Violeta Parra: Canción y poesía del Sur

ENcontrARTE

“Encuentro folklore en todas partes… hasta en la Plaza de Armas. Las cabezas blancas me orientan; donde veo una cabeza blanca, me acerco y empiezo a preguntar.”

Violeta Parra

Sin ningún lugar a dudas Violenta Parra es una de las más afamadas y talentosas artistas de la canción popular latinoamericana. Surgida y vinculada por siempre a Chile, su canto es ya en la actualidad un patrimonio de la cultura mundial.

Hoy queremos rendirle un homenaje desde estas páginas de ENcontrARTE por ser un símbolo vivo de la poesía popular, de abajo, de los oprimidos; el nombre de Violeta es ya un símbolo de la lucha de todos los pueblos. Y es también, sin dudas, muestra de lo más profundo y bello del arte que ha dado este continente.

Su biografía

Violeta del Carmen Parra Sandoval nació el 4 de octubre de 1917 en la localidad de San Carlos, región de Ñuble, Chile, en una gran familia campesina. Tuvo ocho hermanos, más otros dos medios hermanos, hijos de su madre. Varios de ellos son hoy ampliamente conocidos como poetas y cantores, así como sus hijos y nietos.

Su madre fue Clarisa Sandoval Navarrete, de quien Violeta recordaba su afición a las canciones campesinas. Había sido casada anteriormente con un primo, matrimonio del cual nacieron Marta y Olga. Tras quedar viuda, Clarisa se casó con Nicanor Parra, padre de Violeta.

El era profesor primario y conocido folklorista de la región. Emigraron más tarde hacia el Sur y se radicaron en Lautaro, en donde transcurrió la niñez de Violeta. Su infancia fue dura y modesta. Debieron enfrentar precarias condiciones de vida, lo cual los obligó a trabajar desde temprana edad.

Nicanor Parra enseñó a cantar a todos sus hijos. Con las cantatas nocturnas y matutinas presididas por su padre, Violeta se aferró al canto, haciendo de él la pasión de su vida. Sin embargo, la madre se oponía a esta pasión que desplazaba los estudios.

La asistencia escolar de Violeta fue irregular, tanto por razones económicas como por el poco interés de la niña, que rechazaba todo aquello que estuviese relacionado con lo institucional, jerárquico y autoritario. Estudió en el Liceo Nº 16 de Chillán.

Tras el fallecimiento del padre, en 1929, los problemas de solvencia económica aumentaron para la familia Parra. Como solución, los hermanos adolescentes salían a cantar en barrios de ciudades como Chillán, San Carlos, Arauco y sus alrededores.

En esa época Violeta ya compone sus primeros boleros, corridos, y tonadas. Trabaja en circos, bares, quintas de recreo y pequeñas salas de barrio.

Más tarde Violeta se enamora de Luis Cereceda, con quien se casa en 1938. Con él tuvo dos hijos, Isabel y Ángel. Posteriormente, el matrimonio se trasladó a Valparaíso, ciudad donde Violeta encontró el espacio anhelado para cantar y su verdadera vocación.

Sin embargo, su matrimonio comenzó a debilitarse, hasta la separación en 1948; para Luis Cereceda, el canto de Violeta fue un obstáculo en la relación.

Más tarde volvió a casarse. Esta vez con Luis Arce, unión de la cual nacieron Luisa Carmen y Rosita Clara. Pero él tampoco fue su pareja definitiva: la dedicación principal de su vida eran la música y el folklore.

A partir de 1952, Violeta, impulsada por su hermano Nicanor Parra, empieza a recorrer zonas rurales grabando y recopilando música folklórica. Esta investigación la hace descubrir la poesía y el canto popular de los más variados rincones de Chile. Elabora así una síntesis cultural chilena y hace emerger una tradición de inmensa riqueza hasta ese momento escondida. Es aquí donde empieza su lucha contra las visiones estereotipadas de América Latina y se transforma en recuperadora y creadora de la auténtica cultura popular.

Compone canciones, décimas, música instrumental. Es pintora, escultora, bordadora, ceramista, con “lo que hay”, pasando a la medida de su humor de una técnica o género creativo otro.

En 1953 Violeta realizó sus primeras presentaciones en Radio Chilena, cantando “a lo humano y lo divino” en programas que dieron gran importancia al folklore nacional.

