en nosotros fue sublime se desvanecerá al contacto de nuestros restos mortales.

Ignoro lo que nos espera más allá, pero nuestro amor fue un día capaz de elevarse sobre nuestros cuerpos envenenados y logró vivir tres meses en la alucinación de idilio.

Epílogo. 

De pie, sobre la lápida, Luis y yo nos miramos largamente. Sus brazos ciñen mi cintura, su boca busca mi boca, y yo le entrego la mía con una pasión tal que me desvanezco…


Ionósfera (3)



RETROSPECTIVAS: CRONOLOGÍA DEL ROCK PERUANO. (PARTE II)

Los 70´s y la dictadura militar

En un ya lejano 1968 nuestro país sucumbía a la dictadura militar del general Juan Velasco Alvarado, proclamando un gobierno nacionalista y antiimperialista; esta postura generó una exclusión de la cultura "Yanqui" en la que el rock se vio muy afectado ya que se consideraba como una herramienta de degeneración juvenil, prohibiendo todo tipo de recitales y/o conciertos; los medios de comunicación se vieron obligados a dejar de difundir rock, la importación de equipos de sonido encareció con lo cual era casi imposible conseguir buenos equipos y como tiro de gracia el rock peruano abatido por la política internacional fue aislada de su conexión con la escena extranjera.

Todo esto quedo expresado con la cancelación del concierto de Carlos Santana, que se iba a realizar en el Estadio de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cuando este gran músico se encontraba ya en el aeropuerto. El gobierno no halló excusa mejor para evitar el espectáculo que la posesión de marihuana sumado a los disturbios creados por estudiantes de izquierda de la Universidad de San Marcos.

A principios de los 70´s emergieron bandas de Heavy Metal como "Tarkus", también surgieron los primeros intentos de la fusión entre el rock y ritmos latinos y peruanos, en busca de un utópico mestizaje cultural que sigue hasta nuestros días, con exponentes como "Polen" y "El Opio", que son bandas que llegaron a hacerse conocidas incluso a nivel internacional.


Los inolvidables 80's: el resurgimiento

El inicio de esta mítica década se vio inaugurada con el exitoso lanzamiento del LP "Av. Larco" de la banda de rock progresivo "Frágil" producido por Panamericana Televisión a finales de 1981; por ese año esta empresa televisiva intentaba incursionar en el negocio discográfico pero luego desapareció, colocando al rock peruano nuevamente en los medios de comunicación. El movimiento rockero nacional tuvo un nuevo impulso al popularizarse en español a partir de 1983 con "Miguel Ríos" y la incursión de "Charly García" y otras bandas argentinas a partir de 1984, el fin del gobierno de Belaúnde y el comienzo del gobierno aprista marcan asimismo el inicio de una nueva popularización del rock peruano. 

Con el lanzamiento del video "Televidente" de la banda "Río", el rock peruano marca su entrada definitiva a los medios de comunicación masivos y se convierte en un fenómeno popular. A partir de ese momento tenían algo que hacer con el rock nacional todos los canales de televisión, diarios, revistas y estaciones de radio, exceptuando las especializadas como RBC o Radio Mar. El surgimiento de "Río" y de su primer LP "Lo peor de todo" a comienzos de 1986, impulsó el crecimiento del movimiento y el surgimiento de nuevas bandas en el espectro rockero.

Surgieron así bandas nuevas y algunas antiguas que se hicieron muy conocidas, como Feiser, Clip, Punto Negro, Dudó, S.O.S, JAS, Danai y Pateando latas, Imágenes, La Banda Azul, Paradero con Julio Andrade, solistas como Miki Gonzáles, Beto Danelli, Isis. En 1987, la banda Trama fue la primera en grabar fuera del país, marcando una pauta en cuanto a calidad de sonido, que había disminuido mucho en el país debido al silencio del periodo de 1975 al 1985, siendo también una de los pocas bandas nacionales que traspasó fronteras, haciéndose conocida en Chile, Bolivia, Colombia y Paraguay.   (M.D)//

Libros: Poesía reunida


Poesía reunida (Compilación de poemarios)
Autor: Luis Hernán Ramírez

"Mi poesía es romántica, y el romanticismo es amor imposible, nostalgia y también dolor".
   (Extraído de una entrevista)

Me presentaron a Luis Hernán Ramírez casi a empellones. Un maestro heroico, ansioso de encender en sus amigos un afán impetuoso por la poesía nacional me acercó a él con insistencia. En aquella época mi protesta era sobre todo aquello que me apremiara a hacer sin que a mí me gustara, por ejemplo, leer a Bécquer. "Mira, lee a…", decían, e inmediatamente se interrumpía mi entusiasmo. Quería conocer más a Benedetti, Neruda, Cardenal y Scorza, solo ellos podían colmar el innegable interés que tenía por beber de una poesía comprometida; lo demás, a duras penas adquiría significado y era bueno para mi gusto. 

La poesía de Hernán era para mí lo que para el agua el aceite. Me interesé por cualquier escrito suyo menos por ella; me parecía insólito que no reflejara un compromiso político y que careciera de sentimiento social. Y, en tanto, ya que lo había rechazado una y muchas veces, mi querido amigo me sacó del disgusto en que estaba, proponiéndome algo que me pareció podía aceptar: "Lee, disfruta, es poesía", me dijo. El recelo aumentó, pero la curiosidad, más. Descubrí su excepcional poesía a través de tres cortos poemas escogidos con cuidado; con ellos fui su confidente, entendí la fuerza y claridad de sus versos y asumí con emoción su ansia intensa por la mujer amada. Fueron tres poemas, transcritos en una hoja de papel ya viejo, con la letra hermosa de mi profesor. Esa poesía huidiza de la realidad y evasora del impuesto del compromiso social me cautivó; arrasó conmigo.

Fui seducida por la intensa duda que yace en "Fluctuaciones"; amé la melancolía que pervive en los versos de "Nostalgia" y el anhelo que habita acendrado en sus "Deseos". Su poesía, expresada con simpleza y serenidad, con ardor y pasión, mezcla de lamento y posesión, me llevó a un despertar muy íntimo y definió inesperadamente mis aficiones literarias. Aunque acariciaba verlo comprometido con el dolor de los hombres, quería también que permaneciera puro, arropado hasta el hartazgo por su romanticismo. Fue entonces que construí mi amistad con Luis Hernán a través de los coloquios con su poesía, es decir, con esos tres poemas. Durante mucho tiempo hablamos, nos reímos y en el silencio de nuestra conversación nos conocimos, hasta que lo olvidé; lo ignoré y se fue de mí.

Hoy ha vuelto; a través de la mano de un amigo me reencontré con él. Ya no es pequeño, reducido a sus tres poemas. Ha vuelto grande a mí, en su "Poesía Reunida", y de ella he recogido "Razón de amor". Y en la exacta dimensión de su sensualidad, sus versos dicen suaves: "Amo tu voz… / amo tus pies / tu claro vientre / tus axilas floridas / tu pubis de agua limpia /… amo tus senos / obedientes y puros…"                                      

Connie Philipps

Libros: Cuatro géneros


Cuatro géneros
de Carlos Maktangrunaka
Contacto: #97993026

Es un libro que bien puede equipararse a un cuarteto de cuerdas, donde cuatro instrumentos de la misma familia: un primer violín, un segundo violín, una viola y un violonchelo ejecutan cada uno de ellos su propio material musical, sus propios motivos melódicos y realizan sus propios quiebres y contrapuntos. Pero, al tocar los cuatro simultáneamente, conforman, al mismo tiempo, la obra musical resultante: melodía, armonía y ritmo, expresión sonora que el autor ha concebido precisamente a través de los  timbres  y  de  las  posibilidades  instrumentístícas de los  cuatro instrumentos mencionados. Sin embargo, no hay que olvidar que, aunque la música que toca cada uno de los instrumentos del cuarteto de cuerdas es independiente, hay una voz que sobresale, que hace el papel de voz principal, la del primer violín, mientras que la música del segundo violín y de la viola, que, sin ser relleno, mantiene voces secundarias. El violonchelo, con su timbre grave, lleno de armónicos y timbres exquisitos, hace la debida contraparte a los tres primeros con sus sonidos graves y ronquidos.

En el caso que ahora nos ocupa, el libro de Carlos Maktangrunaka, concebido en cuatro apartados, se nos muestra como una unidad literaria contundente, con un solo estilo: el del autor, harto conocido por los lectores de la revista "No hay cultura sin lectura", que flamea en Lamas y San Martín, fanal y testimonio, la más original y tozuda de la región amazónica entera, creación exclusiva y permanente del autor.

Entonces, las partes del libro son: poemas (primer violín), pensamientos (segundo violín), artículos periodísticos (viola) y narraciones (violonchelo).

La  poesía de Carlos Maktangrunaka es la que lleva la voz tonante en esta obra. Son veintisiete poemas escritos con sobriedad y con una pasmosa serenidad en que el autor, a pesar del ánimo exaltado en que en ocasiones se sumerge, no pierde un instante la inenarrable noción de la realidad, cual timonel que en medio de furiosas tempestades y enmarañados tremedales suele llevar su barca a buen puerto. En su poesía el autor da preferencia al verso libre, sin apartarse ni un momento de la originalidad que él quiere lograr para cada uno de sus versos. En esta sección hay por lo menos cuatro poemas que están escritos en un modo que podríamos llamar de poesía en prosa: "Socio de Dios"; "Lamista, es tu hora"; "Un agua sellada" y "Lamas, el cerro más elegante y deleitoso".

