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viernes, 31 de agosto de 2012

Peruano ilustre: Mariano Melgar



Uno de los poetas inolvidables de nuestro Perú, Mariano Melgar, nació en Arequipa, fue hijo de Juan de Dios Melgar Sanabria y Andrea Valdivieso Gallegos. Nació el 10 de agosto de 1790.

Es considerado el iniciador de la poesía romántica peruana, porque expresa el sentimiento andino /mestizo. Él fue consciente que esta corriente literaria es un sentimiento profundo y propio.

Su sentimiento por la patria le llevó a participar en la guerra de la independencia del Perú que se encontraba bajo el yugo español, uniéndose al ejército de Mateo Pumacahua en Chuquibamba y luego de haber sido tomado prisionero en la batalla de Umachiri fue fusilado a sus 24 años de edad el 12 de marzo de 1815.

Se dice que la palabra yaraví es una deformación del vocablo quechua harawi que significa “cualquier recitación cantada”; es pues un genero musical que se practicó en la época pre–romantica en España y en muchos pueblos de América del Sur.

Compuso varios yaravíes entre los que destacan:

1. Vuelve que no puedo.
2. Poema a la mujer.
3. Todo mi afecto puse en una ingrata.
4. Yaraví el último adiós.

(Daphne Viena)




Yaraví
Vuelve que ya no puedo

vivir sin tus cariños:
vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

Mira que hay cazadores
que con afán maligno
te pondrán en sus redes
mortales atractivos;
y cuando te hayan preso
te darán cruel martirio:
no sea que te cacen,
huye de tanto peligro.
vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.


Ninguno ha de quererte
como yo te he querido,
te engañas si pretendes
hallar amor más fino.
Habrá otros nidos de oro,
pero no como el mío:
por ti vertió mi pecho
sus primeros gemidos.
Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

Bien sabes que yo siempre
en tu amor embebido,
jamás toqué tus plumas,
ni ajé tu albor divino;
si otro puede tocarlas
y disipar su brillo,
salva tu mejor prenda,
ven al seguro asilo.
Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

¿Por qué, dime, te alejas?
¿Por qué con odio impío
dejas un dueño amante
por buscar precipicios?
¿Así abandonar quieres
tu asiento tan antiguo?
¿Con que así ha de quererte
el corazón herido?
Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

No pienses que haya entrado
aquí otro pajarillo:
no, palomita mía,
nadie toca este sitio.
tuyo es mi pecho entero,
tuyo es este albedrío;
y por ti sola clamo
con amantes suspiros.
Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

Yo solo reconozco
tu bello colorido,
y solo sabré darle
su precio merecido,
yo solo así merezco
gozar de tu cariño;
y tú solo en mí puedes
gozar días tranquilos.
Vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

No seas, pues, tirana:
haz las paces conmigo:
ya de llorar cansado
me tiene tu capricho,
no vueles más, no sigas
tus desviados giros,
tus alitas doradas
vuelve a mí que ya espiro
vuelve que ya no puedo
vivir sin tus cariños,
vuelve mi palomita,
vuelve a tu dulce nido.

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