En 1954 Violeta Parra viaja invitada a Polonia, recorre la Unión Soviética y Europa permaneciendo dos años en Francia. Graba aquí sus primeros LP con cantos folklóricos y originales. Tiene contactos con artistas e intelectuales europeos, regresando a Chile para continuar su labor creadora. En 1958 incursiona en la cerámica y comienza a bordar arpilleras. Viaja al norte invitada por la universidad donde organiza recitales, cursos de folklore, escribe y pinta. De regreso a Santiago Violeta expone sus óleos en la Feria de Artes Plásticas al aire libre. Durante los años siguientes Violeta continúa en su trayectoria, incansable.

En 1961 Violeta inicia una gira con sus hijos invitada al Festival de las Juventudes en Finlandia. Viajan por la URSS, Alemania, Italia y Francia donde permanecen en París por tres años. Actúan en clubes del barrio latino y programas para radio y televisión. Ofrecen recitales en UNESCO, Teatro de las Naciones Unidas. Realizando una serie de conciertos en Ginebra y exposiciones de su obra plástica. En 1964 expone las arpilleras, óleos, en el Pavillon de Marsan, logrando así ser la primera artista latinoamericana que exhibe individualmente.

En 1965 viaja a Suiza donde filma un documental que la muestra en toda su magnitud. Retorna a Chile y canta con sus hijos en la Peña de Los Parras, en la calle Carmen 340 en Santiago. Posteriormente levantó una carpa-peña propia en Maipú, que después trasladó a la comuna de La Reina. La carpa tenía una capacidad para mil personas. Allí, Violeta vivía, cantaba y recibía a sus amigos, hasta que, por causas poco esclarecidas hasta el día de hoy, se suicidó el 5 de febrero de 1967.

Su propio estilo musical

Los temas populares y los problemas sociales fueron una constante en las canciones de Violeta Parra. Y aunque su participación política no consistió en una militancia partidista destacada, se la ha caracterizado como “la voz de los marginados”.

Además del interés por cantar, desarrolló la necesidad de rescatar el folklore chileno característico de los campos. Paulatinamente, comenzó a investigar el folklore y a reunir la información necesaria para difundirlo. A partir de la década que comenzó en 1950, este trabajo se profundizó. Por medio de visitas, de casa en casa, Violeta recolectó información, rearmando las tradiciones culturales del canto chileno.

Violeta Parra reunió un promedio de 3.000 canciones y fue gestando el libro que más tarde se conocería como Cantos Folklóricos Chilenos. Gracias a su trabajo, junto al de otros, surgió un movimiento de revalorización del arte nacional de su país, que llegaría a adquirir enorme importancia en la llamada Nueva Canción Chilena.

En toda su trayectoria grabó un total de 18 discos. Son ellos:

1.Violeta Parra, volumen I
2.Violeta Parra, volumen II
3.Cantos de Chile
4.Violeta ausente
5.Viola chilensis
6.La jardinera
7.Cantos campesinos
8.El hombre con su razón
9.Décimas y centésimas
10.Cantos campesinos
11.Las últimas composiciones de Violeta Parra
12.Las alturas
13.20 grandes éxitos
14.Folklore de Chile, volumen III
15.Folklore de Chile, volumen IV
16.Folklore de Chile, volumen V
17.El folklore y la pasión
18.Canto y guitarra

Los reconocimientos

A partir de sus trabajos Violeta comenzó a hacerse conocida en el ámbito nacional. En 1954 fue invitada nuevamente a participar en un programa en Radio Chilena.

Era reconocida como comunicadora social. Su interés se reflejaba en las canciones, refranes, ceremoniales y leyendas. Además, durante sus prolongados períodos de enfermedad, se mantuvo activa creando arpilleras, explorando con la greda y pintando.

Aprovechó espacios como la radio, por ejemplo en Radio Minería y Radio Corporación, para difundir la cultura popular que ella rescataba. Fue premiada por la Sociedad de Autores y Compositores, Sochaico.

En 1954 recibió un premio en el concurso “Noche de Reyes”. En 1956 fue designada directora del Museo de Arte Popular de la Universidad de Concepción, cargo en el que no se mantuvo por mucho tiempo.

Luego, con el correr del tiempo, su figura fue agigantándose a nivel continental e internacional. Hacia la década del 60 su nombre comenzó a quedar asociado en todo el mundo con el canto popular, con el compromiso social. Para el momento de su muerte, en 1967, Violeta ya era un ícono de la cultura chilena y latinoamericana reconocida en todo el planeta.