Sin embargo, opino que la última sección, la de las narraciones, trae textos de exquisita factura literaria, de profunda e intensa literatura con toques de nostalgia, especialmente cuando se trata de aquellos que elaboran sutiles o libremente expuestos elementos autobiográficos. Entre éstos se encuentra el que, según mi criterio, es el mejor de todos los textos del libro: el denominado "La chinaca", que es una narración que ocupa precisamente el último lugar de la obra, en una extensión de veintiocho páginas.

Es una notabilísima obra narrativa que debe pertenecer al fondo de oro de los cuentos sobre animales domésticos en la literatura peruana, en particular, y en la literatura de alcances universales escrita en castellano, en general. Por el estilo en que está escrito, por los giros literarios entretejidos por el autor, por el vocabulario empleado, por las altas dosis de humor y ternura que contiene, y por las repeticiones intencionales en el texto, "La chinaca" es, en miniatura, una obra literaria que puedo equiparar con el Quijote de la Mancha.

El texto de "La chinaca", puede enmarcarse dentro de un excelente ejemplo de prosa poética porque posee musicalidad interna, inadvertida, hábilmente ocultada por el autor.

Ya he dicho por escrito, y lo reafirmo en esta ocasión, que la literatura de Carlos Maktangrunaka constituye "la mejor palabra jamás escrita en San Martín", y que ahora, después del año 2000, su pluma se ha vuelto más efectiva, más flexible, más contundente, más ágil, más elegante, más universal, más nuestra.

Este libro sale a consideración de los lectores después de cuatro libros que Carlos Maktangrunaka publicó en la serie "Voces del bosque", entre 1991 y 2003, el segundo de dos ediciones; de un libro de poemas dedicados a la madre, con dos ediciones, denominado "A la flor más bella del hogar" (en 1996 y 1999) y más de 170 números de la revista "No hay cultura sin lectura" y varias ediciones de las otras tres revistas que él escribe, edita, vende y regala: "La ciudad", "Tercera etapa" y "Lamisteadas".

Sin embargo, el autor nos afirma que tiene en reserva gran cantidad de literatura en prosa y en verso que ojalá pueda publicar en los próximos anos porque el pueblo y los lectores de Lamas, de San Martín y de todo el país lo necesitamos.     

Luis Salazar Orsi

lunes, 18 de marzo de 2013

Utopías y desvaríos (24)



Un tipo a quien siempre esquivo para no mirar su cara, el otro día tuvo el descaro de pararse frente a mí, dispuesto a convencerme de ir a una reunión política. “¿De qué se trata?”, pregunté. El tipo este, animoso, me dijo que el partido más tradicional del Perú, varias veces gobierno, con muchos líderes históricos e incluso con la próxima presidencia asegurada, iba a organizar una reunión de jóvenes, importantísima, y que incluso el hombre más longevo de esta organización, les daría una video-conferencia y saludo via SKYPE. “Te invito, así socializaremos con mucha gente impetuosa y joven como nosotros”, me animó. Yo no dije nada al inicio; enseguida, tras mirarlo con repugnancia, así le hablé: “Primero: para la Constitución política peruana, ni tú ni yo somos jóvenes: ya hemos pasado los treinta; segundo: antes de decirte lo que vas a escuchar, te quiero preguntar si realmente perteneces a ese partido que dices. Responde.” Me miró contrariado, algo dubitativo. “Sí”, me afirmó luego de una pausa. “Dime la verdad, somos amigos y no quisiera tener que decirte esto”, insistí. “Sí, sí, ¡soy partidario!”, se arrebató. Y yo, sacando de mi bolsillo un billete de cien soles, mi único ahorro del mes: “Si de verdad eres lo que dices, ahora mismo me iré a una bodega y con este dinero, hasta donde alcance, compraré todo el jabón que pueda, para desinfectarme las manos de las veces que las estreché con las tuyas. No me importa si me tengo que lavar días y días, lo haré. ¿A cuánto cuesta cada barra? ¿Tres, cuatro soles? Con cien podría comprarme veinticinco unidades…” El baboso bajó la mirada con aparente resentimiento, y sin despedirse, se fue para siempre, creo, porque no lo he vuelto a ver hasta ahora.

Un segundo tipo, seguramente aburrido con su vida, cada vez que lograba dar conmigo, se apresuraba a invadir mi tranquilidad con preguntas personales. Yo siempre quise ser cortés con él, por eso mejor ni le respondía. Siempre era así, hasta que un día, cansado de sus acosos, me detuve a escucharlo. Tras haber oído sus miles de preguntas sobre mi familia, hijo, hermanos, salud, enamorada, trabajo, etc., le pregunté si creía en la reencarnación. “No. Aparecimos al azar”, me contestó, al instante. “¿No crees, entonces?”, volví a preguntarle. “No. Tampoco creo en Dios”. Sin decir nada más, en estado de aparente complacencia, hice el ademán de irme. “¡Espera!”, escuché de pronto, “¿y si creyera, qué?” Me di la vuelta. “Tú sí crees en la reencarnación”, le dije, “estoy convencido de eso; es más, sospecho que cuando te toque elegir un nuevo cuerpo, querrás ser un sapo”. Mis palabras fueron mágicas: el tipo se hizo sapo, hasta hoy. ¿O será que me he sugestionado y prefiero creer que lo es, para no escuchar sus estupideces?

Un tercero me hizo una consulta. Me dijo: “Tú que eres ingeniero agrónomo y que has estudiado en la “mejor” universidad del Perú, ocho años, a ver dime, ¿por qué algunas naranjas son menos dulces que otras? He sembrado la misma variedad en dos terrenos distintos y se nota que la de un lado es más ácida”. Después de hablarle sobre textura, PH, porosidad, fertilizantes, variedades, tipos de suelos…, finalmente le dije: “Como he estado mucho tiempo estudiando, se entiende porque me gustaban las materias y las llevaba más de una vez, te puedo decir que, definitivamente, si quieres que tus naranjas sean más dulces, debes ir a los distribuidores de abarrotes y comprar azúcar al por mayor. La dulzura va a depender de la cantidad de gramos que le añadas a cada planta, según las veces que lo hagas. De preferencia, te sugiero que tomes estas medidas en la etapa de floración. Es todo. Ve entonces, ve a comprar lo que te dije”. Y no se fue; más bien empezó a reírse en mi cara. “¡Carajo!”, le levanté la voz, “¿quién es el ingeniero acá?”

Un cuarto, uno que vende comida, nos recibió una vez, a mi y a unos amigos que vinieron a visitarme desde la capital, en su acogedora casa. Estábamos de lo lindo, almorzando, cuando de repente, “¿qué es esto?”, se sorprendió la mujer, porque ellos eran una pareja, “¡y esto!”, agregó el hombre. Me acerqué a ver en el plato, donde reposaba un juane de yuca y paiche, y vi unos minúsculos gusanos arrumados en colonias, por doquier. No supe qué hacer, la vergüenza que tuve fue grande. Pensaba: “en qué momento se me ocurrió traerles aquí”. Lo único que hicimos, como era de esperarse, fue largarnos de inmediato. Al día siguiente, no sé por qué, le comenté este percance a un amigo escritor y periodista. “Qué bárbaro, qué cochino, qué idiota”, fueron algunos de los adjetivos que le escuché decir, creo que hasta más indignado que yo mismo. Ni me imaginaba que al poco tiempo, en los días siguientes, iba a circular una noticia pública en la que se hacía escarmiento del descuido de algunas personas en cuanto a higiene en la alimentación; aunque no hubo nombres, la evidencia era marcada. Pues bien, a este amigo periodista, volví a visitar algunas semanas después. Me senté a su mesa, por insistencia, y mientras él me recordaba la escena de los gusanos, riéndose a carcajadas, yo me dispuse a comer. Hube dado dos o tres bocados, no más, a un arroz con frijoles verdes, antes de detenerme y mirar atentamente su contenido. “¿Qué pasa?”, indagó mi anfitrión, todavía con la sonrisa en los labios. Entonces levanté de mi plato un enorme gusano, de esos que hay en las vainas de los frijoles. Era grande, de por lo menos tres centímetros. El semblante de mi amigo cayó bruscamente; de la dicha, pasó al desamparo; de la vida a la inercia... Me quise reír a todo pulmón, como él lo había hecho hacía unos minutos, pero me contuve. Creo que después ni hablamos más durante todo el almuerzo.

Un quinto, el hombre más polifacético que conozco, un día me estuvo hablando de Dios; me decía: “Dios está a mi nivel”. Así hablaba, con aparente seguridad y por enésima vez, cuando de repente, un ruido nos hizo estremecer. Salió corriendo a ver qué era, y, ¡sorpresa!, vio a su moto prácticamente convertida en chatarra. Seguramente algún chofer, en afán de dar la vuelta a su vehículo o quién sabe si por puro goce, la aplastó de la peor manera. “¿Qué me estaba diciendo de Dios?”, me atreví a preguntarle. Mis palabras no fueron oportunas, por tanto, ni las hubo más ni tampoco encontré respuesta alguna. Mejor pasé a retirarme.
(M.V.)