Su obra plástica

Está principalmente formada por Arpilleras y Oleos realizados sobre tela, madera, y cartón. Los temas son cotidianos: familia, recuerdos de infancia, pasajes de la historia. Fueron creadas por Violeta entre los años 1954 y 1965 en Santiago, Buenos Aires, París, y Ginebra y han sido expuestas en varios museos del mundo.

Hoy día todas ellas son patrimonio de La Fundación Violeta Parra, creada por sus herederos para rescatar y preservar la obra de esta artista universal.

Algo de su obra musical

AUTOBIOGRAFÍA EN VERSO
(fragmento)

Pa’ cantar de un improviso
se requiere buen talento,
memoria y entendimiento,
fuerza de gallo castizo.
Cual vendaval de granizos
han de florear los vocablos,
se ha de asombrar hast’el diablo
con muchas bellas razones,
como en las conversaciones
entre San Peiro y San Paulo.

Tamién, señores oyentes,
se necesita estrumento,
muchísimos elementos
y compañero ‘locuente;
ha de ser güen contendiente,
conoce’or de l’historia;
quisiera tener memoria
pa’entablar un desafío,
pero no me da el sentí’o
pa’ finalizar con gloria.

Al hablar del estrumento
diríjome al guitarrón,
con su alambre y su bordón
su sonoro es un portento.
Cinc’ ordenanzas le cuento
tres de a cinco, dos de a tres,
del clavijero a sus pies
l’entrasta’ura ‘legante,
cuatro diablitos cantantes
debe su caja tener.

Y pa’ cantar a porfía
habrá que ser toca’ora,
arrogante la cantora
para seguir melodía,
galantizar alegría
mientras dure’l contrapunto,
formar un bello conjunto
responder con gran destreza.
Yo veo que mi cabeza
no es capaz par’ este asunto.

Por fin, señores amables,
que me prestáis atención,
me habéis hallado razón
de hacerle quite a este sable;
mas no quiero que s’entable
contra mí algún comentario,
pa’ cominillo en los diarios
sobran muchos condimentos.
No ha de faltarm’ el momento
que aprenda la del canario.

Muda, triste y pensativa
ayer me dejó mi hermano
cuando me habló de un fulano
muy famoso en poesía.
Fue grande sorpresa mía
cuando me dijo: Violeta,
ya que conocís la treta
de la vers’á popular,
princípiame a relatar
tus penurias “a lo pueta”.

Válgame Dios, Nicanor,
si tengo tanto trabajo,
que ando de arriba p’abajo
desentierrando folklor.
No sabís cuánto dolor,
miseria y padecimiento
me dan los versos qu’encuentro;
muy pobre está mi bolsillo
y tengo cuatro chiquillos
a quienes darl’ el sustento.

En ratitos que me quedan
entre campo y grabación,
agarro mi guitarrón,
o bien, mi cogot’e yegua;
con ellos me siento en tregua
pa’ reposarme los nervios,
ya que este mundo soberbio
me ha destinado este oficio;
y malhaya el beneficio,
como lo dice el proverbio.

Igual que jardín de flores
se ven los campos sembra’os,
de versos tan delica’os
que son perfeutos primores;
ellos cantan los dolores,
llenos de fe y esperanzas;
algotros piden mudanzas
de nuestros amargos males;
fatal entre los fatales
voy siguiendo estas andanzas.

Por fin, hermano sencillo,
que no comprendís mi caso;
no sabis que un solo lazo
lacea un solo novillo.
Pica’o tengo el colmillo
de andar como el avestruz,
sin conseguir una luz,
ni una sed de agua siquiera.
Mientras tanto, la bandera
no dice ni chuz ni muz.

Pero, pensándolo bien,
y haciendo juicio a mi hermano,
tomé la pluma en la mano
y fui llenando el papel.
Luego vine a comprender
que la escritura da calma
a los tormentos del alma,
y en la mía que hay sobrantes;
hoy cantaré lo bastante
pa’ dar el grito de alarma.

Empezaré del comienzo
sin perder ningún detalle,
espero que no me falle
lo que contarles yo pienso;
a lo mejor no convenzo
con mi pobr’ inspiración
escas’ ando de razón,
mi seso está ‘polilla’o,
mi pensamiento nubla’o
con tanta preocupación.

Recularé algunos años
y de lugar mudaré,
así les resaltaré
sin “coilas” y sin engaños;
que se descarguen los daños
en la pobre relatora,
por no valerle hast’ahora
haberse amarra’o a Chile.
Si el canto no le da miles,
válgame Dios, la cantora.

Primero, pido licencia
pa’ “transportar” la guitarra;
después, digo que fue Parra
quien me donó l’existencia.
Si me falta l’elocuencia
para tejer el relato,
me pongo a pensar un rato
afirmando el “tuntuneo”,
a ver si así deletreo
con claridez mi relato.

Tenga calma la compaña
ya viene la despedí’a;
la poca sabiduría
mis ocurrencias empaña.
Siempre la suerte m’engaña
por mucha ilusión que tenga;
que la fuerza me sostenga
si el sacrificio es en vano,
y no me condene, hermano:
no hay mal que por bien no venga.

Aquí presento a mi abuelo,
señores, démen permiso,
él no era un ñato petizo,
muy pronto van a saberlo;
en esos tiempos del duelo
versa’o fue en lo de leyes,
hablaba lengua de reyes,
usó corbata de rosa,
batelera elegantosa
y en su mesa pejerreyes.

José Calixto su nombre,
fue bastante respeta’o,
amistoso y muy letra’o,
su talento les asombre;
más le aumente su renombre
al decir muy en breve,
no más entre marte’ y jueves
procura mostrar su honor,
defendiendo el tricolor
el año setentainueve.

En la ciudad de Chillán
vivía en un caserón,
dueño de una población
de gran popularidad.
Pa’ mayor autoridad
manda sus hijo’ a l’escuela,
y a petición de mi abuela
les enseña a solfear
par’ un’ orquesta formar
de arpa, violín y vihuela.

El día de San José,
nombre del dueño de casa,
s’hizo una fiesta grandaza
según lo supe después.
Había muerto una res,
llegan noventa visitas
con flores y tarjetitas,
besan y abrazan al santo,
lo avisan con harto canto,
valse, mazurca y cuadrilla.

Las damas con abanico,
de fraque los caballeros,
perfumosos y altaneros,
como son siempre los ricos,
saltaban como unos quicos
cuando bajaron del coche
y armaron tremendo boche
los chiquillos copuchentos,
hormigueando to’os mugrientos
entremedio ‘e los fantoches.

Mi abuelo por parte ‘e maire
era inquilino mayor,
capataz y cuidador
poco menos que del aire;
el rico con su donaire,
lo tenía de obliga’o
caballerizo monta’o,
de viñatero y rondín,
podador en el jardín
y hortalicero forza’o.

Todo esto, señores míos,
por un cuartito de tierra
y una galleta más perra
que llevaba a sus críos;
algunos reales, ¡Dios mío!,
pa´alimentar quince humanos,
sin mencionar los hermanos
que se apegaban al pial;
Don Ricardo Sandoval
cristiano entre los cristianos.

Al verlo a primera vista
parece mi lindo abuelo
algún arcángel del cielo
gemelo de Juan Bautista;
azules sus pupilitas,
dorada su cabellera,
montado en su yegua overa
no hay niña que no lo mire,
ni vieja que no suspire
por detrasito ‘e mi abuela.

Cuenta mi madre afligida
que mi abuelito Ricardo,
era un hermoso leopardo
pa’ batallar por la vida;
fuera de noche o de día
de aquí para allá galopa;
en los inviernos terribles,
y en los veranos temibles
sudaba como as de copa.

Mi abuela a cargo ‘e la casa,
amamantando sus críos,
llevando el agua del río
pa’ preparar buena masa,
criando pollos de raza,
sacando miel en enero,
limpiando trigo en febrero
para venderlo en abril;
y en mayo, ¡qué perejil
cosecha junto al estero!

GRACIAS A LA VIDA
(Canción)

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco,
y en el alto cielo su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que en todo su ancho,
graba noche y días, grillos y canarios;
martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
y la voz tan tierna de mi bien amado.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
con él las palabras que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
con ellos anduve, ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos,
y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano;
cuando miro el bueno tan lejos del malo,
cuando miro el fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
los dos materiales que forman mi canto,
y el canto de ustedes que es el mismo canto
y el canto de todos, que es mi propio canto.

Gracias a la vida que me ha dado tanto.

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