Relato: Las monedas


Olande Silva Pinedo. Tarapoto, 1977. Estudió Idiomas en la UNSM-T. Publicó en la muestra poética REZISTENCIA, el 2009. Escribe sobre la condición depresiva del amor.

Un precioso día de una lejana primavera, despertó el rey Esperpento con ansias de convertirse en un gran vendedor. Entonces, bajó a su hermoso jardín y cosechó las sonrisas más tiernas e inocentes del gran árbol de la risa que allí hace mucho crecía. Las puso en una carreta y enrumbóse con dirección al mercado de la comarca. Y tanta era su alegría y tan superlativa su emotividad, que silbando por el bosque iba, pero no solo; junto con él, muchos estorninos y ruiseñores también coreaban el dulcísimo estribillo.

Al llegar al pueblo, cogió dirección hacia la calle principal y establecióse en una obtusa esquina a la espera de los singulares clientes, ¡y vaya! que la espera no fue larga, ya que al poco tiempo tuvo en frente al primer cliente. Este era un borracho, que balanceándose de un lado a otro trataba de sorber algún líquido oscuro de una lúgubre botella; esperó que se le vendiese en seguida una sonrisa, pues, como dijo, quería matar una vergüenza que no podía ahogar con la bebida. Sacó una mugrosa moneda y se la arrojó al vendedor. Cogió la hermosa sonrisa y se la calzó, empero, la sonrisa no vivió mucho tiempo, pues el efluvio de la bebida comenzó a quemarla hasta marchitarla y se fue convirtiendo, poco a poco, en una horrenda mueca, y el pobre borrachín se alejó convertido en un ser espeluznate y olvidado. El rey Esperpento quedóse desilusionado.

El segundo cliente fue un amargado. Llegó dando alaridos y gritando improperios, pidió toscamente que se le vendiese la mejor sonrisa, la cogió, pagó por ella con una moneda muy fría y se la puso impacientemente, pues, como dijo, se iba a encontrar con alguien que lo había herido, y no quería mostrar su odio. La segunda sonrisa tampoco tuvo el efecto esperado, ya que el rencor acumulado del segundo comprador, transformó a esta cálida sonrisa (pues era la sonrisa del perdón) en un gesto de hipocresía, dándole al amargado el aspecto de un ser frío y mentiroso. Así se alejó, mascullando entre dientes, palabras indescriptibles. El rey Esperpento quedóse desilusionado y meditabundo.

El tercero no fue mejor que los anteriores, ya que se trataba de un melancólico. Vino muy tímidamente, y con un hilo de voz suplicó que se le vendiese una sonrisa, pues, como refirió, tenía un inmenso dolor que no podía olvidar. Pagó por ella con una moneda muy delgada y quebradiza, se vistió con la nueva sonrisa, pero al poco rato, esta empezó a desmoronarse y poco a poco se fue desvaneciendo, ya que el melancólico era incapaz de darse una segunda oportunidad en la vida. Y arrastrando su canijo cuerpo, avanzó muy despacio y desapareció más allá de la calle de los recuerdos. El rey Esperpento quedóse verdaderamente desilusionado y meditabundo.

El cuarto cliente fue el soberbio, quien se acercó altivo y jactancioso y reclamando todas las atenciones del vendedor. Pidió la sonrisa más grande, pues quería congraciarse con todos los hombres y ser admirado por muchos. Arrojó una pesada moneda que el pobre rey Esperpento apenas sí pudo cogerla del suelo y en seguida estrenó sonrisa nueva, mas esta vez, tampoco obtuvo el resultado esperado, ya que a causa de su vanidad, el soberbio tuvo que soportar la sonrisa más pesada, y con los labios colgándole de la cara se retiró convertido en un ser cómico y lamentable. El rey se quedó entonces muy triste.

Estaba tan decepcionado el rey Esperpento, que ya comenzaba a arrepentirse de haber deseado ser un vendedor, cuando de pronto apareció frente a sus ojos la figura de un infante. Preguntóle el rey cual era su deseo, y  contestó el niño, con toda la naturalidad del mundo, que deseaba una sonrisa, pues, como aseguró, era un buen día para sonreír. Sin embargo, -aclaró- no tenía dinero para pagarla. Conmovióle la inocencia de aquella criatura al rey Esperpento, que en aquel instante todo su ser se arrojó al gran valle del amor y corrió por los eternos campos de la felicidad. Cogió la más pequeña de las sonrisas -pues era la última que le quedaba- y se la regaló. El niño se la colocó y entonces sucedió algo mágico, el sonido más puro e inocente comenzó a brotar de aquella criaturita y de repente, la pequeña sonrisa se convirtió en una gran risa que inundaba el ambiente de un aroma a esperanza. Y de esta manera se alejó el niño dando brinquitos a mezclarse con la multitud.

Luego de aquel episodio, el rey Esperpento recogió sus cacharros y se puso en marcha. Al  salir del pueblo, metió las manos en los bolsillos, arrojó las pobres monedas al arroyo, y regresó a su palacio sintiéndose inmensamente rico. //

Peruano ilustre: Armando Robles Godoy


Escritor, periodista y cineasta.

Nació en Nueva York, el día 7 de febrero del año 1923 y fue hijo del ilustre peruano Daniel Alomia Robles. Llegó a vivir en el Perú, diez años después de su nacimiento, en 1933. 

Cursó estudios en la universidad San Marcos, primero en Medicina y luego en Letras, pero no llegó a terminarlos, por motivos de vocación y amor a su más grande pasión: el cine.
En su labor de periodista, en la década de los años 60, durante 7 años, publicaba una columna en el suplemento dominical de El Comercio, titulada: "Lenguaje misterioso"; esta columna la retoma en los 90.

En su faceta de cineasta, escribió y dirigió las siguientes películas: "Ganarás el pan" (1964), "En la selva no hay estrellas" (1967), "La muralla verde" (1970), "Espejismo" (1972), "Sonata Soledad" (1978), "Imposible Amor" (2003). 

También fue un gran escritor. Publicó "Veinte casas en el cielo" (novela), "El amor está cansado" (novela), "La muralla verde y otras historias", "Un hombre flaco bajo la lluvia" y "12 cuentos de soledad". Es importante rescatar que Robles Godoy ha sido finalista en varias oportunidades en la bienal de cuento, COPÉ y sus cuentos "Tercer acto" (1981) y "Elipsis" (1998) ocuparon el tercer y segundo lugar.

De todas sus habilidades, la más reconocida y trascendental, sin duda ha sido su trabajo como cineasta. Dirigió por lo menos 25 cortometrajes, además de una telenovela de 100 capítulos, cuyo título fue "Los recién llegados", en su momento censurada en Perú por la dictadura militar de Juan Velasco Alvarado. La mayoría de sus películas fueron premiadas internacionalmente.

El  26 de julio del 2010, este gran peruano fue internado en el hospital Casimiro Ulloa, de Miraflores, producto de las secuelas de un accidente vehicular. El 10 de agosto, tras haber sido trasladado a Cuidados Intensivos del hospital Rebagliati, debido a un paro cardiorrespiratorio, se apagó un genio. //


"Veinte casas en el cielo", es un relato apasionante, que narra la historia "de un idealista que quiere dedicar su vida a la redención del hombre, y funda una ciudad de utopía en las estribaciones de la serranía del Perú", tal y como se hace mención en la contracarátula de la edición publicada por "populibros peruanos", en los años 60's (No se encuentra la fecha de edición en ninguna parte del libro).

El trasfondo de esta novela, a mi parecer, encierra la evidencia inminente y eterna, de una nación que por siempre estará dominada por las clases políticas, que a su vez, cuenta con un poder invisible que ni siquiera favorece a sus mercenarios en los momentos de decisión. Robles nos dice que el hombre es capaz de todo, incluso de ir en contra de los suyos, y que pese a guardar cierta conciencia, las masas invisibles que gobiernan este sistema, terminarán por derribar cualquier semblante. Y entonces, uno podría preguntarse sobre los sueños y anhelos; pero ahí que la conspiración (que no es otra cosa que la diferencia de pensamientos infundados), termina por destruir todo resquicio de intención, y con ella la vida sucumbe sin retroceso. (M.V.)

domingo, 17 de marzo de 2013

Ionósfera (2)



RETROSPECTIVAS: CRONOLOGÍA DEL ROCK PERUANO. (PARTE I)

Rock And Roll, tres palabras que destilan emociones, pasiones y grandes nostalgias. Cuando este género rey apareció en EE.UU allá por mediados de los años 50, Perú fue uno de los primeros países sudamericanos en asimilar esta novedad musical, engendrando tradición rockera a lo largo de muchas décadas.

Si de cronología hablamos, el Rock And Roll llegó al Perú el 15 de septiembre de 1955 con la llegada del film "Blackboard Jungle" en el cual se ejecutaba el tema "Rock Around The Clock" de Bill Haley y sus Cometas. El impacto del film en la juventud fue impresionante, originando una identificación casi inmediata, década a década este género fue reclutando a  talentosos músicos, marginados o no, total, lo único que importaba era mover grandes masas y sentir por las venas esa energía musical.

La evolución del rock peruano se fue clonando de factores de ámbito político, social, cultural y demográfico, obteniendo como resultado una exquisita variedad de géneros y subgéneros obviamente influenciados en bandas ajenas a nuestro continente.

LA DÉCADA DE 1960:

Nacía una banda llamada "Los Incas Modernos"; estos editaron en 1963 uno de los primeros álbumes de rock peruano; un año más tarde con "Los Saicos", el rock peruano dio el gran salto, siendo ésta la primera banda de Sudamérica que escribió sus propias canciones y en español ya que hasta ese momento sólo se utilizaba el inglés. El mayor éxito y que los inmortalizó fue el tema "Demolición", el cual ha sobrevivido hasta nuestros días, siendo reinterpretado años después por muchas bandas contemporáneas. Los Saicos son considerados para muchos los creadores del "Punk" por sus letras de rebeldía y contrariedad al gobierno de turno y a nuestra sociedad conformista en esos años.

Otra de las bandas muy importantes de la década fue "Los Shain's", también formados en el año 1964, influenciados por bandas como "The Ventures", propias de un estilo surf rock estadounidense, para luego pasar a un estilo más psicodélico. Otra banda importante fueron "Los York's", influenciados por bandas británicas como los Rolling Stones y The Kinks; estos grabaron cuatro LP´s. 

Ya en la segunda mitad de los 60´s nacieron bandas con un sonido más simple y armónico, lo que más tarde se conocería como "Pop", teniendo entre los máximos representantes a Los Silverston's y Los Doltons que por esos años hicieron un cover de la banda "Frankie Wilson & The Cavaliers", The last kiss, cuya versión en español se llama "El Último Beso", paralelos a estos también encontramos a Los "Belkings", banda instrumental del distrito de Lince.

En cuanto al idioma adecuado para cantar este género las bandas Pop deseaban hacerla en español, contrario a grupos netamente rockeros que veían el idioma inglés como una proyección para llegar al mercado musical norteamericano. Paradójicamente, las bandas que cantaban en español iban ganando seguidores y más cobertura radial aislando a los que cantaban en inglés en un espacio subterráneo.

Esta es la primera parte de la historia del rock nacional, los inicios de todo un legado musical adherido a la descentralización, nuestras costumbres y de género. //  (M.D.)

Libros: Gritos del bosque


Gritos del bosque y otros versos (poemario)
Autor: Darwin Córdova Vásquez
Contacto: darwinco_81@hotmail.com

Es de anotar que la mayor cantidad de sus 37 composiciones en verso se dan en el contexto amazónico, razón por la cual sus personajes y el medio ambiente entrañan toda una gama de la Región Verde que, como una acuarela artística,  está bordada. 

"Cuando todo era alegría –afirma– y el sol salía para todos… cómo añoro aquellos tiempos idos". 

El amor no está ajeno en él, pues de la misma manera en que se enfrenta a los rigores medioambientales, con la misma fuerza ensalza a la mujer tomando la apariencia de una sirena cuando dice: "una mujer se asomó de entre las aguas / dejando a flote su escultural silueta…". 

Y siendo que al  parecer  todo se da conforme a un diseño preestablecido  bajo el aura de una aurora secular, de pronto "el viento ha cesado, las aves se alborotan / la tierra está vibrando, hay árboles caídos…". La destrucción del bosque es un incendio que avanza sin control ni medida ante el clamor de los seres vivos que la pueblan y que exigen ¡no más devastación!

La selva ha cobijado a cuánto migrante llegó a sus orillas desde hace un medio siglo, sin embargo el pago surgido de todo eso es calamitoso. Nuestro autor denuncia esta barbarie dada por propios y extraños cuando  exclama con remordimiento: "¡Ayahuita, hombre cruel / ahora te muestras ingrato, después que te alojé en mis brazos!"

Y luego se encarga de hacernos recordar que tal extremo innegablemente arrastrará un castigo que la misma madre naturaleza se encargará de facturarnos: "dejaste de cortar los pocos árboles que quedan, / ah, con razón, ahora escucho tus lamentos y súplicas".

Su denuncia es descarnada: "ríos sin peces, hombres sin sueños / tierras sin bosques… ¡la naturaleza está agonizando!". Su advertencia nos llega sin recatos ambivalentes: "el enlutado cielo ya no engendra lluvias".

Darwin no es un hombre triste. Las circunstancias clavadas en el corazón, y que lo han marcado para siempre, le dejan un espacio para deleitarnos con la lira de sus versos: "exuberante bosque tropical / verdor de un tramo, azul hasta el cielo". O para volver a ser niño en las alas del tiempo bajo la protección del entrañable abuelo: "tus palabras, tus consejos / eran savia y alimento / hasta ahora los recuerdo"

Indudablemente que nuestro autor no es fatalista.  En medio de esa vorágine ausculta la terrible realidad y nos da una salida cual si después de una enfermedad atináramos a soliviantarla utilizando nuestras propias herramientas, nuestro raciocinio: "un viejo árbol… adornando sus ramas /  cuajarán en frutos mañana / esperando repoblar".  "mira la luz de los abuelos y de los maestros que fueron buenos / …y compártelo con el mundo, ¡el despertar es ahora!".

Como todo poeta, Darwin es soñador que cae, atiza y se levanta amando, sufriendo, añorando, insuflando…

La voz de su pluma estoy seguro que perdurará como los vientos frescos del bosque al que tanto ama y del cual trasluce su vida y energía.
                                      
Escribe: Gavino Quinde Pintado

La televisión basura


DE LA TELEVISIÓN Y DE LA ESTUPIDIZACIÓN DE LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES

Nuestros niños y jóvenes se vienen estupidizando cada vez más, se nota en sus preferencias y gustos sobre programas de TV, su precoz despertar sexual y su alejamiento notorio de las buenas lecturas y el estudio. Las clases escolares se han iniciado en todo el Perú, ello no será impedimento para que nuestros niños y jóvenes sigan viendo televisión. Razón por la cual hacemos un llamado a los docentes para que tengan en cuenta lo que están viendo nuestros hijos y escolares.

El año 2012 han aparecido programas de TV que se han convertido en líderes de sintonía de nuestros niños y jóvenes, pero también, líderes en estupidizarlos:

 "COMBATE" (Vía ATV)
 "ESTO ES GUERRA" (Vía América TV )

Los principales, pero para no quedarse atrás, cuatro programas han elaborado sus formatos similares a los mencionados:

 "PARA ELLAS" (Frecuencia Latina)
 "DOS SAPOS Y UNA REINA" (América TV)
 "BIENVENIDA LA TARDE" (Frecuencia latina)
"HOLA A TODOS" (ATV) 

Estos programas son una fábrica de personajes dirigidos a nuestros adolescentes, pero resulta que, una reciente encuesta ha demostrado que quienes más ven son los niños.

Nos preocupa por las siguientes razones:

1.  En forma directa se ensalza que el mayor valor de una persona es su físico, por ello se contrata modelos masculinos y femeninos que casi desnudos y con ropa interior recontra ajustados, representan escenas de amor y enamoramiento entre ellos, lo que despierta la precocidad sexual de nuestros púberes, generando platonismo en sus delicadas mentes.

2. Increíblemente, cada semana, en estos programetes se fabrican parejas que coquetean y supuestamente viven amoríos, con escándalos, traiciones, lágrimas, chismes, infidelidades. Prácticamente enseñando que son situaciones comunes y naturales el vivir de esa forma y, eso ven nuestros niños sin que el Ministerio de Educación, la Defensoría del Niño y el Adolescente y otras entidades que tienen que ver con la salud mental de nuestros niños digan absolutamente nada.

3. Los supuestos juegos entre hombres y mujeres, con dimes y diretes, peleas, amoríos en los rincones del canal, besuqueos, apachurrones saltando unos encima de otros, prácticamente están promoviendo la promiscuidad.

4. Los niños son imitadores inocentes por excelencia, ¿no creen que estas cosas deben estar sucediendo en las aulas de las instituciones educativas desde el 2012? Dichos programetes se han reforzado para este 2013. Inclusive con álbumes que los niños los compran.

¿Cómo erradicar esos programetes?

Los docentes deben jugar un rol importante. Aquí algunas sugerencias:

1. Desarrollar actividades para analizar los antivalores que promocionan esos programas. Por ejemplo en asambleas y diálogos escolares criticarlos y sacar conclusiones.

2. Dar tareas o actividades de aprendizaje viendo programas educativos, por decir en History Channel, Discovery, Nat Geo, etc, que coincidan con el horario de esos programetes.

3. Realizar reuniones de análisis crítico con los padres de familia para que puedan orientar a sus hijos sobre los peligros de la televisión basura.

4. Intensificar la lectura en las aulas promoviendo el valor de la belleza de nuestro mundo interior sobre lo físico.

No permitamos que nuestros niños y jóvenes sigan los pasos de estupidización televisiva, porque desde décadas los adultos estamos con programas televisivos de ese tipo como "Magaly TV", "Trampolín a la Fama", "Raúl Romero", "Carlos Cacho", "La Chola Chabuca", "Gisela", programas supuestamente cómicos que hacen lo mismo y donde impera la grosería y los gritos de mal gusto.

CULTURA Y MÁS CULTURA
HASTA COMBATIR LA TV BASURA

Escribe: Carlos Villacorta Valles

domingo, 10 de marzo de 2013

Utopías y desvaríos (23)



Un amigo mío, eterno enamorado él, un día viernes me llama por teléfono a eso de las diez y media de la noche. “¡No puede ser!”, reacciono, antes de contestarle. Pienso: “o le ha pasado algo malo o necesita algo urgente de mí, porque llamarme en la noche, siendo hoy inicio de fin de semana, realmente es sumamente extraño”. Al fin me atrevo a responder, esperando lo peor, cuando de pronto, escucho algo inesperado: “¿Podemos tomar un par de cervezas?” Contrariado, a punto de colapsar por la curiosidad, le digo que no, de inmediato (los que me conocen saben que yo muy poco con el alcohol), pero que me cuente sus pesares, que podía contar conmigo. Entonces me dice que la mujer que ama, a quien nunca pudo acariciar siquiera, menos llevarla a lugares más íntimos, le ha reprochado una acción con dureza, y que se estaba yendo de él, para siempre… En un esfuerzo sobrehumano para complacer en algo sus deseos de embriagarse, le digo que acepto beber con él en otra oportunidad, cualquier día. “Ahora ya sé que podrás tomarte una cerveza con los amigos, ¡en adelante, sí!, a menos que vuelvas atrás y sigas como siempre, tan distante”, le enfatizo. El hombre, sumido en la tristeza, me sustenta su teoría acerca del amor y trata de hacerme reflexionar. Me dice, por ejemplo, que yo nunca me he enamorado de verdad, que por eso no sé lo que es amar, entre otras cosas. Al final, estoy convencido, le creo; sin embargo, deseo ya cortar la conversación, antes de morirme de aburrimiento y de hambre.

Nos despedimos.

Luego de una media hora, rodeado de un montón de grasa, ensalada, ají, gaseosa, etc., mientras devoro una pierna de pollo, pienso: “lo mejor de esta vida, aun sabiendo que la muerte nos acosa con el colesterol y los triglicéridos, sin duda, es comer. También lo es defecar, practicar coito, dormir, ¡y tantas cosas más! En contraste, hay necesidades del cuerpo que satisfacer en soledad. No me imagino ir por las calles con el estómago revuelto debido a la ingesta de carne o frijoles, con la media naranja a lado, involucrados ambos en un concierto de flatulencias; tampoco creo que los sudores, mal aliento, cabello despeinado, mal humor, ronquidos, etc., sean soportables toda una vida, por amor…” A punto de hilvanar un nítido y sonoro regüeldo, mis ojos se desorbitan de pavor y vergüenza. La razón: una mujer guapa, rubia, voluptuosa, ha pasado medio metro delante de mí, embriagándome con un aroma de flores; la veo eternamente bella, sin defectos, inasible…, mientras que yo, obeso, grasiento, dejo de comer y trato de engullir las papas fritas que me han hinchado la cara. Finalmente se va la mujer y yo, dudo un instante, mas no claudico ante mis pensamientos primigenios. “Son como yo en el tiempo”, me convenzo, finalmente.

A estas alturas de la noche, o madrugada, que sé yo, he llegado a la siguiente conclusión: “mi amigo es un héroe”. O “cojudo”, por perseguir una consumación que jamás va a palpar.

(M.V.)

Utopías y desvaríos (22)



Uno. El cielo se ha involucrado con mi cabeza, sin duda, por eso estoy cerca de las estrellas, mirando esta atmósfera irrespirable. A mi alrededor, los astros me asfixian de inmensidad. Pienso: “si el planeta de dónde vengo cabe en mi mano, y si yo soy casi nada para esta inmensidad que me rodea, entonces, esos humanos microscópicos que tratan de hacerse notar, seguro que equivalen a las bacterias que hay en un escupitajo mío”.

Dos. Un loco de la calle, el otro día se me acercó para decirme: “No me gustan los niños. Son gritones y caprichosos, se orinan, cagan, lloran, se despiertan a media noche, vomitan y eructan. Además, qué crueles los padres, a veces sin tener cómo, por el goce de procrear y sin prever el futuro, los traen a este mundo tan poco afable. Es decir, un niño que nace, crecerá expuesto a guerras, violadores, miles de enfermedades, desastres, curas ―en esta parte, el loco me aclaró que sólo se refería a los pederastas que ya mencionó el papa renunciante―.” Ante tales palabras de este pobre desquiciado, yo le dije que cómo podría saber si le gustan los niños, ¿o acaso él los había comido ya? Y además, le increpé acerca de su niñez, quizás fea, macabra. ―Pobre loco, pienso ahora, con esa cara tan horrible seguro que habrá tenido una niñez horripilante. ― Cuando ya me estuve yendo, este inusual loco me detuvo un poco más. Así me dijo: “Sé que piensas que estoy loco. Seré loco, pero te coloco. Sobre los niños: ¡no me gustan! Lo que más detesto de ellos, es que muerden dedo, ¡son antropófagos los malditos!” Por miedo a terminar agredido, me fui corriendo, de inmediato. Pienso en mi hijo de doce años y me convenzo de que el loco estaba equivocado.

Tres. He encontrado una forma legal de ganar harto dinero. Aquí les doy los pasos para quienes se atrevan. 1. Primero hay que liberarse de toda conciencia y ser arriesgados. Por nada se debe pensar en la repercusión que pueda generar nuestras acciones. 2. Si la gente quiere mier…, hay que darle mier… Nada es más enriquecedor que satisfacer a tanto coprófago andante, sin duda. 3. Piense en algo que haga daño y que sea legal. Cigarrillos, licores, cerveza, burdeles, discotecas, videojuegos, programas de tv de espectáculos y de competencias absurdas, entre otros, componen algunos insumos e ideas innovadoras para hacer buenos negocios. Esta última premisa, sin duda, es la más fundamental de las tres mencionadas. Ya sabe amigo, sea un hombre exitoso y rico: lo logrará despojándose de su conciencia, con mucha alienación y siempre que esté dispuesto a todo. Anímese, no le será difícil con estas leyes tolerantes, ni tampoco le costará mucho soborno.

Cuatro. Leí en un diario local el otro día, acerca de la publicación de un libro. Decía la nota, que este trabajo había tenido buenos comentarios en las redes sociales y que era indispensable, etc., etc. Yo me pregunto, ¿será que los amigos que recogen la información están llenos de talento y son tan creativos para argumentar noticias tan importantes, basadas prácticamente en la nada? , ¿o es que los medios no saben qué información transmitir y ponen en sus páginas cualquier cosa? A este paso, le diré a mi amigo periodista y poeta, conductor de tv y radio, famoso él, que comente sobre mis libros, para mañana tener una portada en todos los diarios. Ya imagino los titulares: “Ingeniero publica libros sobre la Amazonía: y tiene buenos comentarios de sus amigos en el facebook”.

(M.V.)

Utopías y desvaríos (21)



Estarás en mi memoria, por ser:

La noche iluminada de los sueños que persigo. A veces oscura, fría, sin sentido, tétrica…; pero casi siempre luminosa, cálida, de plena hermosura.

El resplandor de la paz, mi paz. Se agrieta y oscurece mi interior con tu silencio, a cada segundo; en cambio, si te escucho, si das alguna muestra de vida, me adelanto a paso seguro, con júbilo.

La motivación pedida que se me escapó con los años, de tanto vivir apresurado. El futuro será lo que tenga que ser, conmigo o sin mí; pero los paisajes que se muestran en el horizonte, el cielo, los ríos, el bosque…, guardan instantes irrepetibles, únicos, que no voy a perderme de sentirlos por nada, menos ahora, en este tiempo que me resulta agradable a cada parpadeo que doy.

La esperanza de vida eterna que siempre me he jactado de ofrecerte, siendo tú quien me la concedes, sin oprobio y con armonía. Lo sabes desde siempre: “que cada segundo / sea eterno”.

La resignación de un ave cuyo vuelo se ha postergado por tiempo indeterminado. Has revoloteado sobre mi cabeza una y mil veces, con y sin esperanza, con cansancio, al borde de la agonía…, pese a mi mal aspecto, maltrato e impasibilidad. Te has postrado de tanto esfuerzo; pero aún no es tarde: el cielo, lo descubro y avizoro, está despejado ahora. ¡Ve!

El artista que ha moldeado el barro del que soy hechura, le ha dado vida con su soplo y hasta lo ha mostrado al mundo, por gusto, para que su arte se haga ternura.

Quien me abre las puertas de la lujuria y me convence de no asustarme.

Cada uno de esos libros que me ausentan de este mundo hostil. No me es arriesgado sumergirme en la sinuosa realidad, si avanzo en adelantadas páginas de ensueño y fantasía; tampoco encuentro límites, ni caminos intransitables, ni fantasmas que me asusten, si al final de mis viajes, siempre tengo la esperanza de encontrarte. ¡Me basta saber que estás ahí!

El precipicio a donde van mis pesares, la honda caída que destroza mis temores absurdos y los pilares en los que mi soberbia se hace pedazos.

El sol, el aire, el agua, la tierra…, elementos que bien podrían caber únicamente en tus ojos.

El agua que ha de limpiar mi suciedad, siempre que mis desvaríos hagan que mi cuerpo se ensucie donde no deba.

El perdón inherente que fortalece mi cerviz, la necesidad que obra en pro de arruinar toda culpa y la súplica que no he de escuchar más; es decir, mi memoria te guarda, por ser el castigo que me consuela.

Lo que siempre he querido ser, ayer, hoy y mañana, pura bondad, fortaleza inquebrantable, luz, arcoíris, el atardecer que encanta a los ojos, las flores y rosas multicolores que abrigan el canto de las aves, la esperanza de un poeta, la música, la lluvia…, y, en suma, por ser mi inspiración.

Como sea que tengas que ser.

(M.V.)

Utopías y desvaríos (20)



A donde sea que vaya, quienes se cruzan en mi camino, me preguntan “en qué andas”, “dónde trabajas”, o que si tengo familia e hijos, o si le veo a tal o cual persona… Yo les digo que ando “conspirando”, pero la verdad es que me enferma responderles a estos entrometidos, más si son tipos a quienes ni siquiera veo.

Pasa lo mismo cuando respondo por el teléfono. “¿Dónde estás?”, ¿qué estás haciendo?”, son las preguntas indispensables que se supone, debo responder obligado.

Pienso que la gente anda muy insatisfecha de sí misma, de ahí la necesidad de saber qué hacen los demás. Me imagino que a estos súperhumanos les hará bien descubrir si el otro anda desempleado, con muchos hijos, pobre...; pero si no es así, seguro que la bendición y los buenos deseos no se hacen esperar, por supuesto encubiertos en la más grande hipocresía.

Una mañana en la que, junto a unos conocidos y parientes, me encontraba comiendo pescado, se nos acercó un tipo sólo para preguntarnos dónde estábamos trabajando. "Tengo mi chacrita de maíz", le dijo mi amigo, disconforme por la intrusión. "¿En dónde?", todavía preguntó el tarado, mostrando una sonrisa cínica, sospechoso de haber descubierto que le estaban tomando el pelo. Todos en ese instante, nos recontracagamos de la risa, yo más, al ver en ese intruso una barriga más prominente que la mía.

Otro día estuve en un apuro debido a la ingesta de abundante grasa, cuando, empezó a sonar mi teléfono, una y otra vez. Alguien que estaba cerca, se apresuró a entregármelo. "¿Sí?", pregunté. "Hola. ¿Qué estás haciendo?", oí del otro lado. Un poco airado, intrépido, respondí: "¡estoy en el maldito defecario, cagando!" Quien me había llamado, "¡inmoral, cochino!", se apresuró a insultarme, siendo esa persona la única responsable de mis respuestas. Y me cortó, desde luego. O sea, me llaman miles de veces sin ser capaces de especular que ando ocupado y que por eso no respondo, me preguntan qué hago, yo les digo la verdad, ¿y aún así la ofensa es mía?

Si tanto quieren saber de mí, aquellos que quieren saberlo, aclaro, la verdad es que, a veces y exceptuando a quienes aprecio, preferiría no hablar con nadie. Solo, enrumbado con ímpetu díscolo, me desplazo mejor, carente de agonía, embelesado. Solo, es decir, sin charlas estúpidas y carentes de sentido; sin tener que decir lo que no quiera; sin nadie que realmente joda la paciencia...

Tomando en cuenta mi percepción del mundo, la conclusión final a la que he llagado, es esta: "estoy y no estoy del lado correcto". De este lado, en mi cómodo sitial, los escenarios que alberga mi conciencia, se desbordan de soberbia y perfección. Más allá de mí, están los otros, los que piensan lo mismo que yo desde otro punto de vista (o mejor dicho, de otros escenarios); para ellos, a quienes pretendo enterrar en la humillación, mi palabra es incierta e inútil, como realmente lo es en este espacio habitado lleno de tuertos en el que vivo.

Por mi parte, para terminar, creo que estos humanos infelices, ni se darán por enterado de esta aseveración final. ¡Hecho!

(M.V.)

Utopías y desvaríos (19)


Conozco la historia de un hombre enteramente triste. Viene de un lugar que no conocemos, fuera de esta tierra. Es grande, tanto, que con sus manos puede tocar el cielo.

—¿De dónde has venido? —le pregunté, cuando le vi llegar.
—De antes —me respondió. Pertenezco a una historia.
—Entonces, ¿no eres real?
—Ciertamente, podría no serlo; pero lo soy.
—Si eres real y no lo eres a la vez, pienso, será que no eres humano.

En esta parte me pareció oír una carcajada irónica. Por supuesto no llegué a ver sus dientes, solo recibí sobre mi cabeza, un chorro de una sustancia liquida y contaminada. "Su saliva", imaginé.

—¿Un hombre? —me habló luego— ¿Crees que podría serlo? De todas las criaturas que habitan en las historias por las que he recorrido en mis miles de páginas vividas, te diré, no he visto ser más repudiable, odioso, inconsciente, sucio...
—¡Basta! —intervine.
—...despreciable, soberbio, envidioso...
—¡No sigas, marica!

Logré callarlo, al fin, a tiempo y para su bien: no quiero ni imaginar la golpiza que hubiera sido capaz de darle, por atrevido.

El gigante se agazapó entre sus rodillas, lentamente, hasta ocultar su cabeza, que era como una montaña.

—No tengo mundo, estoy solo —dijo para sí, al minuto, sumido en un llanto repentino.
—¡Te me callas, pequeño bastardo! —grité.
—¡Completamente solo! —atronó.

Si hubiese hablado una palabra más, habría empezado a patearle. Yo ya estaba levantado, dispuesto a todo, en posición de ataque. Para su bien, se calló.

—Ustedes los hombres grandes, son creaciones humanas, nada más. Ni piensan por sí mismos —le dije—. Son unos tontos. Se sientan en sus tronos, hablan y hablan, ofrecen cosas, se acicalan, sonríen a todo el mundo, creen tener poder...; sin embargo, cuando están solos, la ridiculez los hace escoria, basura. ¡Mírate, no vales nada!

Iba a decir más frases hirientes, solo que, de entre una nube poco usual, difícil de ver por estos lugares tan alejados de la civilización, uno de mi especie, abanicado de fastuosidad y confort, se adelantó a mi emplazamiento.

—¡Detente! —me detuvo— ¡Arrodíllate ante mí!
—¿Por qué debería hacerlo? ¡No! —me rehusé.
—¿Ves todo lo que llevo encima? ¿Lo ves?
—Llevas ropa y objetos brillantes; pero apestas.
—Es el precio de todo este lujo, tonto.
—A las justas puedo ver tus ojos, el resto es basura: veo mucha basura reemplazando a tus órganos.
—¡Cómo te atreves! ¡Tengo mucho poder! ¡Voy a ordenar que vayas preso!
—¿Sí? ¿Bajo qué argumento?
—Inventaré uno. Por ejemplo, por acosar a este humilde gigante que tienes acá a lado.
—¿En serio? ¿Y qué vas a suponer? ¿Dirás acaso que soy quien propició su tristeza?
—¡Exacto! ¡Eso!
—¡Micromegas! —llamé— ¡Micromegas!
—¿Sí? —me respondió el gigante, alertado por sus innumerables sentidos.
—¡Haz lo tuyo!

Y se lo comió, Micromegas comió a esa basura intimidante.

Yo, por mi lado, me recosté avergonzado. El humano que había llegado en su nube, uno de los innumerables que se aparecieron en este día, me defraudó como los otros. De nada me sirvió actuar, una y otra vez, el mismo parlamento, ¡siempre el resultado era el mismo!

Los hombres de esta tierra, pienso ahora mismo y se lo hago saber a Micromegas, verdaderamente son estúpidos: ven la grandeza en la basura y a la evidente majestuosidad la maltratan a su antojo.

—Acércate Micromegas, voy a llevarte a donde correspondes, no mereces esto, tú no.

Utopías y desvaríos (18)



Cuentan que en el maravilloso mundo de la realidad, allá donde habitan las aves más extrañas, entre una pequeña quebrada y al límite de una ciudad bastante ruidosa, vivía un pequeño pajarito. A diferencia de las aves vistosas, cuyos colores son intensos, esta era incolora; de su cuerpo, no obstante, aun siendo casi microscópico, resaltaba su cabeza, tan parecida a la de un lindo ratoncito. Pero a él no le gustaba, para nada, a veces incluso se sentía un miserable murciélago, o una rata inmunda. Entonces se ponía a llorar y maldecir su suerte.

Algunos pájaros grandes, por pura maldad, querían violarlo. Innumerables veces huyó de ellos, sobre todo de un pájaro rojo, gordo y comunista, que le tenía un hambre. Un día, cansado de huir de este, decidió resignarse. Levantó la colita, hundió el pico en el suelo, pero de repente…, “¡qué asco!”, escuchó piar a su acosador. Ahí fue que comprendió que tenía un don: apestaba.

Aunque al inicio fue triste su vida, pues sus alitas parecían estar siempre untadas de mierda, lo que le valía gran dificultad para el vuelo, ahora que su don le acababa de salvar la vida, en adelante anduvo orgulloso de su hediondez.

No se supo desde cuándo ni qué día, este pajarito salió de su nido para dirigirse a donde estaban los demás pájaros. Quizás fue luego de volar sobre las montañas, el río y los descampados. Volar, pese a las dificultades, siempre ha sido motivador para un pájaro. Lo fue para este. Enseguida debió regresar inspirado, seguro de sí mismo, dispuesto a conquistar el mundo.

Dicen que lo vieron llegar poseído. “¡Miren!, ¡arriba en el cielo!”, decía el público, desde las ramas de los árboles. “¡Es una mariposa!”, “¡No, una shicapa!”… Las demás aves aguardaban atentas la llegada de este nuevo visitante, que ni bien planeó su entrada, se desplomó sobre un montículo de hojas. De pronto, “¡soy un águila!, ¡soy un águila!”, sorprendió en cuanto pudo incorporarse. Desde el momento en que lo dijo, unos tras otros, los pájaros empezaron a caer al suelo, desequilibrados por el acceso de risa que les provocó ese cacareo apenas perceptible. El pajarito, entonces, aprovechó para dirigirles su mensaje: los iba a gobernar, de todas maneras.

Y lo hizo, por un golpe de suerte llegó al poder. En realidad, le dejaron el camino despejado porque no podían tenerlo cerca, “debido al don que decía poseer”, dijeron los entendidos.

Así sucedió con este pajarito. En la actualidad tiene un trono y es importante. Por otro lado, las noches le son menos amargas, dado a que ya puede comprarse, para sus plumas apestosas, jabones olorosos, perfumes y aceites importados. Aunque muchos digan que es un megalómano, para nada lo es, simplemente el poder no cabe es sus alitas pequeñas, ¡por eso lo abraza tanto!

Por lo rebosante que se le ve, probablemente haya cedido al acoso de sus ahora compinches. Es lo que no se entiende, ¿acaso piensa quedarse en el hábitat común de esos pájaros músicos (violines), teniendo esa cara de ratón y ese irrisorio tamaño? Es lo malo de llegar al poder, uno piensa que todos están cerca por lealtad.

El final que le espera a este osado pajarito, más o menos cuenta así: “Y el pajarito que quiso ser águila, volvió al maravilloso mundo de la realidad incierta que le vio nacer. Volvió, porque cuando su trono empezó a derrumbarse, fue acosado por una bandada de pajarotes despiadados. Fin.”

(M.V.)

Utopías y desvaríos (17)



Recuerdo que en mi niñez, mi padre, siempre buscando despertar en mí algún talento, me hizo aprender algunos poemas. Debía yo tener cinco o seis años el día en que, por primera vez y en una plaza, en el aniversario de la ciudad, empecé: “¡cómo has cambiado pelona…!” Esa noche, los vecinos de mi barrio, aquellos que hasta ahora me ven llegar a la casa de mi madre y se rehúsan a llamarme “ingeniero”, sino más bien que se cagan de la risa cada vez que les digo que lo hagan, por supuesto bajo mi consentimiento, porque en realidad me da igual cómo me llamen, siempre que lo hagan con respeto; esa noche, decía, mis vecinos me vieron recitar, o se pasaron lo voz, no sé; pero uno de ellos, que siempre andaba en su bicicleta de aquí para allá, “cagoncito”, mayor ya, un día que me estaba yendo a la escuela, se paró frente a mí, me agarró del brazo y de inmediato sacó un cuchillo enorme y filudo. “¡Recita!”, me amenazó enseguida. A pesar del miedo, intenté rehusarme. ¡Peor para mí!: el tipo me aseguró que si no lo hacía, me iba a cortar mis bolitas, en ese mismo momento. Entonces yo, hecho un baboso, recité y recité… En adelante, conforme pasaban los meses, incluso años, tuve que esquivar a este verdugo; mientras tanto, en las siguientes semanas, empezó a sentirse insatisfecho con mis poemas, obligándome a memorizar otros. Yo le tenía mucho miedo, por eso siempre andaba con cuidado, aunque no valía la pena evadirlo, puesto que siempre me sorprendía, ¡no sé cómo!, desprevenido.

Mientras me amoldaba a mis “nuevos pasos”, mis vecinos de entonces, es decir, mis amiguitos, ¡más vagos!, que no iban ni a la escuela, hacían su parte también para complicarme la vida. Cada vez que me invitaban a salir, por ejemplo, se esmeraban en dejarme en alguna calle, al descuido, mientras ellos corrían a esconderse. Hasta ahora no entiendo por qué estúpida razón eso me asustaba, si conocía muy bien todo el lugar y era imposible perderme. Otras veces estos apestosos, escondían mis sandalias, porque sabían que mi madre me daba una paliza cada vez que las perdía. ¡Cuántas veces me hicieron eso!

La verdad es que siempre fui bastante introvertido, de una timidez exagerada. Lo era tanto, que una vez, estando yendo en esos microbuses que antes poblaban esta ciudad, cuando el cobrador me pidió que pagara el pasaje, no tuve el valor de hablar ni supe decirle que mi madre lo haría. Otra vez, en la escuela, habiéndose perdido mi cuaderno y yendo este a parar en manos de la profesora, no quise reconocer que era mío. Y es que en ese cuaderno, había escrito un montón de poemas y cartas, dedicadas a una compañerita que me gustaba, la más linda de todas, según mis ojos. La profesora preguntó de quién era, leyó mi nombre incluso; mas yo, firme, dije que no era mío. De lo que más miedo tuve, fue que se pusiera a leer mis escritos, me moría de la vergüenza de solo imaginarlo; pero ella solo me miró con una cara de seducción y burla, y guardó el cuaderno en su bolso, lejos de mí para siempre. Si bien nunca le dije palabra alguna a quien me gustaba, sí tuve reparos en las miles de veces que me masturbé, pensando en que tal vez iba a ir al infierno por eso.

Creía en Dios, en extremo, tanto que cada día oraba con devoción, antes de cada comida y de acostarme, o en ocasiones que fueran necesarias. En mis oraciones, le pedía Dios que hiciera morir al presidente de entonces, por subir de precio todas las cosas, o si estábamos lejos de casa, en otro distrito, rogaba que por favor viniera pronto a llevarnos un vehículo. Y claro, las peticiones más importantes eran en beneficio propio: tener harto dinero para comprarme mucha gaseosa y un montón de golosinas. Mis oraciones me daban paz, seguridad, refugio, y de no haber sido por un amigo de mi padre, que vino a sentarse a nuestra mesa, en un almuerzo, quizás podría haber sido hasta cura. El tipo, mientras oraba con los ojos cerrados, porque yo los mantenía así durante un rezo y quería que todos hicieran lo mismo, cual ave rapaz se prendió de la carne frita que adornaba mi plato, e intentó tragársela de un bocado, pero casi se atora en el intento, poniéndose al descubierto. Dentro de mí, tuve deseos retorcidos, quise matar a ese abusivo por comerse mi carne, solo que me contuve por vergüenza y timidez. Desde esa vez, no he vuelto a orar, por lo menos no de esa forma.

Al entrar en la secundaria, si bien ya nadie me hacía recitar porque crecí y ni loco iba a creer que me cortarían las pelotas, todavía me costaba bastante comunicarme, sobre todo con las mujeres. Una vez, una jovencita de un grado más que yo, tercero, me envío una tarjetita dedicada a mí. Nunca me había pasado algo así, por tanto, me sumí en un estado de abismal letargo. Lo peor fue en los días siguientes: cada vez que pasaba por su lado, me sentía tonto, deforme, infeliz..., por eso, si la veía venir a la distancia, daba la vuelta una cuadra entera, para no cruzarme con ella. En uno de esos días, lo recuerdo bien porque nunca me han gustado los paseos, fuimos cerca a una cascada bastante conocida, donde había un centro de esparcimiento. Ahí estaba con un tío a quien mi padre le sobornaba para que me acompañe siempre en estos casos, cerca de una piscina, viendo a la gente, cuando, de improviso, la vi, la chica de tercero venía en dirección a donde yo estaba. ¡No supe qué hacer! Sin decir palabra alguna, empecé a correr, rápido, mientras que ella iba tras de mí, llamándome por mi nombre. Ni me detuve, ni hice caso a las ordenes de mi tío: sólo anduve sin mirar a nadie, imaginando que todos se reían de mí, hasta llegar a mi casa, en por lo menos dos horas de carrera a toda velocidad.

(M.V.)

Peruano ilustre: Javier Heraud


(Escribe: M.V.)

El poeta Javier Heraud Pérez, nace en  1942, el 19 de enero, en Miraflores-Lima. 

Fue un alumno aplicado desde su infancia. Sus estudios los realizó en el colegio peruano-británico Markham, donde obtuvo diversas distinciones, no solo académicas sino también en el plano deportivo.

Tras ingresar a la Universidad Católica del Perú, en 1958 y en primer puesto, con 17 años solamente, empieza a impartir clases de inglés, en el Instituto Industrial Nº 24. 

Dos años después (1960), sale a luz su primer poemario "El Río", libro que forma parte de la Colección Cuadernos Hontanar. En ese mismo año, en diciembre, de manera compartida con el poeta César Calvo, obtiene el Primer Premio en el certamen "El poeta Joven del Perú", convocado por la revista trujillana "Cuadernos trimestrales de poesía". Su poemario ganador, "El Viaje", compone ya para entonces, un legado poético de trascendencia invaluable en la poesía peruana. 

Para el año 1961, mientras trabajaba como profesor de inglés en un colegio, se agrupa en las filas del Movimiento Social Progresista (MSP). Ingresa además, por presión de su padre, a la Universidad Nacional Mayor de san Marcos, a la carrera de Derecho; pero le valió esta apertura, ya que comienza a relacionarse con grupos literarios de ese entonces. A mediados de año publica "El viaje", es nombrado profesor de literatura en otro colegio, y viaja a Moscú, a participar en un foro mundial de la Juventud. Por supuesto, viaja en representación de su movimiento (MSP).

Sin embargo, por sus ideas, en 1962, renuncia a ese "socialismo humanista" falso, según sus impresiones y pasa a formar parte del Ejército de Liberación Nacional del Perú (ELN). Luego viaja a Cuba, becado para unos estudios de cinematografía, tanto así que en mayo se matricula en la Universidad de la Habana como estudiante de Literatura. 

En 1963, el poeta vuelve para librar batalla contra el imperialismo. A su vuelta, le escribe una sentida carta (1) a su madre, quizás previendo su destino. Así fue que, el 5 de mayo, el cuerpo de Javier Heraud, el poeta joven del Perú, es abaleado por la policía, a los 21 años de edad. Fueron 29 balas que acabaron con su vida. 

Después de su caída, su poemario póstumo "Estación Reunida", ganó los juegos florales de la Universidad San Marcos, concurso convocado por la Federación de Estudiantes.


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(1) Ultima carta a la madre

(Antes de partir de La Habana, rumbo a Bolivia ( frontera con Perú) para conformar la guerrilla, Javier escribió esta carta que dejó encargada a la esposa de un compañero en Cuba. Él encargó: si no le ocurría nada, ella debía conservarla; si lo mataban, ella se comprometía a llevarla a Lima y ponerla en las manos de su madre.)


Nov 62. La Habana. Cuba. 
Querida madre: 
No sé cuándo podrás leer esta carta. Si la lees quiere decir que algo ha sucedido en la Sierra y que ya no podré saludarte y abrazarte como siempre. ¡Si supieras cuánto te amo!, ¡si supieras que ahora que me dispongo a salir de Cuba para entrar en mi patria y abrir un frente guerrillero pienso más que nunca en ti, en mi padre, en mis hermanos tan queridos! 
Voy a la guerra por la alegría, por mi patria, por el amor que te tengo, por todo, en fin. No me guardes rencor si algo me pasa. Yo hubiese querido vivir para agradecerte lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin servir a mi pueblo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, y tú me criaste honrado y justo, amante de la verdad, de la justicia. 
Porque sé que mi patria cambiará, sé que tú también te hallarás dichosa y feliz, en compañía de mi padre amado y de mis hermanos. Y que mi vacío se llenará pronto con la alegría y la esperanza de la patria. 

Te besa 
Tu hijo 
Javier 


Poemas de Javier Heraud

Yo no me río de la muerte
(elegía)

Tú quisiste descansar
en tierra muerta y en olvido.
Creías poder vivir solo
en el mar, o en los montes.
Luego supiste que la vida
es soledad entre los hombres
y soledad entre los valles.
Que los días que circulaban
en tu pecho sólo eran muestras
de dolor entre tu llanto. Pobre
amigo. No sabías nada ni llorabas nada.
Yo nunca me río
de la muerte.
Simplemente
sucede que
no tengo
miedo
de
morir
entre
pájaros y arboles.
Yo no me río de la muerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariamente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reir de la muerte,
pero sí conozco su blanco
rostro, su tétrica vestimenta.
Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.
Claro está, la muerte no
me ha visitado todavía,
y Uds. preguntarán: ¿qué
conoces? No conozco nada.
Es cierto también eso.
Empero, sé que al llegar
ella yo estaré esperando,
yo estaré esperando de pie
o tal vez desayunando.
La miraré blandamente
(no se vaya a asustar)
y como jamás he reído
de su túnica, la acompañaré,
solitario y solitario.

De: "El Viaje". 1961.


Una Piedra 

Piedra fría, 
solenme piedra 
¡si pudieras hablar 
en mi costado, 
si pudieras cantar en 
tu vertiente! 
Si desembocaras en un 
ancho río, 
Y trajeras la paz al 
mundo entero, 
al cantarte en tus 
aguas destiladas, 
alma serías en mi 
frente oscura, 
brazo serías 
de mi antigua 
cabellera. 


Unas cosas 

Mariposas, árboles, 
calles angostas y 
venideras, ¡cómo decirles 
que a la hora del crespúsculo 
sus ramas vivideras volverán 
a crujir en la tormenta! 
Si en la noche 
remontaran el más ancho río, 
¡cómo negarles su candor 
sangriento, 
su pecho claro 
esclarecido! 
Mariposas, árboles en la 
tormenta, en el río claro 
meced vuestras alas al 
ruidoso viento 
que entre los dos saldrá 
la madrugada. 

Del poemario: "El Río". Lima. 1960. 


Poema 

Lentamente caminé‚ 
por la ciudad 
y por sus calles. 
Cálidas piedras sostenían 
mis zapatos, 
sostenían mi cuerpo 
tiernas manos anochecidas 
como estrellas. 


Ionosfera (1)


Hendrix: Un paseo por el inframundo

Hablar de este universo llamado Rock and Roll es orbitar en un mundo de historias, anécdotas, mitos y muertes prematuras causales o accidentales; en el caso de Jimi Hendrix la muerte ya le tenía reservado un cupo en el "Olimpo". Cantante y compositor, es citado frecuentemente como el más grande guitarrista en la historia del rock, considerado uno de los innovadores más grandes e influyentes en una cantidad de géneros. 

Hendrix nació el 27 de noviembre de 1942 en Seattle - Washington (Estados Unidos), lugar de nacimiento de otro genio, Kurt Cobain; en 1966 formó su primer grupo, "Jimmy James and the Blue Flames", luego pasó a formar el trío "The Jimi Hendrix Experience" integrado por el baterista Mitch Mitchell y el bajista Noel Redding, causando furor en Europa y éxito internacional. Como no todo dura para siempre, el grupo se separó por peleas entre ambos, en 1969, año en que se llevó a cabo el festival de Woodstock, el evento musical que marcó a fuego el movimiento hippie y toda esa generación; Hendrix se presentó en este evento con su último grupo llamado "Gipsy Sun and Rainbows" causando éxtasis en masas al tocar la guitarra eléctrica como nadie nunca lo había hecho, llegando a tocar inclusive con los dientes y tras la espalda.

En una noche de juerga en Londres el 18 de setiembre de 1970, Hendrix fallece en su apartamento tras ahogarse con su vómito luego de beber una mezcla de alcohol con somníferos, tenía solo 27 años, se apagaba el fuego del músico que sacudió toda una generación. Lamentablemente su muerte sobrevino cuando se encontraba en pleno ascenso artístico y cortó una carrera prodigiosa. Nació entonces el mito del mejor guitarrista de todos los tiempos e inmortalizando temas como: "Voodoo Child", "Foxy Lady", "Little Wing" y la no menos conocida "Purple Haze".

Como para no quedarnos con la miel entre los labios, desde el 5 de marzo ya está disponible "People, Hell & Angels", un nuevo disco póstumo e inédito de Jimi Hendrix editado a través de Legacy Recordings; en estas doce canciones está lo mejor de este gran músico y es especial ya que después de este álbum de estudio, no "habrá más", aseguró el ingeniero y productor Eddie Kramer quien ya en su momento trabajó también con grupos como "Yes", "Led Zeppelin" y "Rolling Stones", además se encargó del sonido de muchos conciertos del músico, incluido su legendario paso por Woodstock.

Kramer se encargó de la selección de los temas junto a Janie Hendrix, hermana del músico, las composiciones grabadas datan de entre los años 1968 y 1970. 
Tracklist de "People, Hell & Angels":

Earth Blues, Somewhere, Hear My Train A Coming, Bleeding Heart, Let Me Move You, Izabella, Easy Blues, Crash Landing, Inside Out, Hey Gypsy Boy, Mojo Man, Villanova Junction Blues.

"Somewhere", es un tema que ya fue dado a conocer y causó sensación en las redes sociales convirtiéndose en tema del momento.

El compositor estadounidense forma parte del "Club de los 27", al igual que Brian Jones (fundador de los Rolling Stones), Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain y Amy Winehouse. En breves palabras, Hendrix convirtió la guitarra eléctrica en una prolongación de su alma.